Estado y mercado, bicefalia asimétrica

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Uno no puede por menos que llevarse las manos a la cabeza al escuchar voces que niegan la mayor y culpan al azul celeste del cielo por la crisis financiera, en lugar de dar un paso al frente, aceptar la evidencia y comenzar a trabajar para que no vuelva a suceder.

La actual crisis financiera no ha surgido de la nada, ha surgido de la conducta irresponsable de los mercados y de la condescendencia con ella de los Estados, los primeros porque querían ganar dinero, y estaban en su derecho, y los segundos porque se dejaron cegar por el dinero y se olvidaron de la desigualdad.

Para que nuestra sociedad evolucione de manera justa y equitativa, necesitamos recuperar la simetría entre Estado y mercado. Una vez más utilizo la perfecta explicación de David Anisi, excelente profesor, excelente persona, y su ya consabido un euro-un voto, para el mercado, y un ciudadano-un voto para el Estado.

Durante los años 80, 90 y la primera década del siglo XXI, la supremacía del mercado sobre el Estado ha sido casi absoluta, al abrigo del crecimiento económico que albergaba la revolución tecnológica que estábamos disfrutando y fomentada por la caída de los países comunistas, ahogados en su propia burocracia, el mercado mostraba sus éxitos con razón, pero sin justificación.

Porque nadie duda, ni puede dudar, de que la desregulación absoluta que hemos sufrido estos años de atrás nos ha llevado al mayor período de crecimiento de la historia de la humanidad (al menos en una parte del planeta), pero de lo que nadie duda, ni puede dudar, aunque algunos lo hacen, es de que el precio que hemos tenido que pagar ha sido demasiado elevado.

La desregulación absoluta que nos ha traído el mercado nos ha llevado a tasas de desigualdad social históricas. Los ricos son cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, y las clases medias se contentan con sus juguetitos tecnológicos ignorantes del engaño al que están siendo sometidos.

Al principio del estallido de la crisis financiera se escucharon esperanzadoras palabras sobre la refundación del capitalismo, sobre el incremento de la regulación, sobre la implantación de la tasa Tobin, sobre que la crisis la pagarían los que la fomentaron, pero nada, nada de nada. Pasan los años, pasan los días, y aquí seguimos, envueltos en nuestras propias mentiras, creyéndonos lo que nos cuentan, embarrándonos en nuestras deudas y viendo como los ricos son cada vez más ricos.

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