Los divorcios en la Tercera Edad

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Según algunas estadísticas, sabíamos que un 50% de los matrimonios que se realizaban en nuestro país, divorciaban en sus cinco primeros años de convivencia. Al parecer la crisis económica ha reducido bastante la cifra de divorciados, los gastos judiciales, la división de gananciales y sobre todo, la necesidad de mantener dos viviendas en aquellos casos que tienen hijos menores y que la Justicia, cada vez más justa, otorga la custodia compartida a ambos cónyuges, han hecho posible acuerdos de convivencia, salvaguardando el debido respeto a la vida privada y su derecho a rehacer su vida de los dos componentes de la ex pareja.

Pero cuál es la realidad y ¿por qué se divorcian cada vez un mayor número de matrimonios pensionistas? Según un informe de la Agencia Europea para el estudio de la Tercera Edad. Ya no es la señora cansada del sometimiento de un marido intransigente que la agredía verbalmente cada vez que mantenían una conversación.

En estos momentos, son los hombres mayores de 60 años quienes se cansan de los silencios de una pareja y una casa que ha quedado solitaria al marcharse los hijos para hacer sus vidas.

Vivimos unos momentos en los que existe una mayor oferta que demanda, mujeres jóvenes y también hombres capaces de despertar una mente dormida por la rutina y el hastío de una casa vacía, atrayéndoles con una química bastante apetecible para las personas que ya creían sin atractivo físico para aspirar al amor.

La farmacología y la alimentación han hecho milagros y algo que nunca se atrevieron hacer con sus parejas de siempre, se atreven sin ningún pudor con personas más jóvenes que hacen lo necesario para ilusionarles con mimos y caricias.
Lo que hasta hace muy poco tiempo era normal, solo entre gente rica y poderosa, en la actualidad es algo real para hombres y mujeres de cualquier estrato social que se pueden permitir poner fin a un matrimonio infeliz o simplemente triste y amargado.

Los divorcios entre mayores de 60 años tienen una demanda creciente y con tendencia sostenida de una media anual de 9,4% entre los hombres y 6,1% entre las mujeres.

Hace muy pocos años un pensionista era simplemente; si se mantenía activo, quien arreglaba todas las chapuzas de la familia, y si no el abuelo que sentado en la puerta de su casa, contaba sus batallitas o daba algunos sabios consejos mientras tomaba el sol. En la actualidad, van al gimnasio, se embadurnan el cuerpo de crema anti-envejecimiento, son activos y con ganas de sentirse amados y no están dispuestos a vivir junto a un/a compañero/a crítico/a que les recuerde a cada instante la edad que tiene.

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