Louis Pasteur

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   El paso inexorable del tiempo agranda aún más, si cabe, la personalidad científica de aquellos sabios que, como Louis Pasteur, tantos y tan incalculables servicios ha prestado a la sociedad con sus invenciones y descubrimientos geniales, resultado de una dedicación total al estudio y al trabajo, por lo que sus nombres brillarán con luz inextinguible en la historia de la humanidad que habrá de evocarlos en todo momento con respeto y admiración, porque olvidándose de sí mismos buscaron siempre el bienestar de los demás. En esta generosidad sin límites y entregado en cuerpo y alma con un entusiasmo indefinible al estudio de las ciencias, se inspiró la obra de este sabio-químico francés, convertido en ciudadano del mundo por la gran propagación de sus métodos científicos.

    Frente a los cataclismos provocados por el ser humano, errante en un caminar a oscuras y náufrago en la mar de su atrevimiento, en un constante afán de lucha y poder, sembrando la destrucción y muerte a cada paso, se alzaba como un santuario de paz y trabajo el laboratorio de Pasteur, un gabinete humilde de investigaciones biológicas cuya noble y única finalidad consistía en aunar esfuerzos conducentes a establecer los principios rigurosos de una ciencia que amaba profundamente, esforzándose en vencer la enfermedad y salvar vidas.

    De gran genio de la humanidad podríamos considerar a Louis Pasteur, hombre de laboratorio que obtuvo durante su vida la visión de un profeta y que supo triunfar sobre sus enemigos científicos. De él se ha dicho que jamás ha existido un hombre al que, sin ser médico, tanto debieran las ciencias médicas. Y así es, por cuanto que no sólo revolucionó la química con afortunados hallazgos, como la disimetría molecular, sino que en biología avanzó con paso firme y seguro hacia metas ignoradas, consiguiendo un éxito rotundo con sus asombrosas teorías sobre las fermentaciones y la génesis de las enfermedades infecciosas, a la vez que dejaba sentadas las bases de la microbiología. Gracias a su prodigiosa vacuna antirrábica se llegó a la erradicación de la temible enfermedad, verdadero azote en extensas comarcas. E igualmente portentosos y de un valor inapreciable fueron sus trabajos sobre el carbunco y enfermedades de los gusanos de seda.

    ¡Cuántos Louis Pasteur necesitaría el mundo actual para que las facultades cognoscitivas con que está dotado el ser humano, en extremo desarrolladas en muchos de ellos, y esa sorprendente capacidad intuitiva para adentrarse en las cuestiones más arduas, logrando arrancar valiosos secretos a la Naturaleza, pudieran ser aprovechadas como verdaderas fuentes de energía que sirvieran para impulsar la nave del progreso humano, creando y no destruyendo!

 Foto:  Wikipedia

 http://jjconde.blogspot.com

 

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