Cuarto y mitad de demagogia política

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Cuarto y mitad de demagogia política

Ha sido empezar la campaña electoral y comenzar a escuchar promesas de todo tipo, de las reales y de las inventadas, de las rigurosas y de las demagógicas, de las que se pueden cumplir y de las que no, de las que se tienen preparadas y de las que se ocurren en el momento, todas valen, porque quedan en el imaginario colectivo, independientemente de que luego haya que rectificarlas, ¿qué importa?

El ejemplo más claro ha sido el de Esperanza Aguirre, que, ella solita, ha conseguido que durante 24 horas los ciudadanos de Madrid piensen que su Presidenta, presente y futura, va a instaurar la dación en pago, como medida de resolución de los embargos hipotecarios, que sí, que luego lo ha rectificado esta mañana en Telecinco, pero ¿ha calado tanto la rectificación como el anuncio?

Y es que Esperanza Aguirre no tiene, como ningún otro Presidente autonómico, autoridad para modificar la ley hipotecaria, con lo que una de dos, o cometió un error clamoroso de ignorancia o desinformación, o, lo que mucho me temo que es la realidad, utilizó una artimaña política tan carente de ética como de respeto por su electorado.

Sin embargo, no quiero cargar las tintas sobre Esperanza Aguirre, que podría, porque no está sola en esto de tirarse al barro político para conseguir arañar unos cuantos votos, no importa las siglas, todo vale, y la legislación hipotecaria, de gran sensibilidad y sensibilización pública, es la diana a la que apuntan todas las promesas incumplidas, no ahora, sino más adelante, incumplidas, que no promesas, claro.

Unas cuotas hipotecarias pagadas por aquí, una bolsa de alquiler público por allá, una reducción del tipo de interés que me saco de la chistera, una carencia permanente para mañana, una moratoria ineficiente que ya utilizaremos, ¡usted pida, oiga!, que a todo le dirán que sí.

La única verdad es que cada vez que escucho estas campañas de comunicación tan vacías me salen sarpullidos cutáneos que no sé como curarme, y clamo por algo que nunca tendremos, un debate sereno, pausado y argumentado, entre los diferentes candidatos, pero claro, entonces perderíamos el ruido, ¿y qué es una campaña electoral más que ruido, ruido, y más ruido?

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