El factor generador de la crisis en el mundo árabe-islámico

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El mundo árabe no es una realidad homogénea. Al contrario, las particularidades económicas, políticas, geográficas, sociales, religiosa, demográficas y culturales de cada país la convierten en una región especialmente diversa, heterogénea y compleja, y las variadas facetas con la que la crisis se está mostrando en el mundo árabe-islamico ponen de relieve esta innegable complejidad.

El colapso financiero internacional que se produjo en 2009, tuvo un impacto inicial relativo en algunos países árabes dependiendo de su grado de apertura y participación en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, operó como disparador de la catarata de tumultos y demandas que hoy se observan. La caída de la demanda global que se ha ido consolidando a lo largo del año 2010 tuvo importantes repercusiones en algunos países. Esta desaceleración, transmitió por un lado el colapso de las finanzas internacionales con las restricciones que ello provoco en las inversiones y el crédito, pero también produjo la caída de precios en los hidrocarburos y la reducción de negocios a nivel global, en particular en lo que concierne a exportaciones y turismo. En este sentido, el FMI, en su último informe de octubre de 2009 señalaba que “el principal mecanismo de transmisión” de la crisis a la región se centraría en “la reducción de las remesas de inmigrados, la inversión extranjera y las exportaciones. Así, los países árabes islámicos se vieron afectados no por una, sino por varias crisis que desde distintos frentes y con distintas formas han puesto en evidencia problemas estructurales y de desarrollo que desbordaron a las autocracias y los dictadores instalados por mas de 30 o 40 años en el poder. El principal de estos problemas ha sido la extrema pobreza, la carencia de futuro y la falta de perspectiva de aquellos pueblos.

Las posiciones de partida de los países árabes son muy diversas. Mientras que para unos la caída de los precios de hidrocarburos y de alimentos ha supuesto cierto respiro, moderando en cierta manera la llamada “Crisis de las tres efes”, crisis del petróleo, las finanzas y los alimentos , cuyos momentos más críticos se vivieron a mediados de 2008; para otros significo un recorte drástico en las previsiones de ingresos. Más aún, la desaceleración económica global sorprende a estos últimos en medio de la puesta en marcha de ambiciosos planes de inversión y diversificación económica diseñados durante el periodo de bonanza de los años 70 y 80. Otros países en cambio, han afrontado la crisis tras un prolongado periodo donde las reformas y los ajustes estructurales de liberalización política, económica y comercial jamás se cumplieron, aunque sus gobernantes efectuaran esas promesas a sus pueblos por varios años. Por tanto, el impacto y las consecuencias de la crisis actual en cada uno de estos países dependerán tanto de su estructura política, económica y social como de las estrategias y planes de desarrollo que necesariamente deberán implementarse de forma inmediata.

Una mayor exposición a los mercados financieros de EE.UU., Francia y del Reino Unido, así como mayores niveles de inversión de carácter especulativo, han producido serios recortes en los presupuestos de los países del árabes; y han afectado seriamente a países exportadores como Argelia, Libia, Arabia Saudí o Yemen; la reducción de las remesas de trabajadores en el extranjero, las exportaciones y el turismo han situado a países como Egipto, Marruecos o Jordania en una complicada situación financiera y social que, sin lugar a dudas, ha sido relevante al momento de los estallidos populares. Al aumentar significativamente los niveles de desempleo, especialmente entre los jóvenes con formación universitaria, se redujo una fuente de recursos vital para muchas familias, era una obviedad que las autocracias regionales estarían en problemas y entrarían en turbulencias como las que hoy estamos apreciando. La presión demográfica y el escandaloso nivel de desempleo agravo sustancialmente la de por si muy mala calidad de vida de los ciudadanos y ello dio lugar a que los sistemas autocráticos implosionaran inexorablemente. Los pueblos ya no aceptan vivir recorriendo el camino que les marcan sus dictadores. El cambio debe producirse ahora.

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