Sociopolítica

Filosofía de váter

De vez en cuando gusto de dar una vuelta por la FNAC, ese pariente cercano del Zara en el que hay más o menos de todo para chicos con barba de tres días y gafas de pastas negras, o chicas de clavículas esqueléticas y mirada triste. El típico pajero de treinta y dos, madre del brazo, que busca el último videojuego de matar moros que ha salido para la Pleisteichon; el típico cateto vestido con ropa de marca y gafas de nombre francés, que busca comprarse un Mac de dos mil pavos endeudando hasta a su santa señora por un motivo tan noble como es hacerse un Tuenti; la típica hippie que ha gastado cincuenta minutos en vestirse y mirarse al espejo buscando el último best seller de Ken Follet o Coelho, esos tipos tan simpáticos con nombre exótico que venden muchos libros y son tope guay; etcétera. Y, siendo parte más del tumulto, uno más, me dirijo a esa olvidada estantería en la que se agolpan, tanto en primera como en segunda fila, los libros de Filosofía.

Es curioso los títulos que uno puede encontrar por ahí. Entre ellos, hay una subespecie de libros que ha llamado particularmente mi atención; son cuatro: Filosofía de Lost, Los Simpsons y la Filosofía, Filosofía de House y Filosofía de Crepúsculo. Ya. Ahí, entre las mejores obras de grandes autores como Hegel, Descartes, Rousseau, Voltaire, Kant, Nietzsche, Platón, Aristóteles, Cicerón, Hume, Locke, Sartre, Schopenhauer, Wittgenstein, Marx, Popper, Zambrano, Beauvoir, Ortega y Gasset, Unamuno, Foucault, Russell, Schelling, Jaspers, Gödel, Spinoza, Heidegger y un acojonante y largo etcétera, resulta que uno tiene que darse con títulos como los mentados, cuyos libros bien alimentados de portada y colores selectos, rezan al dorso reclamos como ‘dilemas filosóficos como el poder, la Sociedad, el ser humano, la realidad, la muerte o la moral que se esconden tras las historias de las que se han extraído’ (respectivamente, es obvio).

No lejos es estos títulos pude ver otros como Platón y un ornitorrinco entran en un bar, Nietzsche para estresados o Más Platón y menos Prozac. Después de semejante espectáculo para mi vista, lo primero que se me pasó por la cabeza fue echar mano de una garrafa con gasolina y hacer el trabajo sucio que, seguramente, todos estos grandes hombres (y mujeres) me agradecerían desde sus nichos o tumbas. Personalmente, me indigna ver cómo la mediabasura llega a una disciplina ya de por sí tan mermada como es la Filosofía, la cual está en progresivo desuso; ya me pareció un duro golpe ver los libros de Punset en la estantería de Divulgación Científica junto a libros de Einstein, Hawking, Jay Gould, Damasio o Darwin, del mismo modo que se me hace amargo el trago de ver los libros de Follet (que te follet), Brown o Larsson junto a los de Kafka, Tolstói o Dostoyevski en la estantería de Literatura Internacional.

Y es que a uno le cuesta acostumbrarse a los nuevos tiempos cuando se trata de cultura y conocimiento. Seguramente habrá quien opine que un libro es un libro, que lo importante es leer y que el hábito se promueva entre los más jóvenes y analfabetos, ya sea junto o por separado; sin embargo, cuando entro en un supermercado de ordenadores, videojuegos y, sobre todo, libros, no puedo evitar hacer una clara distinción entre lo que son libros para vender, hacer relleno, amasar dinero y embotar la mente con lecturas de poca calidad con la firme excusa de acercar el conocimiento al pueblo y lo que son libros elaborados, densos, cargados de estilo y contenido trabajado. Todo ello debe formar parte de la democratización de la cultura y el conocimiento, el arte, el proceso capitalista por el que lo más importante es soltar los dineros y encasillarse en un estilo concreto de consumo. Allá va el pajero, con su Fifa 2011. Y el cateto se va con las manos vacías, pero discutiendo al móvil. La chica de ojos tristes sigue ahí, de pie, terminando de ojear un libro del que no consigo ver la portada.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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