El valor económico del tiempo

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Amén de la cuarta dimensión, el tiempo es la convención social más inexorable y fundamental que el hombre inventó, porque el segundo, el ser humano, se supedita al primero, el tiempo, en una especie de lógica disléxica de la creación o de la invención, en algo así como que Dios, si existiera, se supeditara al ser humano, que sí existe, en lugar de al revés.

El tiempo lo mide todo y lo determina todo, fija las condiciones de vida y la competitividad de las empresas, califica la productividad y castiga al que lo pierde, aunque todos soñaríamos con pasarnos la vida sin pensar en él, el tiempo no nos permite tamaña hazaña, independientemente de nuestra fortuna en la vida.

Los ricos dependen del tiempo para poder asistir a sus galas benéficas, a sus fiestas de postín, o a cualquier cosa que hagan los ricos, los pobres dependemos del tiempo para trabajar, para ir a recoger a nuestros hijos, para llevar a los abuelos a los centros de día, para llegar a ver el partido de fútbol,…, tiempo, tiempo, tiempo.

Todos queremos tener más tiempo, porque el tiempo, por definición, es escaso, una definición absurda porque si el tiempo es una convención social, es decir, el ser humano lo creó, entonces ¿por qué lo limitó?, para castigarse, porque si con 24 horas no nos llega en la sociedad compleja de hoy en día, ¿por qué no ampliamos las horas? Todo es cuestión de poner de acuerdo a toda la humanidad, nosotros gobernamos el tiempo y nosotros decidimos lo que dura, o al menos así debería de ser, que no lo es.

Y el lugar donde el tiempo torna en primordial es en el aspecto económico de la vida, allí el tiempo lo es todo, el tiempo lo puede todo. Estar en el lugar adecuado en el momento justo es una máxima para triunfar en la vida y una condición necesaria, aunque nunca suficiente, para triunfar en los negocios. Un pedido entregado tarde puede suponer la pérdida de un buen cliente, y un servicio realizado con prontitud significa, sin ningún género de dudas, un cliente satisfecho.

El tiempo, el tiempo, el tiempo, y lo digo tres veces por otra convención social, en el tres está la virtud, al igual que en el justo medio, por lo que podemos convenir que el justo medio es el tres por lo que la vida se terminaría en el 6, que a su vez es una nueva convención para el demonio, ¿y si todo fuera un plan maquiavélico del maligno, si existiera, para condenarnos a la esclavitud del tiempo?

Tiempo, tiempo, tiempo, todos queremos más tiempo.

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