Premio Nobel en dilapidar oportunidades

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Premio Nobel en dilapidar oportunidades

Advertencia: Este artículo contiene referencias a los dislates y avisos diplomáticos vacíos, repetitivos e incoherentes del presidente Barack Obama. Los mismos pueden afectar el sentido común y ser molestos para algunos lectores.

De vez en cuando el gobierno del presidente Obama gusta de enviar lo que parecen ser severas advertencias a determinados regimenes. Esto no es novedad. Lo escuchamos en Egipto, en Yémen, en reiteradas oportunidades a Irán y ahora también ocurre con el presidente Bashar al-Assad. Las advertencias de Obama parecen ser acciones reales, incluso duras y suenan de maravillas para instalarlas en los titulares de los periódicos por uno o dos días. Sin embargo, aplicadas a la realidad de Oriente Medio nunca han logrado nada más que frustración y su peso específico ha sido de suma “Cero”.

El pasado miércoles las noticias internacionales daban cuenta que el gobierno Obama trataba duramente al régimen sirio confirmando nuevas sanciones y hasta pareció real que el presidente estadounidense avanzaba contra Assad de manera demoledora dada su conducta represiva sobre las multitudinarias manifestantes pro-democracia a las que Bashar reprime brutalmente. Los informes de las organizaciones de DD.HH. indican que más de 1.000 personas han muerto desde que Assad decidió ahogar en sangre las reivindicaciones de su pueblo. Fue entonces que Washington comenzó a advertir a Siria y a su presidente, pero la respuesta no tuvo demasiado éxito pues el recuento de víctimas en Siria al finalizar ese mismo miércoles fue de otros 24 muertos y cientos de heridos a manos del régimen y al viernes último deben sumarse otros 54 civiles fallecidos.

Lo concreto, es que ante la conducta del presidente Assad el gobierno estadounidense pareció tomar en serio lo que esta sucediendo en Siria y eligió dar una palmada en el trasero a Bashar emitiendo un paquete de sanciones financieras contra el líder sirio y nueve de sus funcionarios y allegados. Como es de rigor, los medios de comunicación fueron debidamente notificados de la acción por la administración y todo se dio a publicidad con grandes titulares de prensa. Pero nadie explico cual será en la practica la efectividad del paquete de sanciones y el efecto de las mismas sobre el presidente sirio y su régimen. El bochorno mayor trascendió a escasas horas de publicitadas dichas medidas. El problema que surgió no es menor y hunde en el ridículo al presidente estadounidense puesto que con tantos meses de advertencias de parte de Obama al oftalmólogo sirio devenido en dictador se ha tomado conocimiento que no tiene dinero en bancos o empresas dentro de los EE.UU. ni para comprar una shawarma.

Increíblemente el presidente Barack Obama continúa sin comprender que anunciar y publicitar sus acciones a futuro como también sus plazos militares, le ha resultado contraproducente tanto en Irak como en Afganistán y lo mismo ocurre hoy con Assad, ya que, si son demasiado cortos, su enemigo lo va a esperar y si son demasiado largos, su enemigo ejecutará antes que él las acciones políticas o la estrategia para neutralizarlo. Establecer y publicitar “una línea de tiempo” nunca configura una buena idea cuando se habla de Oriente Medio y como ha quedado visto una vez mas, estas decisiones han depositado al presidente en un ridículo de magnitud dada la reiteración y previsibilidad de su accionar, y ello tiene origen en la propensión del propio Obama en anunciar con suficiente tiempo lo que va hacer. A partir de la asunción al poder de la administración Demócrata, los enemigos de los EE.UU. no necesitan de aparatos de inteligencia, Obama se los hace muy fácil y les avisa cada movimiento que realizará con suficiente antelación. Así, cuando el presidente sirio conoció las sanciones ejecutadas sobre Gaddafi y el congelamiento de activos del coronel libio, más la declaración del nuevo embajador estadounidense en Damasco lo único que hizo fue mover sus fondos, los quitó de EE.UU. y los colocó en plazas financieras amigas.

Pero hay una lección más que aprender de la política exterior de Obama y sus anuncios, estas advertencias demócratas son tan vacías como sus actuales políticas para el Oriente Medio y en este punto no esta demás recordar a Jimmy Carter, que en su tiempo, se esforzaba por emitir y publicitar advertencias sobre conductas inaceptables mientras la embajada estadounidense en Teherán era infiltrada primero y copada militarmente después por elementos fundamentalistas de Khomeini. Esta costumbre Demócrata de alertar sus acciones y movimientos futuros ha sido sumamente negativa para la propia seguridad de los EE.UU. Por no mencionar la última operación militar ordenada por Obama en la que un helicóptero de fabricación estadounidense acabo estrellándose en el patio de Osama Bin Laden, quien milagrosamente quedó atrapado en pijama y pudieron cazarlo cuando casi falla la operación evitando así el bochorno de un nuevo fallido ante el enemigo publico de los estadounidenses.

Obama debe comprender que en las relaciones con regimenes represivos y dictatoriales no debe ni puede haber avisos. Nunca avisaron los terroristas que estrellaron los aviones el 11S ni avisaran sus planes y operaciones los terroristas que seguramente están elucubrando en este preciso momento nuevos ataques contra ciudadanos y soldados norteamericanos dentro y fuera de suelo estadounidense.

En los últimos meses, se ve a los asesores del presidente Obama muy ocupados en mejorar la imagen de su jefe de cara al 2012 pero nadie le ha dicho al presidente que debe mirar los grandes cambios en Oriente Medio en los últimos seis meses para que anuncie cosas serias y responsables, como por ejemplo que EE.UU puede y va ayudar a fomentar el crecimiento de la economía y la democracia después de la llamada primavera árabe y así dejar de ofrecer pistas de lo que hará en el futuro con aquellos gobiernos y dictadores hostiles al mundo libre y a la democracia.

Históricamente el partido Demócrata y su cultura liberal, ha demostrado ser portador de ideas innovadoras pero impacientes, Jimmy Carter gustaba decir: “Mañana o a más tardar pasado mañana” y ello lo llevo al fracaso rotundo en sus gestiones de paz en el conflicto palestino-israelí y el Oriente Medio sufrió durante décadas esta peculiar idea Demócrata que pareciera continuar instalada en sus postulados de gobierno cualquiera sea el inquilino en la Casa Blanca. Pero en rigor de verdad, no hay mucho por hacer para contrarrestar esta inequívoca vocación autodestructiva de la que el presidente Obama hace ostentación.

Los Demócratas deberían comprender que el equilibrio es la clave en cualquier estrategia política y militar y las decisiones de su administración deben considerar los costos y los riesgos, porque solo así se evaluaran los beneficios. Aunque hoy en día, la estrategia estadounidense para el Oriente Medio se percibe total y absolutamente fuera de equilibrio.

El ultimo gran error de la administración Obama ha tomado cuerpo escasas horas atrás cuando negando cuestiones cruciales y pautas básicas de la historia y la idiosincrasia del mundo árabe ha ratificando el pedido de aplicación de las fronteras de 1967 como solución al controversial palestino-israelí obviando que organizaciones como Hamas consideran al Estado israelí una anomalía en la región al que se debe destruir. A estas alturas Obama debería saber que los palestinos no pueden reconocer a Israel sin sufrir una pérdida insoportable de su honor y sin ser humillados por los demás estados árabes-islámicos, al tiempo que Israel no puede ceder más territorio sin garantías concretas de seguridad y de su reconocimiento como Estado judío.

En otras palabras, la administración estadounidense se ha esmerado por transmitir a sus enemigos un mensaje de debilidad, temor e indecisión y ello ha configurado un gravísimo error en la búsqueda de una paz genuina. El presidente Obama puede argumentar que el diálogo es necesario para aclarar malentendidos y reparar las injusticias de un pasado real o imaginario pero sus enemigos seguirán viéndolo de otra manera e interpretándolo como “una falta de voluntad de ganar”. Sólo cuando Estados Unidos recupere su poder de disuasión y restablezca su aura de invencibilidad estará en condiciones de lograr la paz y la seguridad que busca y lo mismo para Israel. Entonces se podrá establecer una paz verdadera. El presidente Obama no debería olvidar que Israel logró sus tratados de paz después de duras guerras y ello fue así porque demostró que pudo vencer las más feroces dictaduras socialistas árabes y de no haber sido de esa manera, no hubiera sobrevivido. Barack Obama debería saber que si ello no hubiera sido así, jamás habría sido posible firmar ningún tratado de paz en el pasado, en el presente ni nunca. Y allí encontraran las razones aquellos escépticos sobre por que “la paz fría” con Egipto y Jordania se mantiene, mientras que el proceso de paz con los fundamentalistas no ha tenido ni tendrá avances reales mientras las organizaciones del terror marquen la agenda del Oriente Medio.

 

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