Del cava catalán a los pepinos

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EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

                  

    Lo ocurrido ha sido impepinable, y nunca este término ha guardado tanta relación con lo ocurrido con la crisis de los pepinos. Ningún Gobierno hubiera podido evitar que el de otro país declarase las malas condiciones de un producto suministrado por otro. Afortunadamente la cosa ha durado pocos días, pero cierto es que se ha hecho un gran daño a la agricultura española, tanto en lo económico como en lo que respecta al prestigio y  calidad de los productos hortofrutícolas que se cultivan en nuestro país.

     De todos modos, y como era de esperar, la panda de gaviotas del Partido Popular se han lanzado picoteando sobre el vertedero que se ha formado debido a que ha habido que echar a la basura toneladas de diversos productos agroalimentarios y han competido con los moscardones y moscas que suelen revolotear y picar sobre dichos productos en proceso de putrefacción. El graznido de las gaviotas ha sido el de siempre: “El Gobierno ha actuado tarde y mal y pediremos responsabilidades”. Yo, y creo que como yo otros muchos, no sabemos qué es lo que podía haber hecho cualquier Gobierno en el caso de los pepinos, si en un país sus autoridades sanitarias señalan un producto alimentario como nocivo para la salud de las personas y de inmediato los que distribuyen al público estos productos dejan de comprarlos porque la gente tiene miedo. Hombre, siempre hay una solución y es la de ir a punta de pistola obligando  a los que han decretado el mal estado de los pepinos que  a su  gente, así, sin más, le digan que donde dije digo, digo Diego. Lo que ha ocurrido, el final de la película, es el normal, los responsables sanitarios de Alemania se han dado cuenta de su error, lo han hecho público y de inmediato se ha reanudado el tráfico normal de compra y consumo de las hortalizas y frutas españolas. Por mucho que España pudiera jurar y perjurar que con los pepinos no pasaba nada, es normal que la gente lo tomara como una argucia para evitar lo que ha ocurrido. Era Alemania la que debía retornar las cosas a la normalidad de siempre, como así ha sido. No obstante las gaviotas carroñeras aún seguirán revoloteando sobre los montones de frutos podridos. Es su medio de subsistencia. Acabo de ver en Internet una foto de la cúpula del PP, publicada en los medios de comunicación, en la que se ve a Mariano Rajoy, con una rodaja de pepino en la mano y con la boca abierta y la lengua fuera como si se dispusiera a recibir la sagrada forma, la hostia. Los hay que comulgan con la clásica hostia, los hay que lo hacen con un trozo de pan y otros, como Rajoy, parece ser que comulgan con una rodaja de pepino. En la noticia se da cuenta de que esto ocurrió después de la comida que celebraron los del PP, cuando ya los medios de comunicación habían dado cuenta de que Alemania había reconocido su error. Antes no, por si acaso.

     Pero hay una cosa que yo he echado en falta y esta no es otra que no he visto por parte alguna a todos esos “patriotas” españoles que un día gritaron aquello de: ¡Boicot a los productos catalanes! ¡No consumamos cava catalán! No, no les he oído gritar arengando a la gente para que no consuman productos provenientes de Alemania. Será por aquello de que los hay que son felices cuando se auto flagelan, disfrutan tirando piedras sobre su propio tejado y mojándose con sus propios orines expulsándolos hacia arriba. Me gusta este mundo porque hay y ves de todo.

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