En materia de pensiones algo huele a podrido

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Son tantos los calificativos que he escuchado en los últimos meses sobre la reforma de pensiones, que ya por el simple exceso, entusiasmo y celo puesto en la tarea de convencernos a los trabajadores y ciudadanos en general me huele a “podrido”. Así es, os reproduzco tan sólo unos pocos: “nivel contributivo, columna del estado del bienestar, envejecimiento, esfuerzo, flexibilidad, garantía, imprescindible, ineludible, inevitable, inaplazable, necesaria, progresiva, rápida, sistema justo y sistema inviable, sin recortes, solidez, solidaridad, sostenible, urgente, etc.”

Yo siempre pensaba que el sistema de previsión social de la Seguridad Social era inicialmente piramidal y que lo verdaderamente importante sería para un gobierno ampliar la pirámide desde la base, pero ahora observo que se me quiere convencer de que debemos poner el “mundo al revés” es decir, poner a los abuelos con 67 años a trabajar para que puedan hacer frente a la protección social de los nietos con 25 o 28 años, encontrándose estos últimos sin empleo (uno de cada dos). Pero es que el paro en menores de 30 años aunque se acerque al 50% es secundario, lo principal y urgente semeja que debemos hacer que continúen trabajando  los abuelos.

Cuando leo artículos de autores que defienden la reforma de las pensiones con calificativos como los anteriormente mencionados, autores que al instante defienden el cambio de modelo productivo, la innovación y desarrollo de competencias (con trabajadores mayores y en algunos casos no aptos para el actual mercado laboral) sólo se me ocurre una ironía de mi tierra: “lo mismo que te digo una cosa te digo la otra”. ¿En dónde radica su pensamiento social? ¿Es qué así vamos a cambiar el modelo productivo?

Sin embargo, no es menos cierto que al actual sistema, hace mucho tiempo que se le tendría que poner límites. Tengo familiares ex trabajadores de Altos Hornos, Telefónica y Cajas de Ahorros que con 52 años casi se les ha obligado a marchar como pensionistas, cuando estaban en su mejor momento profesional y de experiencia laboral. El sistema aceptó a pies puntillas estos planteamientos de grandes empresas, incluso en el caso de Telefónica se llegó a plantear a los 48 años. No hay más que ver las previsiones actuales de las entidades bancarias en materia de prejubilaciones para sus trabajadores, además con los fondos que ha puesto a su disposición el gobierno para que otorgaran crédito a los creadores de puestos de trabajo.

Por todo lo expuesto, creo que hay mucho que mejorar en nuestro sistema sin que para ello debamos empezar por elevar la edad de jubilación de todo currante. Lo que me pregunto es que se guisa detrás de todo esto y empiezo a entender ya que el problema de financiación de las pensiones no es en realidad diferente a la financiación de la sanidad o la financiación de la enseñanza. Digámosle al  ciudadano la verdad. No le engañemos para minimizar el coste político. A largo plazo, no debería haber ninguna crisis del sistema fiscal español, que sin duda tendría que ser solvente para pagar las pensiones, la sanidad, cuyo gasto – dicen – dentro de 40 años, será de la misma magnitud que las pensiones, la enseñanza y los demás gastos si la productividad de la economía crece a un ritmo razonable y si nuestros iluminados políticos administran con moderación e inteligencia. Pero mientras la verdad que escuchamos sobre como deberíamos establecer la protección social de nuestros mayores y propia, venga por la vía del Fondo Monetario Internacional o de las Agencias de Calificación y demás yo seguiré nadando contra corriente.

Pablo Ansede Espiñeira.

http://es-la.facebook.com/pages/EL-FUTURO-DESPUES-DE-LA-CRISIS-de-PABLO-ANSEDE-ESPINEIRA/128275080535264

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