Ciencia

Talas en la Selva de Oza

Para mí siempre fué un lugar mágico La Selva de Oza. He recorrido sus bosques, muchas veces, en busca de elfos y de duendes pero nunca se han dejado ver, aunque los intuí en algún instante. Corzos y ciervos descubrí cuando la mañanas apenas era una promesa, pero el hada que vive entre las hayas les avisaba de mi presencia para permitirme admirarlos, sólo un instante, antes de correr a la espesura.
En esta primavera recién estrenada, los gigantescos abetales lucen más verdes y las hayas son el contrapunto de la perspectiva en este lienzo  inacabado de la pureza en el color. Hemos vuelto este sábado, para ver la lluvia mansa rociando la montaña y perdernos por el intrincado mundo de los bosques, donde los musgos tapizan las humbrías y la afombra ocre de las hojas  muertas, que pertenece al pasado, amortigua el sonido de nuestras botas cuando las pisamos. Con voces de raices minerales, en nuestro alrededor se desplegan los sonidos, acaso el torrente, o quizá el mecimiento de las ramas allá arriba, tal vez  nuestra propia respiración, posiblemente un pajaro, probablemente el silencio.
Pero, llegados al principio de la pista de acceso  a esta parte del Parque Natural de los Valles Occidentales, nuestra impresión fué la misma que el día que descubrimos que los niños no venían de París y menos en cigueña. La fronda había sido arrasada en la primera parte de la pista, al pie de la barrera de acceso a vehículos no autorizados, a la izquierda. Se da la circunstancia que concretamente ese corro de bosque lo conocemos muy bien, muy bien, por razones poderosas que no vienen al caso; recordamos algunos árboles, los regatos de agua discurriendo, los altivos abetos, las sabias hayas, la sombra protectora y sobre todo, el silencio. Ahora es un erial de ramas y viruta que no hace presagiar nada bueno. Dos bulldozer hacen guardia en su día de fiesta.

Indignados, no dímos crédito a nuestros ojos. Pero la sorpresa ganó en enteros cuando lo que era una verde planicie donde cientos de abetos invitaban a buscar setas, cosa tan frecuente como habitual entre los excursionistas, era una desolada calvera de suelo de astillas en la que ondeaban desaliñados y desnudos troncos mutilados hasta casi la copa, en numero escaso y esclarecedor.  ¿Talas de esclarecimiento? ¿Barbaridad ecológica? ¿Ansia de negocio? ¿Expolio contra natura? ¿Quién justifica que se abandonen hasta los sprays de pintura en la orilla del camino? ¿Como se puede explicar el exterminio de una extensa zona de la Selva, de las más visitadas y recorridas, pues se encuentra en ella la famosa Corona de los Muertos, en cuyos accesos, por cierto, abundan los restos de otras talas que se están pudriendo y que servirían de excelente combustible en una catastrófe posible  ¿Quien permite estas talas? ¿Alguien las controla?

Somos conscientes de las necesidadas de aprovechamiento del medio ambiente por parte de los montañeses y de la regeneración de las masas boscosas del Pirineo. Somos conscientes de los Organismos que se ocupan de nuestro País. Pero somos conscientes de lo que vimos y sin saber casi nada acerca de talas, los rastros parecen indicar que se han excedido. Lo de poco o mucho dependerá del sentimiento de cada uno.


A modo de muestra, adjunto algunas disposiciones de la Ley de Conservación de Espacios Naturales y de la flora y fauna silvestre, en vigor desde 1989:

DISPOSICIONES GENERALES

 

Artículo 9.

 

1. La utilización del suelo con fines agrícolas, forestales y ganaderos deberá orientarse al mantenimiento del potencial biológico y capacidad productiva del mismo, con respeto a los ecosistemas del entorno. 2. La acción de las Administraciones Públicas en materia forestal se orientará a lograr la protección, restauración, mejora y ordenado aprovechamiento de los montes, cualquiera que sea su titularidad, y su gestión técnica deberá ser acorde con sus características legales, ecológicas, forestales y socio-económicas, prevaleciendo en todo caso el interés público sobre el privado.


 

. Los Parques son áreas naturales, poco transformadas por la explotación u ocupación humana que, en razón a la belleza de sus paisajes, la representatividad de sus ecosistemas o la singularidad de su flora, de su fauna o de sus formaciones geomorfológicas, poseen unos valores ecológicos, estéticos, educativos y científicos cuya conservación merece una atención preferente.


 

2. En los Parques se podrá limitar el aprovechamiento de los recursos naturales, prohibiéndose en todo caso los incompatibles con las finalidades que hayan justificado su creación.

 

3. En los Parques se facilitará la entrada de visitantes con las limitaciones precisas para garantizar la protección de aquéllos
 
Recuerdo que en el año 2007, cuando entró la nueva Corporación en Hecho,  se anunció que su primera tarea iba a ser conseguir reabrir el camping de Oza, que abandonado, presenta un lamentable aspecto en una de las zonas abiertas de Oza, en la pradera. Después de su mandato, o casi a punto, ese camping sigue tan muerto y olvidado como desde hace décadas, cosa que no se entiende muy bien, dada la ubicación, pero no es de mi incumbencia. Por hacer una coña y sin querer ser mal pensado  vamos a ver si a alguien no se le ha ocurrrido la idea de montar un circuito de  “cross golf”  en plena Selva, porque demostrará que no tiene ni idea. Olvida que los duendes son muy traviesos con las pelotitas. De todas formas, si la cosa va por ahí, les recomiendo que consulten con el el que más sabe de “cross golf”, que no es otro que el genial artista Miguel Angel Arrudi, allá en su Ibonfiecho, en la Val de Tena.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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