España está entre las diez potencias científicas del mundo

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El esfuerzo realizado por las universidades en la última década en investigación, adaptación al Espacio Europeo de Enseñanza Superior e internacionalización corre peligro si la inversión en educación no se garantiza. El presidente de la Conferencia de Rectores pide a la sociedad que exija a los poderes públicos los recursos que garantizan el cambio de modelo productivo y desarrollo social.

Pregunta. ¿Cómo está viviendo la Universidad la actual crisis económica?

Respuesta. Con la lógica preocupación por nuestro país y por los jóvenes. A nosotros nos afecta porque nuestras fuentes de financiación pública y privada no están pasando por el mejor momento. Sería deseable que se mantenga la apuesta de todos por la educación y la investigación incluso en tiempo de crisis, o precisamente por ello, ya que el cambio de modelo productivo es necesario para abrir nuevas etapas de desarrollo social. Educación es clave para las personas e investigación para el conocimiento: en ambas radica la posibilidad de incentivar la innovación clave del cambio.

P. La educación contará en 2011 con 1.800 millones de euros menos, según publicó El País. ¿Qué va a suponer esta reducción para la Universidad?

R. La crisis afecta a todos los sectores de la sociedad y la Universidad es una parte de ella, que por tanto no está al margen de la situación. Hemos emprendido en los últimos años reformas muy importantes, para mejorar la docencia con el Espacio Europeo de Educación Superior y mejorar la investigación y transferencia con los planes europeo, nacional y autonómicos de I+D+i. Todo este progreso puede verse ahora ralentizado por problemas con la financiación. Tenemos que convencernos de que la garantía de la solidez social de España pasa por volcarse con el capital de la nueva economía, que es el conocimiento y su aplicación. La sociedad debe exigir la inversión adecuada en ello para garantizar su futuro.

P. La inversión en investigación también se reduce. ¿En qué situación está en estos momentos la investigación universitaria?

R. La I+D+i se ha multiplicado en los últimos años. España ha pasado de ser una potencia científica discreta a estar entre los diez primeros países del mundo. La Universidad ha tenido una respuesta de gran eficiencia a la inversión realizada. Es una posición que debemos mantener, porque naciones emergentes vienen empujando muy fuerte por detrás, y eso requiere seguir creciendo en inversión, potenciando la participación privada en ello. Porque, por otro lado, no somos tan eficientes en innovación. Tenemos un reto crucial en ver cómo transformamos esa capacidad científica en hacer de España potencia mundial en innovación. Deberíamos estar muy concentrados en lograrlo.

P. Cuando comenzó la crisis se habló de la necesidad de ir a un nuevo modelo productivo que pasara por la investigación y el conocimiento. ¿Cree que se ha abandonado este objetivo?

R. No creo que haya ninguna fuerza política ni social de cierta relevancia en España que no comparta la idea de ir a un nuevo modelo productivo basando en el valor añadido del conocimiento. Porque la alternativa a eso es ser un país que compite con salarios bajos, precariedad laboral y menores beneficios sociales, y esto no lo queremos nadie. Por tanto, el nuevo modelo productivo es el único horizonte deseable para el país. Ahora bien, el problema es menos la meta que los caminos adecuados para alcanzarla. No es tanto el saber que debemos hacer como el ponernos manos a la obra con prioridad hacia ello. Hay algo que debemos hacer a corto plazo, y es mejorar nuestras estructuras de colaboración universidad-empresa y de transferencia de conocimiento. Y hay otros cosas que tenemos que ser conscientes de que rinden fruto a más plazo: invertir en conocimiento requiere una cierta paciencia, porque para que avancen las ciencias se necesitan ensayos y errores, pensemos por ejemplo en la investigación biomédica o la aeroespacial. La ciencia no es programable con un calendario como la Liga de fútbol, tiene un elemento de creatividad, de ensayo y a veces también de buena fortuna. Pero lo importante es que si se apuesta por la investigación para cambiar el modelo productivo, no puede ser a base de improvisaciones, sino creando y manteniendo la base que hará que toda esa ciencia futura se transforme en una ventaja económica y social para España. No hay caminos mágicos: hay el camino de la constancia, y la confianza en ello de toda la sociedad.

P. ¿Debe participar la Universidad en la búsqueda de soluciones para la actual situación? ¿De qué manera?

R. Las universidades venimos ofreciéndonos reiteradamente a la sociedad para ayudar a su desarrollo desde nuestras capacidades docentes, científicas y culturales. Mi objetivo como Presidente de la CRUE ha sido avanzar constantemente en esta implicación mutua entre universidad y el resto de agentes sociales, administración, y empresas y representantes, y creo que estamos cambiando todos, en el buen sentido. Pero sería deseable una mayor celeridad en ese cambio, y para ello las instituciones públicas deberían ser un catalizador importante y un incentivador jurídico, fiscal y de gestión.

P. La gestión del conocimiento está en un momento de profundo cambio debido al impacto de las TIC y a lo que ha venido en denominarse como la democratización del saber. ¿Qué papel le corresponde a la Universidad en ese nuevo escenario en el que ya no tiene el monopolio del conocimiento?

R. La universidad tiene tres funciones esenciales: formar personas muy cualificadas y emprendedoras; descubrir nuevos conocimientos sobre la naturaleza y la sociedad; y ponerlos en canales para su aplicación en el desarrollo de las comunidades. El impacto de las TIC es positivo en muchos aspectos: vamos a mejorar estas tres labores propias que realizamos; nuestros estudiantes y profesores van a poder dedicar su tiempo más productivamente al aprendizaje minimizando tareas logísticas o rutinas, y nuestros científicos estarán mejor comunicados con todos los círculos mundiales a los que pertenecen. Las TICs hacen accesible el conocimiento a todos por ello, cuanto más conocimiento haya en la sociedad, tanto más importantes seremos las universidades.

P. Bill Gates ha financiado el documental Waiting for Superman, que se va a ver en cines, en el que se revisa la educación pública norteamericana y se busca corregir las deficiencias. Decía en ABC que mejorar la educación era clave para el desarrollo económico de un país. ¿Cree que la educación ha sido relegada en los últimos años?

R. España es un país que en los últimos años ha reformado su sistema escolar y específicamente ha implantado en su sistema universitario el Espacio Europeo de Educación Superior. Y todo esto es fundamentalmente educación pública, con más recursos, más becas, más infraestructuras. Lo ha impulsado el Gobierno de la nación, pero también intensamente todas las comunidades autónomas y la gran mayoría de los ayuntamientos, con independencia de su color político. Esto ha sido así porque hay en la sociedad española desde hace una o dos generaciones la conciencia de que la educación es clave para el país. El tema no es si se relega, el tema es si avanzamos a los ritmos necesarios y en una convergencia adecuada con los países de la OCDE a cuyo grupo pertenecemos. Y ahí hay cosas que los informes periódicos como PISA nos indican que tenemos que mejorar. Precisamente si se discuten todos los indicadores es porque hay interés por la educación. Si no interesara, nadie hablaría de ello. Pero, con todo, debemos recordar, que ese interés debe generar una inversión que, al menos, sea la media de los PAISES de la OCDE, es decir 3% del PIB más de lo que actualmente se invierte. Recuerdo que el Ministro dijo que ese debe ser el clamor de la sociedad. ¡Apoyémosle todos!

P. Las matrículas universitarias han crecido en España. ¿Cuál es su mensaje para los jóvenes españoles formados o en período de formación que no ven salida ni futuro?

R. Mi mensaje es que están en lo mejor de su vida, que es la juventud llena de energía, de libertad y de futuros abiertos, y que por tanto procuren aprovechar estos años para completar su formación o iniciar su profesión pero siempre con vocación. Es muy importante llegar a trabajar en cosas que a uno le complacen. Hay que aprender bien idiomas, esto será decisivo. Hay que aprender a aprender, es decir, saber adaptarse a nuevos conocimientos y aplicaciones, en cierto modo uno ya sigue estudiando toda la vida, lo que se llama ahora el Longlife Learning. Y luego que no tengan miedo a ser emprendedores ni a moverse por España o por el mundo. Son quizá la primera generación que tiene en la cabeza no su entorno local, sino el global. Deben pensar globalmente y actuar en consecuencia, así potenciarán el desarrollo de su entorno local.

P. Adela Cortina nos decía en estas mismas páginas que la Universidad debe formar personas capaces de proyectar un futuro mejor. ¿Ha llegado el momento de hacer autocrítica?

R. Lo que ha llegado el momento es de hacer autocrítica toda la sociedad, y las universidades dentro de ella. Tenemos que aprender a autoevaluarnos en todos los aspectos: empresas privadas, servicios públicos, eficacia de nuestra normativa legal, rendimientos de nuestras relaciones internacionales, impacto medioambiental de nuestro estilo de vida… Y para eso nos tienen que ayudar un poco también los filósofos como Adela Cortina, porque los filósofos se especializan en ver todos los matices de la humanidad

P. ¿Tras los cambios legislativos de los últimos años y la adaptación al EEES, la Universidad española está mejor preparada para el futuro?

R. Sin duda, el cambio y europeización del modelo pedagógico nos prepara mucho mejor para el futuro. No es una transición sencilla, porque hay que cambiar hábitos de cultura académica muy arraigados, tanto por parte del profesorado como de los propios estudiantes. Pero sin duda, la evaluación continua, la filosofía de la tutoría, el trabajo en equipo, el papel esencial de las prácticas en empresas, y la movilidad que tus créditos te dan en toda Europa, y no sólo en la Unión Europea, es algo que tiene que dar un fruto cada vez más positivo. Es natural que cuando se pone en marcha un nuevo sistema se produzcan algunos desajustes, pero estamos trabajando todos para corregirlos. Ahora el estudiante es el gran protagonista de la universidad, y me parece que es un acierto.

P. ¿Qué papel deben o van a jugar, a su modo de ver, las editoriales universitarias en los próximos años, como vehículos de transmisión del saber universitario?

R. Algunas Universidades estamos realizando un gran esfuerzo en este aspecto, y tenemos una intensa colaboración con otras universidades y con las instituciones. Nos parece fundamental poner al alcance de la comunidad lectora los frutos de iniciativas científicas o culturales que se generan en las universidades y que merecen pasar al acervo de la cultura escrita. Las editoriales universitarias son, por ejemplo, de referencia en el mundo anglosajón, y aquí serán cada vez más importantes. Tenemos que seguir buscando sellos comunes y sinergias para tener más peso aún en la vida intelectual hispanohablante. Todo ello a la vez que se establecen los formatos adecuados a la receptividad de la sociedad actual.

P. Usted es presidente de la CRUE desde mayo de 2009 ¿Cuáles son las prioridades del trabajo de los rectores en estos momentos?

R. Nos preocupa que la normativa que desarrolla la ley posibilite la funcionalidad de la Universidad en todos sus frentes para dar respuesta a los retos de la sociedad, que posibilite y ofrezca un futuro a los investigadores para que tengan una vía clara para ejecutar su profesión y ser reconocidos por ello. Nos preocupa que los recortes debidos a la crisis se prolonguen en el tiempo y que no se mantenga el ritmo de convergencia con otros países ni en conocimiento ni en competitividad. Estamos muy interesados en consolidar y ampliar la I+D+i, y en desarrollar el programa de Campus de Excelencia Internacional, que se encuentra en una fase crítica de despegue y que hay que agilizar en todas sus dimensiones. La CRUE también trabaja buscando la igualdad de derechos y la cohesión social en la participación de las personas en la educación superior y la investigación. Para todo ello es una variable esencial el asunto de la internacionalización. Hoy la ciencia y la educación forman una comunidad mundial cada vez más densa, y las universidades españolas han de asumir sus responsabilidades en esa esfera. Yo, con mis predecesores, Juan Vázquez y Ángel Gabilondo, trabajo con todas las fuerzas por ello. Todo ello será posible si entre todos identificamos con claridad lo que debemos hacer y confiamos en los que deben hacerlo. La Universidad española se debe a la sociedad, está preparada para la responsabilidad que tiene y la sociedad debe saberlo, y propiciar su acción y exigir resultados.

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