No será la única generación perdida

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Se trata de jóvenes nacidos en democracia, que no han conocido ningún otro sistema. Han vivido en la abundancia, saben del paro de oídas. Fueron niños muy deseados, nacidos en matrimonios relativamente tardíos, con los padres trabajando, bajo el concepto de la paternidad responsable y normalmente con un solo hermano. Muy protegidos y bastante consentidos, lo que está marcando sus valores y psicología y su entrada en la edad adulta. El que los padres tuvieran horarios  muy largos les obligó a pasar mucho tiempo solos. Han tenido que rellenar su tiempo con mucha televisión, informática y videojuegos. Son jóvenes entre 15 y 30 años (casi siete millones y medio de españoles, según el INE).

Esta generación se puede clasificar en dos formas: los multiculturales y denominados “Z”. En ambos casos, con algunas variaciones será una generación que tendrá que vivir peor que las anteriores, algo que históricamente nunca había pasado en nuestro país.

Los multiculturales han crecido en un contexto marcado por las innovaciones tecnológicas, con abundancia de conocimiento que les da poder, son optimistas, autónomos y seguros de sí mismos, creen en el futuro y en sus posibilidades. Cuentan con una escala de valores diferentes: la autenticidad y la sinceridad, la familia o la amistad mueven a esta generación que destaca por reivindicar la felicidad. Son una generación acostumbrada a vivir compartiendo acentos, nacionalidades y matices. Los multiculturales son el grupo menos numeroso.

Los “Z” son el 31,2 % entre los escolares de 18 a 24 años abandonan el colegio sin completar la educación obligatoria. Sólo Malta está peor que nosotros. Triplicamos en abandono a países como Polonia, Austria o Finlandia. En la base del abandono escolar está la propia filosofía de nuestro sistema educativo: pasar de curso con todo suspenso y juntar a quien quiere estudiar y tiene capacidad con quien no quiere estudiar y no le gusta, que opta por dejar los estudios y buscar trabajo. En la estadística también está el alumnado que son hijos de inmigrantes y que en algunos casos no hablan español; así como aquellos que han fumado, bebido y drogado, consentidos por la sociedad y las administraciones. Entre ellos es mayor el porcentaje de abandono. Llevarán el problema acompañándoles toda la vida, han salido del mundo escolar sin ninguna cualificación, sin conocer más oficio que el compadreo.

Los multiculturales tendrán que emigrar allende los Pirineos o allende los mares debido a la grave crisis. Por muy bien “colocados” que se vayan a Singapur, Canadá o Alemania, emigrantes son. Lo único que, a diferencia de aquellos de los sesenta, nuestros chicos y chicas pueden competir con los mejores de los países de destino.

Los perdidos constituyen un problema que nadie de momento es capaz de resolver. Necesitarán que los eduque el mundo (la empresa, la administración o el tercer sector).

A la vista de este panorama toda una generación no aportará nada para la mejora de la productividad de la nación y por ello se habla de que será la generación perdida. Mientras tanto, observamos como cada Comunidad Autónoma legisla en materia educativa. Unas invierten en ordenadores y otras en instalaciones. Buscan fórmulas para paliar el fracaso de las generaciones cuya educación les está siendo encomendada; pero se olvidan los gobernantes que en la educación ya está todo inventado. Y que sólo se necesitan alumnos con ganas de aprender y profesorado con ganas de enseñar. El segundo aspecto es fácil de conseguir, pero el primero nunca se conseguirá con legislaciones que cambian todo para dejar todo como estaba, en vez de atacar el problema por la base como podría ser no pasar al alumnado de curso con todo suspenso.

Ya concluyo manifestando mi firme convencimiento de que desafortunadamente no será la única generación pérdida.

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