El añejo sabor a socialdemocracia

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La responsabilidad del poder no deja espacio a las ideologías y se guía por las idas y venidas del pragmatismo, o al menos eso piensan muchos políticos que, por paradojas del destino, dicen defender ésta o aquella ideología, en un cinismo galopante que golpea a la credibilidad de la clase política y dirime todas las disputas intelectuales en favor del pensamiento único del neoliberalismo económico.

Un neoliberalismo económico que todo lo puede, capaz de refundarse sobre su propia esencia y conseguir salir indemne, sin novedad en el frente y con la fuerza suficiente, y necesaria, como para emprender otros diez años de crecimiento económico, sin regulación palpable en el horizonte.

De la socialdemocracia, que aparecía como alternativa real, nunca más se supo. Amagó con algún movimiento social de enjundia (ley del aborto, ley de los matrimonios homosexuales, ley de la dependencia, ley de la memoria histórica,…), pero no tuvo ni el valor, ni la altura de miras para modificar las reglas de juego en los tiempos de bonanza económica, se limitó a dejarse mecer por los cantos de sirena del dinero fácil que proponía el neoliberalismo económico, y luego, cuando se vio en la tesitura de tener que actuar se quedó sin capacidad de movimiento, encorsetado por las leyes inexorables del mercado de acreedores que exigían recetas neoliberales que perpetuaran su monopolio.

Zapatero, último adalid de la socialdemocracia, ha fracasado como líder refundador, mostrando su mediocridad como estadista y limitándose a enarbolar la bandera de lo políticamente correcto en lo que a economía se refiere, tirando de optimismo falaz cuando no debía y mostrándose como un pelele mecido por las circunstancias. En su primera legislatura no reguló lo que debía de haber regulado, y en esta segunda no hace más que seguir los mandatos de sus acreedores, en la primera tuvo alternativa, ahora no.

Y me apena, a mí, un socialdemócrata de corazón, aunque no de extrema convicción, que sigue pensando que existe una alternativa real y eficiente al neoliberalismo económico, que la regulación bien entendida es un factor positivo para la economía, y que la excesiva libertad de los mercados es perjudicial para las sociedades, porque generan desigualdades que terminan por erosionar la cohesión social.

Pero lo más triste es que el año próximo alguien nuevo llegará a la Moncloa, llámese Rajoy, Rubalcaba o Chacón, pero la política económica será exactamente la misma, sin moverse un ápice de la que nos llevó a la situación actual, sin que los románticos podamos volver a disfrutar del añejo sabor a socialdemocracia de los primeros años de González.

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