De la dictadura a la democracia y viceversa

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Algunos países latinoamericanos y caribeños, pueden verse reflejados en esta breve crónica: posiblemente, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela sean, entre otros, quienes hayan pasado por estos  períodos  de dictaduras a  democracia y viceversa; salvo la sufrida Cuba,  la cual salió de una dictadura de derecha encabezada por el sargento Fulgencio Batista, para  caer en otra de izquierda presidida por el abogado y guerrillero Fidel Castro, quien la ha venido  martirizando desde hace más de cinco décadas, no permitiéndole a ese noble pueblo el ejercicio de sus derechos fundamentales como: libertades de pensamiento, ideas, opiniones, expresiones y el sagrado derecho a la propiedad, tanto intelectual como privada

Según me cuentan los que han viajado a la Isla, allá sólo les permiten a sus ciudadanos, comprarse un par de zapatos al año, y eso cuando los hay. Esto me recuerda la siguiente historia: cuando comenzaron a llegar a Venezuela los primeros contingentes de cubanos contratados como médicos, deportistas, asesores militares para trabajar en las diferentes misiones inventadas por el gobierno, al finalizar el mes cobraban su primer sueldo y se dirigían en cambote a los auto mercados y tiendas de ropas, causando extrañeza en el público y las vendedoras, cuando revisando la mercancía surgía el siguiente dialogo:

– ¡Oye, mi sangre! ¿Cuánto me cuesta   este pantalón? – Preguntaba el cubano.

– Cien bolívares- respondía la vendedora

-¿Y cuantos me puedo llevar?-  Continuaba el hombre

– ¡Todos los que usted quiera! – contestaba extrañada la muchacha.

El cubano no podía dar crédito a lo que captaban sus oídos, pensaba para sus adentros que quizás la joven se estaba burlando de él.

– ¿Está segura que me puedo llevar los que quiera? – inquiría de nuevo el hombre.

.!!Desde luego; siempre y cuando tenga el dinero suficiente!!-  le aclaró la vendedora.

Esto que, a todas luces pareciera ser  un dialogo trivial  y absurdo, se presenta como una realidad lacerante para el pueblo cubano, acostumbrado ya a las estrecheces económicas y a las penurias sociales. Pero no es sobre Cuba que deseaba comentar; sino del caso venezolano, cuyo gobernante, – devenido  en flamante dictador – quiere aplicar en el país, de golpe y porrazo, el viejo y fracasado modelo fidelista.

En Venezuela, el pasado 23 de enero, se conmemoró la fecha en que, hace 53 años las fuerzas armadas y el pueblo derrocaron una dictadura – si se me permite la expresión, diría que se trataba de una “dictablanda” – pues aquel militar que para ese entonces gobernaba, era un hombre bonachón, trabajador, respetuoso de la propiedad privada, que no se metía con los empresarios, al contrario, estimulaba el desarrollo industrial, comercial y pecuario; ¡ah, y otra cosa! Jamás se le vio  insultar o descalificar a colegas presidentes de otros países.  Puntos a favor. Pero el hombre tenía una debilidad:  no permitía que la gente se expresara con libertad, se rodeó de una camarilla que perseguía, encarcelaba y hasta llegaba al asesinato de los adversarios políticos, además,  no se permitía la agrupación en sindicatos, partidos políticos u otro tipo de organización gremial. Puntos en contra

Después de aquel episodio dictatorial, pueblo y gobierno vivieron en un clima de libertad y tranquilidad; bueno, con uno que otro sobresalto: la invasión a Venezuela por militares cubanos, derrotados por el ejercito y, donde salieron cual perritos regañados -con el rabo entre las piernas-;   las intentonas golpistas cometidas por militares felones, todas fracasadas como la perpetrada por el teniente coronel, hoy convertido en dueño y señor de  la nación –   quien, de paso sea dicho, fue a parar con sus huesos a la cárcel por haber atentado contra el orden constitucional establecido-  y que, gracias a esa democracia y al régimen de libertades existentes, pudo después postularse en 1998 como candidato a la presidencia de la República……. Y ganó.

Luego de 41 años de convivir entre gobiernos amantes de la paz, con la llegada de este tío al poder, las cosa empezaron a cambiar, la democracia comenzó a languidecer, los aires de una nueva dictadura soplaban con fuerza sobre toda la geografía venezolana. Una a una, las instituciones del Estado fueron perdiendo su independencia de los otros poderes y pasaron a ser un apéndice del Ejecutivo. Poco a poco la dictadura  se   fue adueñando de las empresas agropecuarias, fabricas de cemento, acerías,  silos, frigoríficos, terrenos, edificios, instituciones financieras, todo esto ante la mirada impávida de los organismos internacionales, que se hacen de la vista gorda ante un gobierno dedicado a convertirse en banquero, terrateniente, comerciante, panadero, carnicero (vendedor de carne, por supuesto)  charcutero y buhonero. Cuando algún venezolano se atreve a criticar  las  medidas arbitrarias e inconstitucionales tomadas por el gobierno, el dictador entra en cólera, y utilizando los medios de comunicaciones audiovisuales, robándoles el tiempo a la teleaudiencia por horas y horas,  comienza por atacar a sus adversarios en estos términos:   -“Los escuálidos dicen que yo soy un dictador, un tirano;  bueno, que digan lo que les de la gana” –  lo de “escuálidos” es un término peyorativo que utiliza para descalificar a la disidencia, a los que se oponen a su tiranía militarista.

El dice, en son de burla,  que no es ningún dictador; sin embargo, ordenó a los diputados de la Asamblea Nacional, quienes ya habían cesado en sus funciones por haberse instalado una nueva Asamblea, que le otorgarán una Ley Habilitante para dictar leyes y decretos,  sin necesidad de solicitar la intervención del Poder Legislativo; es decir, para hacer lo que le venga en gana como cualquier  dictador de pacotilla. Ahora bien,  la agonizante asamblea, en una actitud servilista que daba asco,  concedió la fulana  ley, lo cual le confiere un mayor poder. También se excusa ante los medios internacionales que su gobierno no es dictatorial, por que él ha ganado en  varias contiendas

electorales; pero, es que el común de los mortales se pregunta: -¿Cuándo carajo dictador pierde elecciones?- La historia esta llena de ejemplos: Saddam Husein ganaba cuanta elección se le pusiera por delante; Robert Mugabe, entronizado en el mando desde 1980,  como Jalisco, si pierde arrebata; Hosni Mubarak, que desde 1981 nunca ha  perdido una; Mahmud Ahmadineyad, quien no quiere aflojar el mando en la República Islámica;Alexander  Lukashenko, el bielorruso, que se ha aferrado al poder desde 1994, convirtiéndose en el último dictador europeo; Bashar Al – Assad, quién sucedió al padre en la presidencia, a raíz de su muerte en 2002 y sigue tan campante;  Vladimir Putin, continua manejando los hilos del poder tras bambalinas.

De manera  que no vengan con la monserga – como diría la tía Eulalia – que el déspota venezolano ha ganado en todos los procesos electorales en buena lid;  cuando tiene bajo sus botas militares el organismo electoral, el poder judicial, la fiscalía, la contraloría y la mayoría de los diputados a la Asamblea Nacional, quienes, por una triquiñuela del organismo de marras antes mencionado, con menos votos que los alcanzados por la oposición, lograron  obtener un numero mayor de parlamentarios.

!!!Así, ¿quien no gana elecciones?¡¡¡

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