Las aves urbanitas son más valientes y exploradoras que las de entornos naturales

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La falta de depredadores favorece las aptitudes innovadoras de las aves de ciudad y, en definitiva, la tendencia a comportarse de manera más inteligente que las de otros ambientes. Es la conclusión de un estudio que da nuevas pistas para entender el éxito que muchas especies invasoras tienen en nuestras urbes.

Muchos habitantes de las grandes ciudades se hacen la misma pregunta: ¿Por qué los pájaros urbanitas suelen ser más ‘avispados’ que los salvajes? Ahora, un estudio científico liderado por el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) y publicado esta semana en PLOS One da respuestas a este fenómeno.

Según los resultados del trabajo, firmado por el Dr. Daniel Sol, investigador del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) adscrito al CREAF, y otros investigadores españoles y australianos, las aves que invaden ambientes muy urbanizados, a menudo, son más creativas cuando se trata de buscar alimento que las que viven en otros ambientes.

Las aves invasoras urbanitas, al no tener muchos depredadores en las ciudades, son más valientes y exploradoras. Estas aptitudes, indirectamente, las ayudan a resolver los problemas de una forma más creativa y rápida que las que viven en ambientes más naturales.

Prudencia vs. innovación

Para que un animal sobreviva en una nueva región, es necesario que desarrolle nuevos comportamientos que le permitan el acceso a nuevas fuentes de alimento. Si el animal no es capaz de encontrar estos alimentos, los individuos no podrán sobrevivir y la población se extinguirá. Sin embargo, la necesidad de explorar nuevos alimentos puede resultar peligrosa, debido a la exposición a depredadores. Estas dos fuerzas son opuestas y por lo tanto, las ganas de exploración y la prudencia entran en conflicto. El resultado de este conflicto determinará en gran medida el éxito o el fracaso de la población en el nuevo entorno.

El estudio se realizó en Australia, en una especie de ave invasora muy abundante en las grandes ciudades australianas, la mainá común (Sturnus tristis). Los investigadores compararon experimentalmente el comportamiento de individuos provenientes de ambientes urbanizados aquellos menos urbanizados.

En total, se realizaron tres tipos de experimentos con los que podían medir la neofobia (miedo a los objetos extraños), la capacidad de incorporar nuevos alimentos a la dieta y la innovación técnica para aprovechar nuevos recursos. Estos ensayos trataban de imitar los problemas claves a los que deben hacer frente las aves invasoras cuando se introducen en un nuevo ambiente.

No son más listas, solo tienen menos miedo

Como ya se había encontrado en otras especies, las mainás de los ambientes más urbanizados mostraron una mayor capacidad de resolver problemas, como extraer un tapón de un recipiente para obtener alimento, que aquellos de ambientes menos urbanizados. Pero no porque fueran más inteligentes, sino porque tenían menos miedo a los objetos extraños. Este hecho se explica seguramente porque, en las ciudades, las aves foráneas tienen poca presión por parte de posibles depredadores, y eso hace que tengan menos miedos.

A su vez, la valentía favorece su curiosidad y tendencia a la exploración. La combinación de ambos factores hace que, en definitiva, las aves invasoras urbanas tengan una mayor capacidad para resolver los problemas con los que se encuentran innovando día a día en su comportamiento.

Desde el punto de vista de las invasiones biológicas, estos resultados apoyan la hipótesis de que las aves invasoras modulan sus habilidades de resolver problemas de acuerdo con los costes y beneficios del contexto donde se encuentran. Esta habilidad podría en parte explicar el éxito que muchas especies invasoras tienen en nuestras ciudades.

Los investigadores capturaron 60 individuos de mainás común en dos poblaciones australianas, la mitad provenientes de ambientes urbanos y la otra mitad de ambientes poco urbanizados. Las mainás se distribuyeron en jaulas individuales para observar su comportamiento ante tres problemas con los que se tienen que enfrentar cuando invaden un nuevo ambiente.

¿Y cómo se estudia el comportamiento animal?

El primer problema es el de vencer el miedo a objetos nuevos, lo que se conoce como neofobia. Para medir la neofobia se pusieron objetos extraños cerca del recipiente de la comida del espacio que ocupaba la mainás. Los objetos eran una cinta de papel amarilla y un cepillo de perros de color verde, dos objetos que no suelen estar en su ambiente natural. El tiempo que tardaba la mainá en comerla comida después del primer contacto visual con el objeto extraño, se utilizó como medida de neofobia. Cuanto menos tiempo tardaban, más valientes eran los mineros.

El segundo problema es el de adoptar nuevos tipos de alimento. En este experimento se utilizó arroz cocido con colorante azul o verde, una comida que es poco probable que las mainás encuentren en libertad. También en este caso, se midió el tiempo que tardaba la mainá en comerse este nuevo alimento desde el primer contacto visual. Cuanto menos tiempo tardaban en comérselo, más capacidad de incorporar nuevos alimentos a la dieta tenían.

El último problema es el de explotar un alimento que requiere inventar una nueva técnica de alimentación. Para determinar esta capacidad de innovación en las mainás, se les ofreció el bol con comida escondida debajo de la tapa. Las picaduras de pico al bol determinaban la capacidad de exploración del ave, y el tiempo en destapar y llegar a la comida, la capacidad de resolver problemas.

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Más información:

Fotografías (autor Dani Sol):

http://www.creaf.cat/fotosprensa/Camera_video_Camara_video.jpeg

http://www.creaf.cat/fotosprensa/Gabies_estudi_Jaulas_estudio.jpg

http://www.creaf.cat/fotosprensa/Mina_comu.jpg

http://www.creaf.cat/fotosprensa/Prenent_mesures_Tomando_medidas.jpg

Para consultar el artículo: 10.1371/journal.pone.0019535

Fuente: CREAF

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