¿Revoluciones en el mundo árabe?: “Bienvenidos al mundo real”

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Como ha ocurrido en el pasado, no puede decirse que estemos ante revoluciones genuinas en el mundo árabe. Nadie puede aseverar tal cosa por estos días. Una revolución plena, estalla y llega de manera sigilosa. Y de hecho las causas que hoy vemos en los países árabes pueden ser muy engañosas puesto que lo que se aprecia no parece tener esos ingredientes genuinos sino que son movilizaciones de algunos miles de personas no exentas de ser manipuladas por distintas y diferentes causas.

Las verdaderas revoluciones se gestan en voz baja y no de manera tumultuosa como muestran algunos medios de prensa que pretenden publicitar los eventos como revolucionarios a través del montaje de un gran teatro callejero. Pregunte Usted al millón y medio de libaneses de la revolución de los Cedros que colmaron las calles de Beirut en 2005 en que acabaron esas ansias revolucionarias. La respuesta que obtendrá será simple: fueron diezmados por el integrismo radical.

No se puede juzgar una revolución por su teatralidad. Algo real tiene que suceder para que una revolución se produzca, tenga éxito y genere cambios para bien de los ciudadanos. Una revolución debe ser algo más que gritos y consignas en las demandas que piden el fin de un gobierno para reemplazarlo por otro. Nadie puede negar que el Movimiento Verde en Irán sea revolucionario y que si tuviera éxito, pondría fin al establishment de la república islámica para sustituirla por un sistema político secular separando la mezquita del Estado. Inversamente también los esfuerzos de Hezbollah para tomar el Líbano constituyen igualmente un intento de cambio revolucionario, ya que el sistema secular del Líbano marcha hacia una república islámica, lo que demuestra que los cambios también pueden producirse en ambos sentidos.

Lo que se observa actualmente en Oriente Medio y el Magreb está muy lejos de indicar que los tumultos y las movilizaciones sean revoluciones genuinas. Muchos de los saqueos y desmanes producidos en las ciudades egipcias del Cairo, Alejandría y Suez no parecen ser liderados por verdaderos demócratas sino por organizaciones como la hermandad musulmana que utilizan reclamos genuinos de la población pobre y marginada socialmente; pero el peligro real es que este grupo puede llevar a Egipto de un gobierno unipersonal, secular y rígido como el de Hosni Mubarak a un régimen totalitario, teocrático y absolutista.

Las cosas nunca son tan malas como parecen en el mundo árabe, siempre pueden ser peor. Entonces ¿cómo analizar el acoso y la demanda contra el presidente Mubarak? Es innegable y muy básico que en la región está en juego el avance del yihadismo radical o por el contrario, el freno y la neutralización de esa ideología que ha generado los peores males en los pueblos árabes. Desde Yemen a Irán, del Líbano a Somalia, de Egipto a Jordania, Siria y Túnez, se ven tumultos y movilizaciones porque hay un gran numero de diferentes energías en pugna y en muchos casos, no hay manera de saber quién toma las decisiones y localmente, por no hablar de la falta de decisiones que deberían ser tomadas. Por tanto, a quienes no conocen los avatares del Oriente Medio y el mundo árabe-islámico, permítanme decirles: “Bienvenidos al mundo real”. Esta y no otra es la realidad del mundo árabe actual que se debate entre vetustas y desvencijadas dictaduras o el avance de la ideología yihadista que intenta expandirse en la región.

Si tomamos el país árabe secular más importante, Egipto, donde la institución clave es el ejército, las fuerzas armadas egipcias no quieren un régimen islámico, pero nada indica que quieran a Gamal Mubarak, el heredero que su padre preparaba para las elecciones de septiembre. Ese y no otro es el punto por el que Hosni Mubarak ha debido concesionar y negociar políticamente su salida o no del poder. Aunque incurre en error, pues solo hay que recordar a los generales del Sha de Persia que hicieron un trato con las fuerzas revolucionarias de Khomeini en 1979 y luego fueron diezmados por el Pasdarán iraní cuando este se hizo con la sumatoria del poder político.

Para muchos ciudadanos egipcios partidarios de Mubarak, el mentor de los tumultos y desmanes en Túnez y Egipto ha sido Irán. Es cierto que los iraníes han estado efectuando declaraciones públicas donde afirman ser los inspiradores de las insurrecciones. Y aunque esto no tiene sentido, pues ellos saben que pocos tunecinos, jordanos o egipcios querrían vivir en la versión árabe de la república islámica de Irán, así funcionan no pocos países en la región. De hecho, los mullah deberían estar preocupados porque saben que la insurrección iraní de 2009-2010 fue genuina e inspirada en el propio pueblo iraní que fue reprimido a sangre y fuego por el régimen, y no ignoran que el pueblo puede salir a las calles nuevamente a repetir ese sacrificio contra la autoridad que los somete, y es por ello que la seguridad del régimen ha redoblado la vigilancia en las calles de Teherán y varias ciudades del país en los últimos días por temor a que el efecto de los tumultos en los países árabes se vuelva como bumerang contra su gobierno.

Fuentes de inteligencia árabes denunciaron a la prensa regional que Irán había movilizado agentes desestabilizadores hacia Mubarak y también contra la monarquía jordana. Ciertamente Teherán ha sido muy bueno en la manipulación de los árabes, eso no es nuevo pues no se han tenido noticias sobre terroristas suicidas de origen persa. Todos son árabes manipulados e inspirados por Teherán y sus aliados religiosos que se reconocen como compañeros de viaje del régimen persa. Estos árabes, son funcionales a Irán eligiendo el martirio a favor de intereses que en muchos casos dañan a sus propios sus gobiernos.

De allí que aquella opinión publica y prensa internacional que supone que los árabes hoy son revolucionarios apoyando revoluciones democráticas contra las tiranías regionales, hay que decirles que “ello es incorrecto, absurdo y peligroso”. Desde luego que nadie debería apoyar a dictadores; pero el destino de Egipto debe ser determinado por los propios egipcios, y cuidado, porque algunos de ellos desean ser verdaderamente libres; pero otros pretenden instalar una tiranía teocratica peor que la de Mubarak, y eso es todo lo contrario de la libertad. Nada mas hay que recordar las elecciones libres en Gaza que depositaron en el poder a los radicales de Hamas, o el golpe de estado reciente en Líbano que otorgo a Hezbollah el poder sobre las instituciones democráticas libanesas, allí observarán como los yihadistas desprecian las libertades democráticas y los derechos humanos sin ningún apego por la ciudadanía.

En consecuencia, la pregunta sigue siendo si es posible transitar pacíficamente de una dictadura a una democracia La respuesta es sí, los ejemplos de Taiwán y Sudáfrica lo reafirman. Pero eso no tendrá lugar bajo el estereotipo confrontativo de la calle árabe según el cual las masas están motivadas, sobre todo, por su furia implacable contra el enemigo israelí por la opresión a sus hermanos palestinos. Ese mito inexacto junto con la inclinación cultural totalitaria de la ideología yihadi es lo que impidió e impide la democracia a través de la historia en los países árabes.

Pero la realidad pareciera ser cada día mas clara, aunque el presidente Barak Obama y Hillary Clinton actúen de forma totalmente equivocada, ya porque no conocen la cultura, ya por falta de voluntad política en hacer frente a la situación. Al tiempo, el señor Joe Panetta que dirige la comunidad de inteligencia ha indicado públicamente que no esta claro quién es quién en los tumultos de Túnez y Egipto. La administración Obama incorporo varios asesores arabistas en áreas sensibles de su gobierno, según se nos dijo, para establecer mejores relaciones y conocer profundamente al mundo árabe islámico, pero a pruebas vistas no parecen ser asesores muy buenos. Si Pannetta (jefe de la CIA) sostiene no saber quiénes estimulan estas movilizaciones, entonces por acto reflejo se debería apoyar a los demócratas reales y frustrar la opción de Al-Baradei quien aparece como “el niño mimado” de la hermandad musulmana y de Teherán. No es cierto que no se sepa quien es quien en las revueltas o a quien responde Mohamed Al-Baradei. Occidente esta jugando con fuego y alguien debería hacer llegar a oídos del presidente Obama cuan peligroso son los jugadores regionales involucrados para quebrar la estabilidad y la paz que justamente él dice buscar en la región. Alguno de sus asesores debería explicarle que, paradójicamente, este es un muy buen momento para apoyar al Movimiento Verde en Irán y a los Revolucionarios del Cedro en Líbano.

Si vamos a alabar a los combatientes de la libertad de Túnez y Egipto, que esperamos para saludar y apoyar a los mártires del Líbano e Irán que han sido y están siendo sacrificados en las cárceles y las calles de sus países aunque esto no sea oficialmente reconocido.

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