Y después del trámite de la jubilación.

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Después del Pacto de las pensiones los agentes sociales se han esforzado hasta más no poder en explicarnos que en España el porcentaje de personas mayores va en aumento, previéndose un incremento mayor en los próximos años, especialmente en los grupos de mayores de ochenta. Este incremento de la longevidad, que la sociedad en su conjunto debería considerar como aspecto positivo, además de una conquista social en el desarrollo tecnológico y médico no ha venido acompañado de una mayor protección que garantice una mejor calidad de vida en la vejez, por lo que el alargamiento de la esperanza de vida ha venido percibiéndose en los últimos años como un problema. Las tasas de dependencia van a continuar aumentando, por lo que es preciso que se tomen medidas y dado que las pensiones se han rebajado se debería pensar en la atención de nuestros mayores sin que para ello se evite eludir la responsabilidad pública,  pasándose la pelota entre las distintas administraciones.

España es en la actualidad uno de lo países de la Unión Europea con mayores desigualdades sociales, con un sistema de protección social más débil y con menos inversión en este tipo de políticas. Pero tanto para el gobierno, como para los agentes sociales, atender a nuestros ex trabajadores y ex cotizantes no ha sido un tema para incluir en la negociación del reciente Pacto Económico y Social mediante el cual se amplió la edad de jubilación a los 67 años.

En mi opinión nuestros gobernantes deberían tratar a nuestros mayores, que han dejado todo en su vida laboral, siendo muchas veces explotados con el beneplácito de la administración, de forma similar a como lo están haciendo con los ex políticos corruptos –muy pocos- penados en instituciones penitenciarias. Me explico: con acceso a una ducha todos los días, al ocio, paseos, medicamentos, exámenes dentales, camas cambiadas dos veces a la semana, lavada y planchada la ropa con regularidad con comidas y sus bocadillos directamente a su habitación, con acceso a una biblioteca, sala de ejercicios, terapia física y espiritual, piscina, enseñanza gratuita, etc. La realidad no es así. Muchos mayores tienen platos fríos, se quedan solos y sin vigilancia, las luces se apagan a las ocho, tienen derecho a un baño a la semana (y más todavía), viven en una pequeña habitación y por la que tienen que pagar al menos 2.000 euros por mes contribuyendo toda la familia – si pueden – sin esperanza de salir con vida.

Por todo lo expuesto y dado que todos seremos ex trabajadores me pregunto de que se felicitan los firmantes y los adheridos a este “gran Pacto Económico y Social”, que por cierto de económico tendrá mucho sin duda, de social y más concretamente de socialdemócrata no tiene nada. El algoritmo sería simple, si rebajamos las pensiones  tendríamos que aumentar la atención a la tercera edad. Pero parece que no es prioritario.

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