Los pingüinos rey anillados viven y se reproducen menos

1
45

Un grupo internacional de investigadores demuestra, en el último número de Nature, que los anillos de marcaje implantados en las aletas de los pingüinos rey de la Antártida repercuten de forma negativa en su reproducción y supervivencia. El estudio cuestiona la validez de los datos aportados por los brazaletes de metal para medir a largo plazo los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos.

El equipo, liderado por Yvon Le Maho, investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, en sus siglas en francés) y en la Universidad de Estrasburgo (Francia), ha seguido durante 10 años a 100 ejemplares de pingüino rey (Aptenodytes patagonicus) de las islas Posesión de la Antártida. Los investigadores se centraron en 50 individuos con brazalete de marcaje y en otros 50 que no estaban monitorizados.

Según los resultados, que se publican ahora en la revista Nature, existen diferencias entre los pingüinos con marcaje y los que no lo llevan. Los efectos ambientales como el Índice de Oscilación Sur, la temperatura del mar, y el hecho de estar marcados influyen en el inicio de la etapa de apareamiento y en la duración del viaje hasta alimentarse y alimentar a sus crías.

“El anillo situado en la aleta del ave le produce una molestia hidrodinámica importante: nada más lentamente, gasta más energía para ir a alimentarse, y tiene más dificultades para atrapar a sus presas (peces y calamares)”, asegura a SINC Claire Saraux, coautora del estudio e investigadora en el CNRS y en la Universidad de Estrasburgo.

La investigación demuestra que los pingüinos monitorizados produjeron un 39% menos de crías y su nivel de supervivencia fue un 16% inferior al de los pingüinos libres de marcaje. Para los científicos, la disminución del número de crías podría deberse al inicio tardío de la etapa reproductiva y a la larga duración de los viajes al punto de apareamiento.

“Uno de los pingüinos de la pareja permanece en tierra cuidando del huevo o del polluelo mientras que el otro se alimenta en el mar y trae alimento. Como los trayectos en el mar para los pingüinos rey anillados son más largos, el pingüino que ha salido en busca de comida está más tiempo en el mar, y el polluelo está menos alimentado y espera más tiempo sin comer, lo que pone en juego su supervivencia”, concreta Saraux.

¿Un método de estudio fiable?

“Gran parte de nuestro conocimiento sobre las dinámicas de la población de pingüinos se basa en los datos obtenidos con los brazaletes, que permiten controlar al animal en la distancia sin tener que ir en su captura”, aseguran en el estudio los científicos.

Sin embargo, un tema “crucial” son los problemas éticos y prácticos “que plantea a nivel de costes y beneficios el uso de este método de estudio”, destacan los investigadores.

El equipo de investigación propone eliminar el uso de anillos de marcaje para los pingüinos rey y encontrar sistemas alternativos. “El sistema que nosotros utilizamos consiste en la inserción subcutánea de microchips electrónicos de menos de un gramo, y en la instalación de antenas en los diferentes lugares de paso de las aves para detectar sus idas y venidas”, apunta la investigadora.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) subrayó en 2007 la necesidad de conocer las respuestas de los ecosistemas marinos ante el cambio climático. El Océano del Sur, por su elevada latitud, es uno de los puntos clave, y los pingüinos son especies sensibles a los efectos del cambio climático.

El estudio pone en duda la fiabilidad de los datos obtenidos con los marcajes implantados en los pingüinos y demuestra que estas aves marinas no se acostumbran a los brazaletes, que, a su vez, pueden causar daños en la población.

————————————-

Referencia bibliográfica:

Claire Saraux, Céline Le Bohec, Joël M. Durant, Vincent A. Viblanc, Michel Gauthier-Clerc, David Beaune, Young-Hyang Park, Nigel G. Yoccoz, Nils C. Stenseth & Yvon Le Maho. “Reliability of flipper-banded penguins as indicators of climate change”. Nature vol 469, 13 de enero de 2010. doi:10.1038/nature09630

Fuente: SINC

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here