Paralelismos: Djokovic y la nueva literatura

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Cuando Rafa Nadal le arrebató por méritos propios el número uno de la ATP a Roger Federer empezó la era Nadal. Lo mismo ha ocurrido con Novak Djokovic que, en cinco victorias consecutivas al tenista manacorense (la última hoy en Wimbledon 2011), ha demostrado que es digno merecedor de estar en lo más alto del Olimpo de la ATP.

Pero ¿qué se necesita para crear una nueva era? Djokovic lo sabe. Para destronar a Nadal era necesario conocer sus fortalezas y debilidades y sacarle el máximo provecho. Y lo ha conseguido. Su juego de lanzamientos poderosos y un ataque constante, desgastan al oponente tanto física como mentalmente. Con la mezcla de técnica y fuerza, Djokovic arrincona a sus adversarios, les hace caer en el error, los apabulla mediante sendos lanzamientos, allí, donde es difícil llegar. Y no solo es fuerza, también es inteligente para en cualquier momento dar un golpe de mucha habilidad que desequilibra el juego a su favor. Esa fusión de fortaleza e inteligencia es lo que le ha hecho subir tan alto en la ATP al tenista serbio. Con esto no digo que la era Nadal haya acabado; simplemente digo que ha empezado la era Djokovic. Nadal, si quiere superar al tenista serbio, tendrá que hacer un esfuerzo no físico sino técnico. Los argumentos de Djokovic los he mencionado y quien quiera superarle tendrá que ir más allá (consolidar su número uno venciendo a Federer es una tarea pendiente). Aunque va a ser difícil porque cuando un tenista empieza una era, es para quedarse, como en su tiempo lo hizo Rafa Nadal con Roger Federer. Es el turno de Djokovic. Se lo ha ganado por méritos propios porque ha cambiado las formas más no el fondo.Todos sabemos que para tener éxito en el tenis, como otros deportes, la suma de fuerza y técnica es vital. El serbio ha conseguido esa suma de la mejor manera con un estilo propio.

Si hacemos un paralelismo, en este caso, con la nueva literatura, ocurre lo mismo que como en el tenis: el fondo no cambia sino la forma. Las reglas de juego son las mismas; el cambio está en la forma, en el estilo. En el leguaje del tenis se diría: “es el cambio en la estrategia de juego para ganar”.

La poesía, la narrativa y la literatura en general siempre tendrán las mismas reglas, el mismo modo de contar o expresar una idea o historia. Una nueva era significa cambiar la forma, como lo ha hecho Djokovic. Todo está en constante evolución y cambio. Y la literatura no es la excepción. En lo personal, me gusta la manera clásica de composición literaria, a la vieja usanza, pero también me gustan las nuevas formas de abordar o contar una historia. La experimentación es el paso previo. Experimentar con nuevas formas, nuevos estilos. Literatura para lectores apresurados; lectores que piensan y razonan de manera audiovisual, en tres o cuatro dimensiones; lectores que consumen cine y relacionan sus sentidos sensoriales con lo audiovisual; lectores hiperinformados; lectores pragmáticos (no confundir con lectores consumidores de literatura de moda, me refiero a los lectores que consumen literatura que sintonice con su entorno inmediato y futuro tanto en la temática como en la forma). Los nuevos lectores ya no leerán a Vargas Llosa, seamos sinceros; las nuevas generaciones de lectores, los lectores del iPad y nuevas tecnologías, son el fiel reflejo de su tiempo. Entonces, estos nuevos lectores requerirán un nuevo tipo de literatura que se adapte a ellos, a sus nuevas necesidades, y no a la inversa.


Pero recordad que, como dije anteriormente, la nueva literatura será novedosa en sus formas más no en el fondo porque las reglas de juego ya están hechas. Las buenas historias o ideas (en el caso de la poesía) siempre será lo primero. Si acaso una nueva era de la literatura llegase pronto, esta tendrá que respetar las reglas de juego y tendrá pues que cambiar sus formas. Representar por medio de la literatura el tiempo en el que está inmerso y adaptarse a los nuevos lectores.

El ejemplo de Djokovic va en paralelo con la nueva literatura. Llevar a la práctica la teoría de juego que tiene este tenista es la clave que le ha hecho llegar tan lejos. La literatura no es una competición como el tenis; lo que tienen en común son las nuevas eras o formas de enfocar lo novedoso: Djokovic con su forma de jugar ha creado una nueva era y un escritor o escritora con sus nuevas formas literarias, tanto temáticas como técnicas, también crea una nueva era. Ya no se escribe como Faulkner, Flaubert o Quevedo. Hoy la temática acorde a nuestro tiempo, sus nuevas formas de expresión y de comprensión del entorno, es lo que hace la diferencia entre la literatura clásica y la actual o la que vendrá en un futuro.

En la literatura esa sintonía o sincronización entre lector y escritor es lo que crea una nueva era. No confundamos las nuevas eras con las modas. Lo que está de moda durante un tiempo, como ocurre con muchos [no todos] best sellers no pueden ser consideradas como una nueva era en la literatura puesto que su paso es efímero. Una nueva era por ejemplo la crearon Cervantes, Shakespeare, Allan Poe, Baudelaire, y otros. Las nuevas eras en cualquier ámbito tarde o temprano siempre terminan apareciendo.

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