…Cantos en los océanos.

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Ballena jorobada junto a su cría

¿Por qué varan las Ballenas…? Es como si algo o alguien las empujara fuera del mar, a encallar en la arena, mientras se deshidratan y mueren; pero el que varen en una u otra playa no es su verdadero problema, sino, el evadir a los arponeros, por lo que es bien recibida la noticia, que el ballenero japonés Nisshin Maru regresó a puerto sin haber cumplido su cuota pesquera debido al “acoso” del grupo defensor de los océanos “Sea Shepher”, realmente un cumplido sueño para quienes esperamos que esta cuestionable caza termine.

Las Ballenas,  son mamíferos que evolucionaron, probablemente, hace 30 millones de años. Estudios científicos han revelado que el cerebro de las ballenas jorobadas tiene un tipo de célula cerebral que también está presente en humanos, y en grandes simios, y también en otros cetáceos como los delfines; está célula cerebral es con la que se realiza el proceso de aprender, recordar y reconocer el mundo que nos rodea, lo que explicaría el que “… exhiben patrones sociales complejos que incluyen intrincadas habilidades comunicativas, de coalición y formación, de cooperación, de transmisión cultural y de utilización de herramientas”, según los investigadores.

Otros estudios, han ido mucho más allá para reivindicarlas y darles el justo lugar que merecen en la escala evolutiva, al descubrir que sus sonidos tienen la misma longitud de onda que los neutrinos emitidos por las estrellas. De esta forma los telescopios de la astrofísica han servido a los biólogos marinos para escuchar el singular canto de las ballenas, de los que podemos especular que las ballenas no solo se comunican entre ellas, sino, tal vez, sus cantos sean mensajes capaces de ser escuchados más allá de la galaxia.

Hay que aclarar que algunas especies de ballenas, como la boreal ártica, son barbadas, es decir, filtran fitoplancton, y krill para alimentarse, no así las dentadas, como las orcas, que cazan focas y morsas.

Desde tiempos inmemoriales, la caza de ballenas ha ido de menos a más, convirtiendo las costas donde las despedazan aún vivas, en verdaderos océanos de sangre, para abastecer con su carne a afamados y refinados restaurantes en el mundo, lo que ha diezmado a su población al no hacer diferencia al momento de cazar, si es una hembra junto a su cría. Tales prácticas, han garantizado que en breve tiempo veremos su inevitable extinción. Este tipo de caza es promovida por Japón y Noruega.

Y, aunque sería una gran pérdida para la humanidad la desaparición total de las ballenas, quizás sea, esta consecuencia, la única forma viable y razonable para que los arponeros desistan de cazarlas; sin embargo su existencia también está amenazada por otros factores, tales como, el calentamiento global y la contaminación de las aguas.

La ballena Minke, un poco más pequeña que las del resto de su especie, es una de las más perseguidas por los barcos balleneros, a pesar de que en 1986 la comisión ballenera internacional decretó la prohibición de la caza de ballenas.

Las fotos de sus cacerías son irrefutables, más que una caza con fines “científicos” como se le ha justificado, el hecho más bien es comparable con un homicidio intencionado, un asesinato con dolor y tortura, un crimen de lesa humanidad: el genocidio de las ballenas.

Entre los muchos países que promueven su protección y defensa, se encuentran Australia, México y Chile. Este último declaró a través de un comunicado de la Cancillería que: “Chile se opone terminantemente a la cacería comercial de ballenas y postula sólo su uso no letal, como el turismo de observación, respetar los santuarios establecidos, y en lo posible, promover el fin de la caza de ballenas.”

En la actualidad existen dos santuarios destinados a proteger a esta maravillosa representante de los mamíferos: El santuario del océano índico y el santuario antártico, lo que indirectamente ha generado un nuevo rubro mercantil, en esta ocasión para el turismo que promueve viajes para el avistamiento de cetáceos en su hábitat natural, lo que nos da la esperanza, que el verlas en pacíficas  manadas embelleciendo la superficie de los mares, puede ser pronto una feliz y cercana realidad.

CONSTANZA ARTIZ

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