Los datos ficticios del paro de mayo

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El paro, o desempleo, de mayo nos ha ofrecido una alegría ficticia, de la que todos conocemos la trampa, incluido el gobierno, a pesar de que se vanaglorie de las cifras, y es que es lo que tienen las cifras económicas, que siempre se les puede dar la vuelta para que sean más positivas o más negativas de lo son realmente.

Lo único cierto es que los datos de desempleo del mes de mayo no son ni buenos, ni malos, sino todo lo contrario. Entran dentro de lo previsible y no hacen sino confirmar la estacionalidad del mercado laboral español, condenado por su tremenda dependencia del sector turístico, para bien o para mal.

Ello nos ha llevado a unas buenas cifras de contrataciones, aunque todas, o casi todas, ellas temporales, nada de indefinidas, que no tendría porqué ser malo si el mercado laboral español funcionara con naturalidad y no preso de las rigideces que lo condenan a la permanente oxidación de su fuerza de trabajo.

La dualidad del mercado laboral español sigue perpetuándose y nadie parece estar dispuesto a ponerle fin, mientras que los empresarios siguen teniendo miedo a contrataciones que los hipotequen en el futuro, tan incierto como la propia supervivencia de sus negocios.

Para que el mercado laboral español se moviera en consonancia con la realidad económica de nuestro país, necesitaríamos que tanto trabajadores como empresarios tuvieran la libertad necesaria como para poder moverse horizontal y verticalmente, sin necesidad de pérdidas de derechos o económicas, para los primeros y los segundos, respectivamente, las cuáles no hacen sino hacernos navegar en una perpetua crisis económica y laboral, sin solución de continuidad.

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