Digna culminación de la vida

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“Miles de personas han fallecido con sensación de angustia y dolor, y no hay derecho”, afirma José Cuñat de la Hoz, presidente de la sociedad Español de Medicina Intensiva Crítica. Desde lo ocurrido con el doctor Montes en Madrid, que fue acusado de aplicar sedaciones irregulares y de mala praxis, los médicos han tenido miedo y han dejado de sedar a los enfermos. Pero, los pacientes podemos estar un poco más tranquilos hoy. El pasado 13 de mayo, el Consejo de Ministros del Gobierno español ha dado un paso adelante y aprobó el anteproyecto de ley sobre cuidados paliativos y muerte digna que se debatirá en el Congreso de Diputados.

Más del 97% de los responsables de colegios profesionales médicos están de acuerdo en aplicar tratamientos para eliminar el dolor aunque esos tratamientos puedan acortar la vida del enfermo. Y los pacientes es muy probable que también. La ley quiere que sea el propio paciente el que elija cómo quiere acabar sus días y le protege de “planteamientos morales” que nada tienen que ver con la práctica médica ni con los deseos del paciente.

En el texto de la ley se recoge el derecho a los enfermos a renunciar a un tratamiento médico y al uso de sedaciones terminales para acortar la agonía y acelerar la muerte. Además, se reconoce el derecho del paciente a que se preserve la intimidad y la de su familia en los últimos días de agonía. Se establece también que pueda tener compañía espiritual y, también, la posibilidad de recibir los cuidados necesarios en su propio hogar rodeado de aquellos que quiere.

Es una ley que da un paso adelante en los derechos fundamentales de la persona, que es el derecho a morir de manera digna y sin dolor. Una vez se ha tratado la enfermedad hasta que no hay esperanza, parece ser un acto de humanidad el aliviar el sufrimiento del enfermo en sus últimos días. Es más, no creo que haya un acto más humano. Para el paciente, pero también para sus familiares.

Una muerte digna y sin dolor nada tiene que ver con el suicidio. Tras luchar contra la enfermedad, puede que durante años, nada de malo tiene que el paciente no quiera seguir acumulando dolor y esperanzas inútiles. Para él y para su familia. Tampoco a nadie se obliga a querer lo contrario. Las personas que necesiten unos meses más o que quiera ser consciente de sus últimos días, también podrá hacerlo y rechazar las sedaciones paliativas.

La Ley de Autonomía al Paciente de 2002 ya reguló el consentimiento informado y el testamento vital. Con la nueva ley se incide en el derecho los enfermos terminales en conocer la realidad: su tratamiento y sus expectativas de vida para poder tomar una decisión, y que ésta prevalezca, aunque no el médico no esté de acuerdo. Además, el paciente en situación de incapacidad para tomar decisiones, puede dejar un representante en su testamento vital para que sea otro quien lo haga.

La libertad de cada uno a acabar sus días de la manera que mejor creamos conveniente es algo que ni médicos, ni familiares, ni amigos, ni profesionales deben decidir. La libertad de escoger cómo se quiere morir es tan importante como la decidir a quién quiero votar o a qué Dios rezar o dónde quiero vivir. Es un derecho fundamental intrínseco de la persona, porque cuando uno nace sabe que algún día habrá que morir. Yo prefiero, llegado el día, que sea de una forma digna y sin sufrimiento. Dejemos que cada uno elija en libertad.

Ana Muñoz Álvarez

Periodista

 

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