El trasfondo del caso Wikileaks

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La trastienda del caso Wikileaks está despertando creciente interés en distintos medios, especialmente en Internet, poniendo sobre aviso a los círculos adictos a las teorías conspirativas. ¿Se justifica verdaderamente el alto impacto que han generado las revelaciones hechas por este medio a través de algunos de los diarios más influyentes de la prensa internacional? ¿Se trata de una cortina de humo echada a volar para tapar otros hechos relacionados con los grandes problemas del mundo? ¿Habrá en algún momento revelaciones de mayor impacto que apunten la mira hacia esferas de poder más altas que las de la burocracia y la inteligencia norteamericanas?

Hay quienes piensan que las fuentes ocultas de información de Wikileaks son las mismas agencias de inteligencia de USA –o círculos internos dentro de las mismas–, que estarían persiguiendo básicamente tres objetivos: desinformar, desviar la mirada respecto de otros temas más relevantes y, sobre todo, crear un poderoso medio de comunicación alternativo dotado de un conveniente perfil de independencia respecto de los poderes establecidos que sea, por lo mismo, visto con simpatía por los círculos anti-sistémicos, el cual más tarde podría ser utilizado para “filtrar” informaciones tendenciosas respecto de gobiernos y esferas de poder incómodos para los intereses anglo-americanos.

En este sentido, el carisma justiciero del tipo Robin Hood de que se ha revestido la figura de Julian Assange, da con el perfil ideal de quien, en nombre de la libertad de información, sirva de instrumento a las camarillas que dirigen el mundo para influir en la opinión pública internacional en la dirección más conveniente a sus intereses. En este punto, hemos de tener en cuenta que en la sociedad de la información, la desinformación es la clave. Rastrear las pistas de la desinformación es el camino más seguro para saber qué es lo que realmente está sucediendo en el escenario planetario.

Así, en relación al enorme tráfico de información disponible respecto de los secretos del poder mundial, es más que posible que las respuestas se encuentren al responder las siguientes interrogantes: primero, a quién beneficia determinada información en el corto, mediano y largo plazo; y segundo, a quien perjudica. Así de simple. En el caso de las revelaciones de Wikileaks, es claro que los datos filtrados denigran la imagen de los Estados Unidos perjudicando gravemente los intereses norteamericanos en el resto del mundo puesto que han atizado con vehemencia el fuego del odio y el resentimiento de la opinión pública internacional en relación a la gran potencia global. De este modo USA, que se ha auto-designado como el adalid de la justicia y la libertad a nivel planetario, y que desde mediados del siglo pasado ha devenido en transformarse en el ícono de la barbarie y la perversión para buena parte de los descontentos del mundo, es el principal perjudicado. Eso responde a la segunda interrogante: las acciones de Wikileaks perjudican los intereses de los Estados Unidos. Ahora, para responder a la primera, hay que hilar fino.

USA, el enemigo global

La falsa ecuación que identifica la esencia de USA con el imperialismo y el “capitalismo salvaje” se ha transformado en un fetiche para buena parte de la intelectualidad “bien pensante” del mundo. El problema es que estos intelectuales han pasado por alto el hecho de que la perversión del sistema capitalista también afecta a la población norteamericana y que las esferas de poder que asumen la representación política del pueblo norteamericano tienen menos en común con la idiosincrasia y los valores de su pueblo que con el ideario de los grupos de poder transnacionales que están detrás de buena parte de los gobiernos del mundo, o por lo menos de los gobiernos del así llamado “primer mundo”.

El hecho de que los enemigos del capitalismo y del imperialismo personifiquen en el gobierno estadounidense la imagen suprema de aquello a lo que se oponen, no hace más que fortalecer dichas fuerzas pues libera las manos de  los verdaderos amos del mundo para quienes los gobiernos de los Estados nacionales no son más que instrumentos útiles en la consecución de sus fines de dominación mundial, USA incluido. Para decirlo con claridad: la demonización de los Estados Unidos y su gobierno favorece a ojos vista los intereses de los verdaderos propietarios del poder mundial que, ocultos tras bastidores, mueven los hilos que instrumentalizan la voluntad de los pueblos induciendo desde las sombras las modas intelectuales, los movimientos sociales y las crisis económicas y políticas que modelan el panorama mundial. Se ha escrito suficiente sobre estos grupos de poder representados, en su cara externa, por el grupo Bildeberg, la Comisión Trilateral, el Club de Roma, el Consejo de Relaciones Exteriores, etc.

Pero el grueso de la humanidad –incluido buena parte del mundo académico, cebado en la comodidad de sus cátedras–, permanece sumido en la ignorancia. En este sentido es bueno tener en cuenta que hay dos vías que pavimentan el camino de la ignorancia: la falta de información y la posesión de información equivocada. Los que condenaron a Galileo no eran ignorantes porque carecieran de información, sino porque la información en la que creían era equivocada, así de sencillo. Eso es lo que sucede con mucha gente inteligente hoy en día que, luego de leer el periódico y absorber páginas y páginas de conocimiento envasado, se cree informada.

Las guerras de la sociedad de la información no necesitan balas ni misiles, sino datos. Entonces, al analizar lo que sucede con esta nueva trinchera llamada Wikileaks –que, ubicada en la matriz virtual del ciberespacio, ha abierto un nuevo flanco de ataque contra los intereses del “imperio”–, es necesario preguntarse, como en las guerras convencionales: ¿y quién es el proveedor de armas aquí? ¿De dónde obtienen las municiones estos neoguerrilleros de la información? Desertores de los servicios de inteligencia, se dice. Militares descontentos, disidentes del propio sistema, descolgados por venganza o por arranques de consciencia de la que fuera su oscura profesión, que de pronto deciden divulgar los secretos que los carcomen por dentro.

Todo bien, verosímil sin duda, creíble. Pero vale la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿es posible pensar que los súper poderosos organismos de inteligencia de la súper potencia global vayan a ser infiltrados así como así por individuos inestables y propensos a lavar los trapos sucios en público? ¿Puede eso ser tan así? Muchos dirán, pero si la historia está llena de casos de agentes que se pasan de un lado a otro del espectro del espionaje mundial. Eso se puede entender porque muchas veces se trata de dinero, de obtener inmunidad o simplemente de huir de las propias responsabilidades en la guerra sucia de los servicios de inteligencia de las grandes potencias. Pero, ¿será posible desertar de estos servicios para ser reclutado por un medio de información de carácter civil?

Porque de ser posible, algo no encaja: pues si los todopoderosos servicios de inteligencia de la súper potencia global pueden ser burlados así como así por medios de información civiles, entonces las agencias de marras no son tan poderosas como dicen. Por consiguiente, la súper potencia no es tan súper poderosa como claman a diestra y siniestra los intelectuales progresistas y anti-sistémicos del mundo pues basta la rabieta de un descolgado para poner en jaque a toda una nación. Entonces, si el “enemigo” no es tan poderoso como dicen y, pese a todo, se percibe por doquier el apretón de sus garras, podemos sospechas que algo enturbia nuestra mirada.

¿Cómo va a ser tan fácil desatar las amarras con que el gigante tiene atrapado al mundo? A no ser que el gigante no sea tan grande e invencible como se dice, en cuyo caso deja de ser justificable todo ese odio rabioso que fluye hacia su gigantesco corazón como veneno vertido en el torrente de sus culpas… o el que creíamos que era el gigante no era tal, sino tan sólo su sirviente, su instrumento temporal que, como todo instrumento, será desechado cuando deje de prestar utilidad. Así, el que creíamos era el gigante que nos mantiene oprimidos resulta ser simplemente otra de sus víctimas.

Entonces, ¿quién es ese gigante sin alma? ¿Dónde hemos de buscarlo? Desde luego no en la Casa Blanca, ni en el Pentágono. ¿Qué no quedó claro eso el 11-S? Entonces, ¿dónde?

El control de las masas

Los que ponen la música para este baile no pertenecen a ningún Estado nacional. No tienen patria. Su poder es supranacional y se basa, a nivel global, en dos pilares: el control de las finanzas mundiales y el manejo de la información. Punto. Son ellos los que deciden lo que vendemos, lo que compramos, lo que pensamos, lo que soñamos, etc. Ellos deciden el modo, la forma y el fondo de todo lo que se mueve en la economía global pues son los dueños del dinero.

Pero no es tan simple el asunto pues los amos del mundo no pertenecen necesariamente a los grupos que manejan la banca internacional, como también se dice. En realidad estos misteriosos personajes no necesitan ser dueños de nada pues les basta con ser los amos invisibles de los dueños de los bancos. Ese es su método. ¿Y cómo lo logran? En verdad es muy sencillo: basta con controlar las creencias, las convicciones de la gente, para controlarlo todo, incluyendo la banca, los organismos multilaterales, las universidades, los gobiernos. El medio para lograrlo está en el uso estratégico de la prensa, la palabra escrita y hablada, la industria de la entretención, el cine, la música, etc. Más consciencias compran las palabras que las balas. Más vale un libro que una ráfaga de metralla. Más vale un diario que un millón de tanques. Más vale una canción que todo un arsenal nuclear. Basta una película, un cuento, una leyenda urbana, para influir en las decisiones que se toman. Las palabras son las semillas; los pensamientos, el medio; los hechos, amañados a su antojo, la cosecha. Controla lo que oyen, lo que ven, lo que leen los individuos y controlarás a las masas. Una mentira se transforma en verdad si es dicha con convicción la suficiente cantidad de veces.

Controlando lo que piensa un pueblo se gobierna a ese pueblo. Quién administre luego el gobierno da lo mismo. Basta controlar lo que piensen sus funcionarios, que de cualquier manera provienen del mismo sustrato: ellos son el pueblo.

Entonces, la información es la materia prima con la que se elaboran las municiones con que se mantiene sojuzgados a los pueblos. La mejor manera de arrojar a un pueblo sobre el otro es hacerle creer a su población que los otros son la encarnación del demonio. La mejor manera de destruir una economía es destruir la confianza de la gente en esa economía. La mejor manera de sembrar las semillas de una crisis global es difundir información que desacredite a las instituciones sostenedoras del equilibrio entre los Estados. Destruye la confianza y sembrarás las semillas del conflicto. Si sales a la calle convencido que tu vecino es una mala persona no tardarás en tener problemas con él.

Es aquí donde entra Wikileaks y su líder, Julian Assange, con su aura de adalid de la libertad de información. Lo terrible del caso es que todo lo que las masas proyectan sobre su figura semi mítica es cierto. Assange, el héroe solitario, perseguido y odiado por los poderosos, representa genuinamente un anhelo de las masas por más trasparencia en el manejo de la información por parte de los gobiernos del mundo, especialmente por el gobierno de la superpotencia global. El problema es que la trasparencia que se gana sobre la base de filtraciones y delaciones es una píldora que en si misma lleva los gérmenes que enturbian el medio que las propaga. Cualquiera puede filtrar lo que sea. La idea es desenmascarar a los poderosos y sus métodos reprensibles de control mundial. El imperio debe caer, los malos deben ser castigados, ustedes no son los líderes que dicen ser, etc. Pero entonces, en el camino, sorprendentemente el objetivo se transformó en otra cosa: a poco andar, la libertad de información y la trasparencia dejan de ser el foco para dejar su lugar a la lucha anti-imperialista, léase antiestadounidense o anti-gobierno estadounidense. ¿Qué pasó? Que el gobierno estadounidense actuó como cualquier organismo que se siente atacado, se defendió. ¿Acaso no se defienden todos los sistemas cuando se sienten vulnerados? ¿Qué no tienen todos los gobiernos e instituciones estrategias comunicacionales para proyectar sobre la masa la imagen más conveniente a sus intereses? ¿Qué no tiene el propio Assange una estrategia comunicacional para defenderse de los ataques de que está siendo víctima? ¿Y qué es una estrategia comunicacional a fin de cuentas?  Es muy sencillo: es un esfuerzo intencionado por parte de un individuo o una organización, sea del carácter que sea, por proyectar una imagen de si mismo coherente con lo que se supone es su naturaleza. Es decir, tiene mucho de maquillaje, de simulación y de disfraz.

De modo que lo que se desarrolla de cara al mundo es una especie de pantomima: Assange vs. los esfuerzos de los poderosos del mundo por ocultar información que perjudique sus intereses; el gobierno norteamericano vs. sus enemigos internos y externos que buscan hacer capotar sus planes de dominio mundial; el resto de la comunidad internacional vs. los métodos que la diplomacia estadounidense usa para informar respecto de sus realidades internas, etc. Aquí la libertad de información y la trasparencia hace rato pasaron a un segundo plano. Qué importa lo que el común de los mortales vea en el caso Wikileaks o en el mismo Assange. En realidad lo que importa es saber a quién favorece tal o cual información para ser usada a favor o en contra de tal o cual objetivo, etc.

Entonces, ¿será que Wikileaks es una pantalla de los servicios de inteligencia de las grandes potencias? Difícilmente. ¿Será que un nuevo aire de transparencia y apertura a la información –amparada en las potencialidades de la nueva democracia incubada en Internet–, esté por echar por tierra los viejos métodos de control mental que tradicionalmente han utilizado las superpotencias para ejercer su poder? Aún más difícil. ¿Será entonces que nada ha pasado, que todo este revuelo causado por Assange y sus enfants terribles tecnológicos no sea más que un volador de luces, apenas un espejismo de libertad y transparencia en un mundo que continuará girando como si nada luego de que en unos meses la corta memoria de las masas embrutecidas se olvide de todo? Está por verse.

Los “amos del mundo”

Por nuestra parte esbozamos una teoría. Lo que el caso Wikileaks ha generado constituye un paso más dado por parte de los verdaderos amos del mundo en una dirección clave respecto de lo que hace tiempo se habla en los círculos conspiranoicos: el inicio de la última etapa del proceso de desaparición de los Estados nacionales para dar paso a un gobierno planetario basado en una economía globalizada. En este sentido, la desaparición de los Estados Unidos de Norteamérica es un requisito sine qua non para su consecución. Se presume que los pasos siguientes han de contemplar nuevos ataques a la integridad moral de la nación más poderosa de la Tierra, así como el inicio de estrategias similares que han de activarse en el corto, mediano y largo plazo en contra de otros países clave, como China, Rusia, India y Brasil, entre otros.

La desaparición de las fronteras nacionales en Europa, junto con la estandarización del euro, fueron sólo el primer peldaño camino al gobierno planetario. Una vez consolidado el primer paso –Europa– viene el segundo: USA.

Entre de los fervientes defensores de las teorías conspirativas circulan a este respecto informaciones que advierten de la futura implementación de una Unión Monetaria de América del Norte que involucraría a USA, Canadá y México, cuya moneda incluso ya tendría nombre: el amero. La base de esta nueva alianza se habría estado preparando desde hace años con la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) en 1994 y la firma de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN o SPP) en 2005, entre otros pasos.

De modo que el eclipsamiento del poder hegemónico de USA es un paso contemplado por las altas esferas de poder en esta vía hacia el gobierno mundial. El tema entonces ha de concentrarse en la siguiente interrogante: ¿quiénes son los amos del mundo?

El escritor y político británico Benjamin Disraeli (1804-1881) escribió: “El mundo está dominado por personas muy diferentes de las que se imaginan aquellos que no se encuentran entre bambalinas”.

Igualmente conocidas son las palabras del político alemán, Walter Rathenau –canciller de Alemania durante el período de la República de Weimar tras la Primera Guerra Mundial–, que en algún momento advirtió: “Trescientas personas, todas las cuales se conocen entre sí y se traspasan el poder de generación en generación, dirigen la economía de Europa”. Evidentemente estas palabras pueden y deben ser aplicadas a la realidad actual, sólo que hoy en día el campo de influencia de estos titiriteros se extiende al mundo entero. ¿Cuántos son? El dato es casi irrelevante. Las cifras nunca alcanzan a más de 2.000 individuos o familias, para una población mundial de casi 7 mil millones de personas.

En palabras de Zbiniew Brezinsky, ex Consejero de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter, “la Era Tecnotrónica va diseñando paulatinamente una sociedad cada vez más controlada. Esa sociedad será dominada por una elite de personas libres de valores tradicionales que no dudarán en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas con las que influirán en el comportamiento del pueblo y controlarán y vigilarán con todo detalle la sociedad, hasta el punto de que llegará a ser posible establecer una vigilancia casi permanente sobre cada uno de los ciudadanos del planeta” (en “America’s Role in the Technetronic Era”).

En esta misma línea, el escritor canadiense Henry Makow plantea que es posible percibir una mano oculta moviendo los hilos que impulsan la historia. Este poder en las sombras tendría una agenda secreta cuyas directrices fundamentales pueden ser deducidas por medio de un análisis somero del escenario mundial. Makow relaciona con este poder a la mayoría de las ideologías y movimientos cuyos nombres terminan en el sufijo “ismo”: sionismo, comunismo, liberalismo, secularismo, racionalismo, neo-conservadurismo, fascismo, nazismo, feminismo, etc. Así mismo, plantea que la democraciaactual es una farsaque sirve a los objetivos de este poder en las sombras como un poderoso sistema de control social. Otra eficaz herramienta de control popular es la industria del entretenimiento que, al igual que el circo romano, distrae y degrada a las masas volviéndolas indolentes y pasivas. Paralelamente, los medios de comunicación actúan de filtro respecto de la información disponible tamizando las corrientes de pensamiento que surgen espontáneamente en las capas más cultas de la sociedad, sojuzgadas también por el poder del dinero.

Makow plantea finalmente que esta fuerza oculta proviene del poder de un cartel de banqueros londinenses que ejercerían su influencia sirviéndose de las redes que la masonería ha tejido pacientemente entre las elites de todos los países. Su objetivo último sería el establecimiento de una tiranía mundial cimentada en el monopolio del crédito y la creación de dinero virtual. Otro de los inconfesables proyectos de estos siniestros titiriteros sería el despoblamiento mundial –viejo anhelo de algunos trasnochados discípulos de Malthus–, así como la esclavitud física, mental y espiritual del género humano.

En paralelo, otro controvertido pensador, el economista y político estadounidense Lyndon LaRouche, denuncia también la existencia de una oligarquía internacional angloparlante, que tendría su base en los Estados Unidos y Gran Bretaña, con poderos tentáculos en Canadá y Nueva Zelanda. Según LaRouche, hasta el tema del calentamiento global es un fraude manejado desde estas elites constituyendo una “mentira prestigiosa” llevada a cabo por una fuerza que él llama “fascismo verde”. Incluso ha llegado a bautizar como “mafia del clima” a los articuladores de la campaña para detener el cambio climático.

Por delirantes y fantasiosas que parezcan estas teorías, siempre basadas en la existencia de “enemigos” de la especie humana viviendo en medio de una humanidad desprevenida e inocente (casi siempre masones, judíos, banqueros, etc.), no deben ser tomadas a la ligera pues aunque se sabe de fraudes a este respecto, como el célebre engaño de Los Protocolos de los Sabios de Sión, revelan un clima intelectual y espiritual en el que tales conjeturas, si bien fantasiosas, pudieran basarse en realidades subterráneas realmente presentes en la trastienda de la historia.

El hecho de que se culpe a determinados grupos porque algunos individuos de estas esferas pertenezcan a ellos es una simplificación comparada a culpar a todos los católicos por los crímenes cometidos por algunos miembros del clero.

En relación a los mismos Protocolos, el más conocido entre los documentos fraudulentos que incriminan a un colectivo de personas –en este caso a una elite de judíos infiltrados en las altas esferas del poder mundial– el pensador italiano Julius Evola escribió: “La importancia de los Protocolos consiste ante todo, y en todo caso, en que ocasionan esa sospecha, en que hacen presentir que la historia tiene una tercera dimensión, que una inteligencia puede ocultarse tras los acontecimientos y los dirigentes aparentes, y que muchas presuntas causas no son sino efectos de una acción subterránea…”. Y más adelante agrega: “Ahora, el hecho de que la historia de los últimos tiempos presente las fases de una obra sistemática y progresiva de destrucción espiritual, política y cultural, no es mera casualidad, y a este respecto los Protocolos nos ofrecen, por lo menos, eso que un sabio llamaría una hipótesis de trabajo, es decir, una idea-base, cuya verdad se reconfirma a través de su capacidad de organizar, en una investigación inductiva, un conjunto de hechos aparentemente esparcidos y espontáneos, haciendo resaltar su lógica y su dirección única”.

En este tenor la hipótesis de Evola es que, si bien los Protocolos no son verídicos en el sentido literal del término, son a todas luces veraces, pues dan cuenta de una realidad posible de comprobar mediante un análisis inductivo de la realidad, esto es, mediante un estudio de los hechos y datos duros de la historia desde una perspectiva más elevada que el mero análisis contingente. El pensador italiano demuestra claramente la puerilidad de encarar el tema de los Protocolos centrándose únicamente en el aspecto de la autenticidad del documento. A este respecto señala: “En efecto, se puede sin más negar la existencia de toda forma de dirección secreta de los acontecimientos de la historia. Pero no se puede admitir, aunque sólo sea por hipótesis, que tal cosa pueda verificarse sin reconocer que se impone entonces un género de investigaciones muy diverso del que se basa en el documento en el sentido más grosero del término. Aquí reside precisamente –según la justa observación de Guénon– el punto decisivo, que limita la importancia de la cuestión de la autenticidad: en el hecho de que ninguna organización real y seriamente secreta, cualquiera sea su naturaleza, deja tras sí documentos escritos. Tan sólo un procedimiento inductivo puede, pues, determinar la importancia y el alcance de textos como los Protocolos. Lo que significa que el problema de la autenticidad es secundario y que se lo debe reemplazar por el de su veracidad, mucho más serio y esencial”.

Pensamos que el mismo razonamiento debe ser usado para encarar el tema de las teorías conspirativas pues aún cuando uno no comulgue con el decorado con que cada autor adorne o enriquezca sus hipótesis, lo que debe rescatarse es el sentido de lo que se dice, es decir, centrarse en la estructura de la casa más que en su aspecto. Podrá cambiar el color de las paredes, pero la casa seguirá siendo la misma. En lo que aquí nos concierne, se trata de que los acontecimientos mundiales parecen tener cierta direccionalidad y sentido que en modo alguno puede ser casual. En efecto, siguiendo el razonamiento evoliano puede deducirse la existencia de una inteligencia detrás de todos estos procesos aparentemente caóticos.

De esta manera, sin importar quiénes son, pues por su propia naturaleza estas camarillas suelen ser maestras en el arte del camuflaje –lo que ha llevado a tantos a culpar acaso injustamente a grupos como la masonería o los mismos judíos –, lo importante es descubrir su mudus operandi de modo de hacer posible la resistencia. Según esta hipótesis, no se hace tan necesario conocer la identidad del enemigo como aprender a eludir sus golpes.

Entonces, es posible que aquello que se nos quiere mostrar como la verdad, no sea más que una máscara o un antifaz de la verdad. Cuántas veces no saltan verdades al escenario global cuyo único objetivo es el ocultamiento de otras verdades más incómodas. El caso Roswell, como casi todo en el tema OVNI, no ha sido más que un volador de luces respecto de lo que si importaba. Hay miles de libros en el mercado –ni qué decir sitios en la Web– pródigos en informaciones y teorías respecto del tema OVNI u otros tantos temas parecidos (como las apariciones marianas) que sólo consiguen alejar al público de la verdad con mayúsculas atingente a la dimensión espiritual de la vida en la Tierra.

Eso sí, hemos de aclarar que en este tipo de materias los poderosos no necesitan hacer muchos esfuerzos, pues les basta con tirar de vez en cuando migajas a los supuestos expertos para que éstos zozobren en su propia falta de cordura y creen, a partir de la nada, las más descabelladas hipótesis que desprestigian el propio tema que los apasiona. Así, por medio de estas estrategias, consiguen que más sea menos, devengando en que las pocas informaciones fidedignas naufraguen en el vasto océano de sandeces que los ignorantes propagan a diestra y siniestra.

Wikileaks

De modo que el fenómeno Wikileaks bien podría ser un volador de luces tal como sostienen muchos. Aquí los poderosos amos del mundo pudieran estar perfectamente encendiendo los focos de la parte trasera de la casa para que las polillas –el público, los intelectuales, los “enemigos del poder”– se arremolinen allí mientras sacan el cadáver por la puerta principal.

Es más que probable que  Assange y los suyos sólo se encuentren abocados a hacer su trabajo lo mejor que pueden. Es posible que en verdad sean lo que dicen ser: un grupo de hackers aburridos de vivir en un mundo asentado sobre las cloacas de las elites geopolíticas y financieras globales. Por lo mismo, es posible que estén genuinamente comprometidos en sacar a la luz los vergonzosos secretos que dichas cloacas ocultan.  En favor de esta tesis puede argumentarse que para ser utilizado por la mano negra del gigante sin alma no se necesita ser parte de ninguna esfera de poder. Assange y otros héroes populares por el estilo simplemente se encontrarían haciendo su parte en la lucha por la libertad combatiendo contra los molinos de viento tras los cuales se oculta el verdadero dragón. Pero lo más probable es que las informaciones que verdaderamente podrían ser consideradas una amenaza para los que mueven los hilos del mundo, no serán reveladas por estas fuentes.

En cualquier escenario, no es un dato menor el hecho de que el portal haya sido criticado duramente desde adentro por la poca trasparencia y por los modos autoritarios de su líder, según palabras de quien fuera uno de los colaboradores más cercanos de Assange, Daniel Domscheit-Berg, fundador de openleaks.org, otro sitio de similares características que pretende erguirse como el sucesor de la organización de Assange. Otro que ha hecho graves acusaciones es John Young, creador del ya veterano portal cryptome.org, un sitio semejante a Wikileaks, que abandonó su puesto en la dirección de la organización y derechamente la acusó de ser «un conducto de la CIA» y de no tener la capacidad para proteger el anonimato de sus informantes. Además, dijo que el portal es una muy lucrativa empresa comercial que practica un marketing muy agresivo que provoca más ruido que lo que realmente mueve. Según Young, detrás de la empresa de Assange habría poderosas compañías multinacionales que estarían siendo muy generosas en sus donaciones.

En esta misma línea, se sostiene que entre las personalidades detrás del fenómeno Wikileaks se encontraría la influyente figura de George Soros, un especulador financiero, inversionista y activista político de origen húngaro y nacionalidad estadounidense, sempiterno protagonista de la elite del poder mundial. Aunque Assange habría negado el vínculo con Soros, hay versiones que sostienen que éste estaría incluso promoviendo el traslado de la base central de operaciones del portal hacia Islandia, país que entre otras cosas ofrecería inmejorables garantías a las actividades de activistas del ciberespacio, además de ofrecer una plataforma ideal para la instalación de nuevos negocios por encontrarse su sistema bancario en plena recuperación tras la crisis de 2008.

Por otro lado, fuentes de inteligencia de diversos países asiáticos denuncian que Wikileaks estaría operando derechamente una campaña de desinformación a partir de los intereses ocultos de las agencias de inteligencia estadounidenses y las de otros países aliados –léase Israel y Gran Bretaña–, al mismo tiempo que alega persecución en su contra por parte de estas mismas agencias para despistar al gran público. En este sentido, el hecho de que los verdaderos intereses de los grandes articuladores del escenario geopolítico mundial no se hayan visto afectados en lo más mínimo con las filtraciones, revela que éstas pudieran ser parte de una estrategia cuidadosamente planificada que obedecería a una compleja agenda oculta que se estaría llevando a cabo en el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial por parte de la elite dominante.

Se cita entre estos intereses ocultos la necesidad de mantener atizado el conflicto de Afganistán con el fin de mantener tanto la economía de guerra estadounidense como el dominio sobre el lucrativo negocio del tráfico de heroína.

También hay que considerar el factor interno. Entre los objetivos en este flanco se plantea una inminente reestructuración de la legislación relacionada con el control de las actividades en la Web que desembocaría en algo así como un Acta Patriótica para el ciberespacio. A este respecto un reputado profesor de Leyes de la Universidad de Stanford de nombre Lawrence Lessig declaró en 2008: va a haber un evento en Internet similar al 9/11 que será un catalizador de una reorganización radical de las leyes relativas a Internet. El affaire Wilileaks reúne todas las características como para ser considerado el incidente esperado.

A este respecto hemos de recordar que en los años previos al 9-11 hubo analistas que afirmaron sin tapujos que se imponía la necesidad de un nuevo Pearl Harbor para movilizar a la opinión pública estadounidense hacia una posición favorable a los nuevos rumbos que había que tomar frente a las amenazas a la hegemonía de USA en el mundo. En la trastienda de estos informes se encontraban figuras de la talla de Dick Cheney y Paul Wolfowitz, colaboradores directos del gobierno estadounidense bajo la administración Bush.

Uno de los pilares de la política de dominio seguida por USA en el escenario post 11-S ha sido mantener viva la amenaza terrorista de modo de justificar la permanencia de las tropas en Afganistán, incluyendo la actual escalada en Pakistán, además de dar argumentos a las intervenciones que se avecinan en otros lugares como Yemen y Somalia. En esta línea es importante tener en cuenta la presencia de documentos filtrados que afirmaban que Osama Bin Laden se encontraba vivo desmintiendo anteriores informaciones respecto de su muerte, como la declaración a la BBC de la ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, quien sostuvo en noviembre de 2007 en una entrevista con David Frost, periodista representativo del mainstream o corriente principal de pensamiento dentro de los medios de comunicación masivos – completamente comprometidos con el poder–, que el líder de Al Qaeda habría sido asesinado por un misterioso individuo llamado Omar Sheik. Es interesante notar que la propia Bhutto fue asesinada luego de esta entrevista por un pistolero suicida el 27 de diciembre de 2007. En un primer momento la lectura de este antecedente sugería la intención de mantener vivo el mito de Bin Laden para justificar un estado de guerra permanente contra el terrorismo, pero luego de los sucesos de mayo de 2011 en Abbotabad, Pakistán, se hace más claro que podría haberse tratado de una preparación para la ya célebre Operación Gerónimo con la cual la inteligencia estadounidense se aprestaba para dar cuenta final de una fábula cada vez más difícil de sostener de cara a la opinión pública mundial y que, además, tras la irrupción de la Primavera Árabe, había dejado de ser funcional.

Otro objetivo buscado sería la ocultación de las actividades más sucias del gobierno norteamericano. En este sentido, los documentos nunca cuestionan el fondo de las guerras. Este patrón de desinformación va de la mano, por ejemplo, con la estrategia de minimización del genocidio en Irak. Expertos aseguran que los documentos filtrados refuerzan las estimaciones más bajas de mortalidad por efectos de la guerra en suelo iraquí de modo de mantener a la opinión pública desinformada respecto de la verdadera magnitud de la tragedia.

Algunos analistas sostienen que la escalada contra Pakistán, país al cual se acusa de mantener una política soterrada de apoyo a los talibanes y a Al Qaeda en Afganistán, podría ser parte al mismo tiempo de una estrategia a mediano plazo que busque desestabilizar a su gobierno (recordemos que Pakistán tiene armas nucleares) para preparar la intervención conjunta de USA, Israel e India en su territorio. En esta línea hay filtraciones que incriminan al poderoso Inter-Service Intelligent (ISI) paquistaní, antiguo aliado de la CIA y el Mossad, en actividades de apoyo a la insurgencia afgana y a la actividad terrorista. El que Osama Bin Laden haya sido finalmente “encontrado” en suelo paquistaní –y, por si fuera poco, a escasos 500 metros de la Academia Militar de dicho país–, justificaría tales aprensiones.

Ahora bien, en relación a la “conspiración del 11-S”, Assange se ha mostrado sospechosamente escéptico catalogando como una “conspiración falsa” las versiones que sostienen que los hechos del 11 de septiembre de 2001 pudieron haber sido fruto de un trabajo interno. En oposición a estas versiones, Assange llama “conspiración verdadera” a las farsas de la guerra y el fraude del dinero masivo, como si el 11-S no fuese parte de un ardid relacionado, precisamente, con la guerra contra el terrorismo y el montaje de un fabuloso negocio basado en la perversa tríada de petróleo, armas y drogas.

Wikileaks se plantea a sí misma como una organización multi-jurisdiccional para proteger a disidentes internos, filtradores de información, periodistas y blogueros que enfrentan amenazas legales o de otro tipo por publicar información, cuyo interés principal es exponer regímenes opresivos en Asia, el antiguo bloque soviético, África subsahariana y el Medio Oriente, pero asistimos a gente de cualquier otra nación que quiera revelar comportamientos no éticos de gobiernos y corporaciones”. Todo esto en el marco de un objetivo clave: apuntar a “lograr el máximo impacto político posible”. La pregunta es, ¿cómo puede llegar a ser posible siquiera que una organización de esta naturaleza no tenga nada que decir respecto del 11-S?

Desde este punto de vista es perfectamente factible suponer que alguien está aplicando aquí el viejo axioma del poder que establece que la mejor manera de controlar la disidencia es liderar las protestas. La idea central de esta estrategia es establecer límites a la contracultura y a la disidencia política de manera de tornarla insubstancial e inofensiva manteniendo así el control sobre las operaciones de los movimientos más radicales. El economista canadiense Michel Chossudovsky, uno de los mayores expertos mundiales en el tema de la globalización, asegura a este respecto que la fabricación de disidencia actúa como una válvula de seguridad para la mantención del orden establecido. Entre las manipulaciones denunciadas por Chossudovsky, además del 11-S, estarían la Operación Plomo Fundido –ofensiva del ejército de Israel sobre la Franja de Gaza en 2008-2009–, dirigida contra objetivos de la organización Hamas, la que supuestamente encubriría el interés israelí en una bolsa de gas subterráneo descubierta recientemente sobre territorio palestino; la epidemia de fiebre porcina, que generó el ambiente propicio para el gran negocio del Tamiflú; los atentados de noviembre de 2008 en Bombay, supuestamente perpetrados por parte de agentes de inteligencia de USA e Israel en el marco de la preparación de un futuro conflicto con Pakistán; la crisis financiera de 2008, comparable al Crack de 1929; la crisis de USA e Israel con Irán, parte de una compleja agenda conjunta en vistas de la futura operación “Libertad de Irán”; etc.

Así, además de ser utilizado como medio de propagación de información tendenciosa, Wikileaks podría estar prestando el servicio adicional de constituirse en una válvula de escape para el manejo razonable de los conflictos.

Pero el trasfondo de todo el caso se haya tras la pregunta original que nos planeamos aquí: ¿y quién está detrás de los intereses de la superpotencia global? ¿Hasta cuándo la opinión pública mundial se va a dejar engatusar por las artificiosas campañas de desinformación gestadas en el seno de las elites dominantes con el fin de mantener adormecidas a las masas? ¿Cuál será el siguiente paso del gigante en su inconfesable propósito de apoderarse del mundo? No debemos olvidar que el mapa que los lleva a la consecución de su objetivo es uno sólo y pasa, sin excepción, por secuestrar sucesivamente la mente y el corazón de los pueblos. Pues no importa cuán firmemente hayan clavado su estandarte sobre el suelo del planeta que creen gobernar, si no consiguen adueñarse de la mente y el corazón de la gente, no prevalecerán.

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