Entrevista a Antonio Calvo. Poeta del nuevo ¿no-romanticismo?

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con el corazon en la bocaCon el corazón en la boca, deja la lengua amarga de sangre y ácida de un semen acumulado a lo largo del tiempo. Nada de edulcorantes con etiquetas como “amor eterno” o “fueron felices y…”.

El libro del que se dice que recoge “todas las edades arqueológicas de la piel del autor”, parece ser una acumulación de historias que pasaron, más bien cortas que largas, más bien al final sin un significado claro salvo el extraer el denominador común que el amor es eso, nada más que eso, un encuentro efímero entre dos cuerpos que se soportan lo que tarda en deshacerse la efervescencia del champán y deja detrás ese sabor con el comenzábamos este párrafo: el sabor del vacío de la mera materia. Lo decíamos hace unas semanas. Hoy el autor nos acompaña para hablarnos de su libro y de su concepción del amor.

Antonio, mi primera pregunta tiene que ver con esa conclusión, quizá en exceso atrevida que he hecho sobre tu libro. ¿De verdad has querido decir que hoy en día el amor tiene una fecha de caducidad tan reducida como la de las ensaladas? ¿De verdad en el mundo moderno el amor es sólo carne y encuentro, o encuentro de deseos?

Hay ensaladas que duran más que muchos amores, y además no dejan una mala digestión. Pero bueno, sinceramente no he querido plantear ninguna tesis al respecto. Supongo que tú habrás entendido mi poemario de acuerdo a tus vivencias, a tu visión del mundo, como todos hacemos con un libro o una película. Es así, y si alguien piensa al leer mi libro entero que considero muerto el amor de siempre, no voy a ser yo quien le contradiga. Pero hay muchas más lecturas posibles.

Después de una pregunta tan personal, una un poco más formal: tus poemas responden a la rima libre, y a la ausencia de medidas y ritmos “clásicos”. ¿Qué opinas de la vigencia o no de las formas tradicionales de la poesía y sus rimas? ¿Han pasado a “mejor” vida?

Bueno, en mi poemario hay dos liras por ejemplo. Puede que pasen desapercibidas, actúan a modo de transición, pero ahí tienes una forma poética del s. XVI. Creo que las formas tradicionales pueden y deber coexistir con la métrica libre, a la que por cierto también se le tiene que exigir ritmo y medida. Si no, de poco vale como poesía.

La poesía suele ser un ejercicio literario muy íntimo, autobiográfico desde las entrañas. ¿No te da pudor contar tus historias tan abiertamente?

Bueno, hay quien sabe hacer poesía sin ser autobiográfico. Puede que yo de mayor sea como ellos, a eso aspiro. Pero de momento solo he podido escribir poemas por la necesidad de contar aquello a lo que le doy más vueltas en mi cabeza. Y no, no me da pudor.

La relación con el sexo de tus poemas es múltiple: está ahí, constituye el eje del nuevo concepto del amor: encuentro físico y deseo químico; sin embargo no abundan las imágenes demasiado explícitas, más bien las insinuaciones. ¿Cómo se explica este doble plano de esencia y velo?

Te responderé con algo muy directo. Si pienso en los dos chicos que más aparecen en el poemario, solo me vienen imágenes de esas que anticipan el placer más físico, lo que tú llamas insinuaciones. Es decir: una mirada, un aroma, el tacto de una piel… Por supuesto, mi sexo con ellos fue el más satisfactorio que he tenido nunca, y claro que hubo de todo, pero eso fue porque les quería. Cada cual con su intensidad y sus matices me hizo sentir amor. Y eso para mí sigue marcando la diferencia, aunque suene anticuado. Sé lo que es el sexo exprés y me gustaría poder dejarlo atrás.

¿Dirías que el tuyo es un libro descarnado?

Salta a la vista, creo. No he omitido nada, ni siquiera pensando en que iban a leerlo mis padres, mi hermano o incluso alguna de esas personas que salen en los poemas. No se trata de exhibicionismo, sino de prueba de verdad. Y es descarnado mucho más por lo emocional que por lo erótico. Si solo fuera por lo erótico no sería descarnado, sino superficial.

¿Cuánto tiempo has tardado en escribirlo? ¿Cómo ha sido el proceso de redacción? ¿Estamos ante una recopilación de poemas que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo o brotaron todos juntos de una vez?

He tardado años. Los primeros gérmenes de poemas datan de 2005, cuando empecé mi blog. Y los últimos son de finales de 2010, muy recientes. Esto quiere decir que desde luego es un libro muy depurado. Me ha dado tiempo de desechar aquellos poemas que no soportaban el juicio a posteriori o de incorporar otros nuevos que reflejaban mejor mi estado en cada momento. Cada poema está escrito del tirón, pero también todos ellos han sufrido modificaciones. Me gusta acabar un poema cuando lo empiezo aunque luego le siga dando vueltas, es el método que a mí me funciona.

Hay un poema muy curioso de tu libro que habla de tu relación con Madrid. Es fácil escuchar a la gente quejándose de cómo es la ciudad, aunque les haya dado cobijo y trabajo en mayor o menor medida. En cambio tus versos son un diálogo con la ciudad en el que desnudas tu especial relación con ella, con luces y sombras.

No puede ser de otra forma, llegué aquí con veintiséis años recién asumida mi homosexualidad. En Madrid he vivido en libertad, me ha dado mucho de lo que soy. Me ha hecho sentir en casa, más que mi Zaragoza natal. Me ha permitido besarme en el metro con mi pareja (cuando tenía) o desbocarme hasta el amanecer. Pero también se ha llevado mucho de mi ingenuidad, es lógico. Son demasiadas emociones las que me vinculan a esta ciudad, y el balance es ambivalente: bueno y malo a la vez. De hecho, ha habido veces que he querido cambiar de aires, y una vez que sí lo hice me di cuenta de que la echaba mucho de menos. Pero lo que más echo de menos y nunca podré recuperar es ser nuevo en Madrid, descubrir sus barrios, sus parques, todos sus secretos. En eso envidio a los recién llegados.

Como en la cocina contemporánea, ¿crees que estamos deconstruyendo la construcción del amor? ¿Crees que el amor es una pura reacción química?

Creo que el amor es cada vez más un horizonte más que una realidad, al menos en las relaciones homosexuales. Y no es culpa de nadie, es así. Yo no he renunciado a amar, pero sí he aprendido a no esperar nada. La chicos que me interesan (muy, muy pocos) son inalcanzables por una razón o por otra, y asumirlo es lo más inteligente que puedo hacer. Y respecto a la química, pienso que es esencial, el comienzo de todo es ese temblor que te recorre en la primera mirada. Me ha pasado con los chicos a los que acabé queriendo, sin excepción. Luego entra en juego el intelecto, la seducción, lo que quieras. Pero sin química no hay nada, y tiene todo el sentido del mundo que así sea. Lo hace inexplicable, y por tanto más verdadero.

Una pregunta un poco especial: ¿podrías decirnos cuáles son tus versos favoritos en este libro y cómo deben ser leídos, tono, sentimiento y pausas incluidos?

Más que de versos hablaría de poemas, ya que cada uno lo concibo como una unidad. Y mi favorito es el último, sin duda. Yo lo leo siempre lentamente, y tal vez el final es lo más intenso: Ahora que el tiempo ha hecho su trabajo,/esto resiste y resistirá:/tú, “pedete”, en mis brazos. Es triste porque es la constatación de que ese abrazo, etílico por su parte, el abrazo en el que más se entregó ese chico de todos los que nos dimos, pertenece para siempre al recuerdo. Pero a la vez también da testimonio de que he vivido. Te confesaré algo: llevo un tatuaje en mi cuerpo, escondido. Es un ideograma chino y significa “permanecer vivo”. Supongo que no tengo mucho más que decir.

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