Sí, se llama cáncer

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Son muchas las personas que consiguen superar un cáncer. Bastantes menos las que lo tratan como una enfermedad más. Estigmatizar esta afección oncológica, que en España afecta a 1.500.000 de personas, se ha convertido en un problema que sólo consigue que pacientes y familiares vivan aislados y discriminados por la sociedad.

Existen más de 30 tipos de cáncer. Natalia Bermúdez tuvo que enfrentarse al linfoma de Hodgkin con tan sólo 25 años. Y, tras 12 sesiones de quimioterapia, lo superó. O, como dicen sus médicos, está en “remisión completa”. Todo empezó con una visita a urgencias por un bulto en el cuello, pero tardó ocho meses en recibir el diagnóstico: “Cuando vi que el doctor no era capaz de decirme qué era, realmente me asusté”.

En 2006, el cáncer causó más de 98.000 muertes en España. A pesar de ello, no es considerado una enfermedad terminal. De hecho, se ha reducido la mortalidad anual en hombres y mujeres (1,3% y 1%, respectivamente), según muestra el informe sobre La situación del Cáncer en España. 1975-2006, presentado esta semana por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) con motivo de la celebración hoy del Día Mundial del Cáncer.

Cuando a Natalia le diagnosticaron el linfoma, disfrutaba de uno de los mejores momentos de su vida. Pero, desde entonces, todo dio un giro: “Me costó mucho asumir que estaba enferma. Al acabar las sesiones tuve un bajón muy fuerte. Asumí que podría haber muerto con sólo 25 años y además, me sentía muy culpable y sola; no podía decirle a nadie como me sentía, porque si no, sufrirían más”.

Pero tener cáncer también tiene otras consecuencias sociales: el “aislamiento” y la “estigmatización” del afectado y sus familiares. Así lo explica a SINC Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), plataforma que nació el pasado 2010 para intentar que “esta enfermedad se trate con normalidad en todos los ámbitos sociales”.

A esta reivindicación se suma la campaña contra el cáncer de este año bajo el lema Llamemos a las cosas por su nombre. No es una larga y penosa enfermedad… es cáncer, y que cuenta con el apoyo de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), la SEOM y las asociaciones de pacientes oncológicos.

Excluidos por la enfermedad

Tras diagnosticarle cáncer, Natalia tuvo que someterse a una sesión de quimioterapia cada dos semanas. Intentó disfrutar al máximo del tiempo que le quedaba antes de la siguiente sesión. Incluso se reincorporó al trabajo, aunque más tarde la echaron porque su rendimiento “no había sido el deseado por la empresa”.

En más de una situación (a la hora de hacerse un seguro de vida o de renovar el carnet de conducir), el paciente se enfrenta a diversas trabas. Incluso, según apunta Barragán, en las administraciones sanitarias se están produciendo situaciones “preocupantes”.

El daño de los pacientes (un millón y medio en España), aumenta si, además, “se utiliza la palabra cáncer para dirigirnos a los aspectos más negativos de nuestra sociedad y se oculta el nombre de la enfermedad al referirse a personas relevantes que fallecen por esta causa”, añade.

En España, el índice de supervivencia es similar al de los países europeos. En el caso del cáncer de mama, el que más afecta a las mujeres, la tasa de mortalidad es la más baja de la Unión Europea.

En cambio, en los hombres, la supervivencia global es menor. Los tumores masculinos con mayor incidencia -sobre todo el de pulmón-, tienen un comportamiento más agresivo y resistente y resultan más difíciles de detectar y tratar.

Bienestar vs. ocultismo

Para dar con tratamientos que reduzcan al máximo el malestar del paciente, las investigaciones actuales se decantan por cirugías robóticas y poco invasivas y quimioterapias que atacan sólo las células cancerígenas sin afectar el tejido sano. También se aplican terapias moleculares o personalizadas para bloquear las células malignas.

A pesar de los esfuerzos de los científicos, el cáncer es una enfermedad que, física o moralmente, deja huella. Cuando el linfoma de Hodgkin redimió en Natalia, decidió cambiar el rumbo. Esta vez, por propia voluntad: “Tengo muchas cosas que hacer en esta vida; no sabemos qué pasará mañana, pero al menos tenemos el presente para disfrutar”.

Tener cáncer, tal y como dice Natalia, “no es agradable para nadie”. Pero, en palabras de Barragán, “todos hemos de luchar por el bienestar del paciente”. ¿Cómo? Natalia lo tiene claro: “Se debe evitar el ocultismo y empezar a hablar del cáncer como una enfermedad más”. Quizá así los prejuicios empiecen a caer…

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