Los nuevos carrozas

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LA CORREHUELA

 Menos mal que la televisión, al menos en España, tiene una vida real y masiva de unos 40 años. No quiero pensar si tan magno invento hubiera sido asacado en pleno Renacimiento y tuviéramos imágenes en vivo y en directo de la Revolución Francesa, de la Independencia de los EE.UU. o mismamente, para ser patrios, de la revuelta de la Gloriosa o el golpe de Pavía. Lo digo porque si así fuera, viviríamos con el quehacer diario de las efemérides televisivas, reponiendo una y otra vez las imágenes de la batalla de Lepanto o rememorando el bendito día en que Cristóbal Colón anunció vía twitter que había llegado a las Indias.

 Y lo digo con conocimiento de causa. Que tiempo ha que hemos pasado página en esta nuestra España de pasados otrora siniestros, como para que cada 23-F nos fustiguen con la misma imagen de la Benemérita, caput tejeriae, disparando al aire y pintando en bastos aquello de “todo el mundo al suelo”. Que la memoria es frágil nadie lo duda y que el pasado, el peor de ellos, al menos hay que recordarlo para aprender de los errores cometidos. Pero de ahí a que año tras año, como la reposición de Verano Azul, tengamos el documental de turno, con su análisis y contranálisis, con su gato al agua especialista y sus sondeos democráticos, añadidos a la siempre manida encuesta de “¿Cómo vivió usted aquel día del año 1981?”… va siendo bastante.

 Pase que se cumpla efemérides redonda, que treinta años no son nada y son una vida al mismo tiempo. Como excusa de share es buena, pero al mismo tiempo no sé cuál era, la excusa digo, que usaron para fustigar el mismo docu con motivo del 29 aniversario ni cuál será la idem cuando cumpla 31, o sea el año que viene. Lo único que puedo decir es que, mal que nos pese, así nos vamos convirtiendo en los nuevos “carrozas”, los del siglo XXI, los que andan contando batallitas de transición con grises y manifas, igual que nuestros abuelos “cebolletas” nos cuentan las de la Guerra Civil con rojos y nacionales, mientras seguimos hablando en una moneda que no existe, peseta que nos pese, igual que el abuelo del pueblo contaba en duros y en perras gordas.

 Que luego no nos sorprenda cuando los nuevos mozos de esta España nos traten en sus tuentis, facebooks y twiters de viejos carrozas que viven en el pasado. Mejor sería, para quitar hierro al asunto, devolverle a este tan normalizado día su cotidiana esencia y dejemos aquello del 23-F para convertirlo, de una vez por todas, en un 23 de febrero como un día cualquiera.

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