Fiesta de la esperanza

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Ya entramos de lleno en campaña electoral, marcada por una profunda crisis económica, financiera, ecológica y de valores sin precedente en nuestra democracia. Los desempleados ya son casi 5 millones, la tasa de paro supera el 21%, más de un millón de familias con la totalidad de sus integrantes en desempleo, las beneficencias y ONGs no dan abasto para poder prestar un mínimo de la atención a los más necesitados y de los que ya prácticamente nadie se ocupa.

A tenor de las encuestas y demás métodos de sondeo de opinión, disponemos de una nutrida casta de políticos peor valorada de todos los tiempos, al menos desde que empleamos técnicas demoscópicas. Ciertamente los denominados aparatos de los partidos han contribuido demasiado, siendo evidente que en las mismas no faltan: imputados, tránsfugas, nuevos ricos, etcétera.

En mi opinión, nadie se cree las propuestas que aparecen reflejadas en los programas electorales de las distintas fuerzas políticas, además pocos quedamos que aún dedicamos algún tiempo a leerlos.

Una gran parte de la masa electoral, la mayoritaria votará en conciencia para expulsar de los gobiernos a los que mandan actualmente, el pretexto o la excusa será que a peor no se puede ir. Otros votarán al partido que consideran con listas compuestas por futuros representantes denominados de los menos malos – buenos hay pocos-, ya parece que poco importa la ideología y las creencias sociales,  aún menos cuando se trata de las elecciones para las alcaldías. Y la tercera parte que compone la masa electoral está formada por sujetos votantes que sencillamente quedarán en casa al no confiar un ápice en ninguna opción política actual, y a los que se les dedicará la campaña. Serán los distintos actores tratarán de tensionar o crispar, utilizando para ello a los personajes genuinos y pródigos en expresiones, en muchas ocasiones más allá de los límites de la ética. Utilizarán los nuevos medios a su alcance como facebook y twitter, conscientes del poder propagandístico y donde tener presencia en la web se ha convertido en una cuestión fundamental en las elecciones que prometen ser ajustadas.

Yo me pregunto que habremos hecho para llegar a esta triste y desilusionante situación. Hace unos años el día de ir a votar era considerado como la fiesta de la democracia, pero en este caso mucho me temo que se convertirá en el día de la esperanza para los osados que ejerzan su derecho al voto y la fiesta tendrá que esperar tiempos mejores.

 

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