Mujer. Pablo Borreguero Yangüez. éride ediciones. 2010.

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Mujer. Pablo Borreguero Yangüez. éride ediciones. 2010.«[…]nos aferramos a lo tangible, afanándonos en poseer y tener, queriendo asegurarnos así la «felicidad» y lo único que logramos es vernos sometidos y someter a los demás a la esclavitud de afanes, conductas, imágenes y competitividades».
Página 15.
«El placer de todo lo deseado quizás se encuentra en  no poder tenerlo […]».
Página 93.
 
Pablo Borreguero Yangüez es un autor envidiable: a sus setenta y tres años tiene la ilusión no sólo de escribir, sino de embarcarse en el abrumador mundo de la publicación. La edad no ha robado ni un ápice de fuerza a su capacidad emprendedora y a su amor por escribir y compartir sus inquietudes y su admiración por la mujer, casi como una fuerza de la naturaleza.
Todo ello, al igual que su didactismo son características encomiables del escritor. Quién pudiera asegurar que a los setenta años uno será capaz de seguir transmitiendo esa pasión por las cosas, esa innata tendencia a hacer y a compartir.
Sin embargo, la obra adolece de la consistencia que una novela debería tener. Las historias, tres, no consiguen diferenciarse entre ellas, y más bien son repeticiones de un mismo esquema: hombre se enamora de mujer que no responde a sus requerimietos o lo hace a medias y se escuda en su situación de casada o en circunstancias que la impiden entregarse y que dejan al pretendiente en una especie de amor cortés a la fuerza, donde se besa y se toca, pero no se «consuma» el amor. En realidad hay un debilísimo hilo narrativo escondido tras conversaciones entre el autor y los protagonistas masculinos, reflexiones de unos y otros, y una gran masa de la obra que en realidad responde a una filosofía muy sencilla de la vida en la que se hacen continuamente afirmaciones como las que se han citado más arriba.
Más allá de esa compleja relación amante-víctima que el hombre, más como concepto que como ser individual con características propias y únicas, tiene con la mujer de la que se enamora y a la que no puede «tener» en su vida, con las implicaciones amorosas y sexuales que ello supone, la obra se desdibuja. Los personajes no son capaces de encontrar sustancia. De hecho el propio autor les niega los nombres con la excusa de tener que ocultar sus identidades, pues se afirma en todo momento que la obra está basada en hechos reales. Pero es difícil saber cuándo es el autor quien se dirige a uno de los protagonistas masculinos o cuando uno de ellos se dirige al autor. Hay muy poca acción, de hecho, a lo largo de la obra, pero tampoco hay tendencia a la descripción o a la lírica, sino a la reflexión, únicamente a la «conceptualización», o cosificación de tres supuestas historias de las que sabemos poco, de cada una de ellas menos que de la anterior.
El autodidactismo de Pablo Borreguero le ha impedido en este caso construir una historia en la que se puedan seguir los pasos de los protagonistas, un entramado con planteamiento, nudo y desenlace, ni ordenados ni desordenados.
Sin embargo, como ejercicio de Literatura implica un gran esfuerzo personal, sin duda, y una gran sinceridad de un autor que, sin duda, dice lo que piensa cuando escribe, sin taparse, sin maquillarse. Una obra «ingenua», completamente «novel» pero de un enamorado de la mujer -a la vieja usanza- y de la Literatura.

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