Cuando el laicismo es un tabú

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Hablar de un estado laico parece una obviedad para muchas personas, una condición política que existe en el estado español y de la que no cabe debatir más porque está legislado. Pero el caso es que hay muchos vacios legales en las competencias de la Iglesia Católica y las relaciones Iglesia-Estado.

En el tema del laicismo hay tres posturas: quienes no saben que es el laicismo porque ni les preocupa ni les interesa; quienes tienen inquietudes porque ven que no hay laicismo al 100% y quienes piensan que ya hay laicismo porque estamos en un estado de derecho. Como dice el refrán, hecha la ley hecha la trampa.

En un contexto de democracia formal se tiende a estigmatizar ciertos movimientos sociales o posturas críticas que son contestatarias con el neoliberalismo, el racismo, el machismo y la homofobia. Es el caso del feminismo. Es muy frecuente encontrarse con mujeres que dicen no ser feministas. La carga negativa que socialmente se le asigna a este término lleva a equívocos que hacen que muchas personas no se declaren abiertamente feministas. Se ve como radical y antisistema el movimiento político-social que busca la igualdad real entre hombres y mujeres, el feminismo. En ocasiones se confunde con la ideología que apuesta porque las mujeres deben estar por encima de los hombres, el hembrismo. Dentro de estas lógicas del despiste y la manipulación hasta se llega a decir que feminismo y machismo son antónimos cuando gramaticalmente no es así.

Confusiones intencionadas por parte de los sectores mas recalcitrantes y patriarcales de la sociedad: divide y vencerás. Desde los medios de comunicación los voceros de la jerarquía católica y los partidos de derechas fomentan la desmovilización estigmatizando a los movimientos sociales definiéndolos o bien como sectarios, radicales, antidemocráticos, o bien como desfasados.

El proceso de estigmatización que supone decir que eres feminista es el mismo para el que se declara abiertamente laico. Eres tachado de radical y bicho raro, alguien exaltado fuera de lugar que no se sabe muy bien por qué se declara laico. El término “laico” (del griego λαϊκός, laikós alguien del pueblo”, de la raíz λαός, laós – “pueblo”) no busca mas que definir una postura política que apuesta por un estado aconfesional en el que ninguna religión condicione la agenda pública de un estado y se vea legitimada a nivel político para campar a sus anchas en el ámbito educativo, político, social, cultural, etc.

Lo que a simple vista parece una obviedad se convierte en realidad en un estigma que la iglesia católica utiliza a su libre albedrío para retrasar un debate sobre la laicidad del estado español que viene con retraso.

Centinelas del catolicismo como HazteOir, colectivo que parece minoritario pero tiene una gran capacidad de trabajo en red, anunció que ha entregado más de 70.000 firmas de ciudadanos contrarios a la procesión atea que este pasado jueves santo se pretendía realizar convocada por la ciudadanía organizada.

En este caso HazteOir hace una demostración de fuerza que trata de dejar bien claro quien establece las reglas del juego, en que condiciones se hace uso del espacio público y de qué manera se puede criticar a la jerarquía de la Iglesia Católica.

La respuesta en red por parte del lobby católico también muta con la clase política. El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo califica el acto de “manifestación que no debería ser autorizada, puesto que el día y en el lugar en el que se pide se está haciendo para provocar a una parte muy importante, la mayoritaria, de la población”. En este sentido el Ayuntamiento de Madrid y la Delegación del Gobierno en la Comunidad no permiten la procesión atea por atentar contra los sentimientos religiosos, sentencian que se trata de un hecho tipificado como delito en el Código Penal.

El proceso de estigmatización del movimiento laico vemos que está claro. Se describe como radicales a los activistas laicos, pensamientos fuera de luga vendidos como trasnochados e incívicos para luego marginarlos y castrarlos hasta el punto de qué uno ya no sabe si es laico o paramilitar. Lo que empieza siendo como un acto lúdico y festivo termina siendo un acción radical que desestabiliza el orden establecido.

Quizás el problema radica en qué el laicismo no es un lobby capaz de presionar al gobierno, una religión que mueve masas o una empresa entrañable en la que invertir. Como socialmente se dice que el estado español es mayoritarimente católico pues los gobiernos de turno no hacen mas que no cuestionar según que cosas.

En agosto vuelve el Papa para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), una visita expres que nos cuesta un riñón, exactamente 50 millones de euros que a la clase política parece no importarle. El Gobierno, la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid se han comprometido a que esta JMJ sea un hecho histórico sufragado por el dinero de los contribuyentes, barra libre para la Iglesia Católica dicho finamente. De hecho hasta 800 colegios públicos serán habilitados para que de forma gratuita se recepcionen a casi 1,5 millones de peregrinos.

De los 50 millones de euros que cuesta la jornada, la mitad serán financiados por empresas españolas que harán un esfuerzo excepcional para tal ocasión. Si vamos a la web www.madrid11.com podemos ver logotipos de empresas que de manera “altruista” contribuirán a la visita del Papa y al desarrollo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). ENDESA, COCA COLA, IBERIA, TELEFÓNICA, EL CORTE INGLÉS, EL SANTANDER y un sinfín de empresas que hacen alarde de generosidad y simpatía con la Iglesia Católica.

El hecho de que algunas de las empresas patrocinadoras de la jornada hayan realizado EREs y alguna que otra “reforma estructural” es un ejercicio de hipocresía que sólo se entiende si tenemos en cuenta que el Gobierno ha considerado el acto de interés excepcional. Descripción importante que les hará gozar de exención fiscal por el patrocinio de este acto.

En la comunidad de Madrid numerosas han sido las personalidades que se muestran pletóricas ante este mega proyecto que se desarrollará en agosto. Sin ir mas lejos, Esperanza Aguirre afirma estar emocionada con la celebración de esta jornada mundial y que espera que sean las mejores jornadas de la historia. No nos extraña que haga estas declaraciones como católica practicante que se le nota pero si llega a preocupar el hecho de que las haga como presidenta de una comunidad en la que en teoría representa a todas y todos los ciudadanos. Personas con numerosas sensibilidades políticas, culturales, religiosas, etc. que conviven en un contexto político aconfesional. Claro que si pretendemos manifestar esta opinión será tachada de radical y visceral, un atentado contra la sensibilidad religiosa de una mayoría aplastante.

Podríamos decir que el laicismo está de luto. Se confunde laicismo con ateísmo, no se entiende las implicaciones de un estado laico en la realidad y se persigue de manera elegante sin dejar huella cualquier postura laica que trate de colocar a la Iglesia Católica en su sitio. Sin comentarios, luego dicen que hablar de laicismo no es un tabú.

 

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