Tarde o temprano…

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No son las promesas jamás cumplidas; ni los supuestos ideales amalgamados de insomnes borrachitos filosofantes; ni las órdenes que nadie cumple; ni los crímenes cometidos por su ineficiencia, ineficacia y soberbia estupidez; ni la corrupción a todo nivel; ni el abandono en el cual se está hundiendo el país; ni las obligadas e interminables horas de pendejadas a través de los medios; ni el haber destruído el aparato productivo nacional; ni el obligar a la juventud pensante y estudiada del país a emigrar a otros rumbos en búsqueda de vida sana y crecimiento personal; ni la falta de alimentos; ni la falta de empleos; ni la falta de seguridad social y personal; ni en el decrecimiento del producto interno bruto; ni la utilización del hampa común como política de estado; ni la galopante e imparable inflación; ni las devaluaciones pasadas y las que están por venir; ni el adoctrinamiento escondido en ese saco sucio de la “educación socialista”; ni el servilismo de las instituciones públicas a un proyecto absurdo, obtuso y vacío; ni la regaladera de dinero a Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina, Uruguay y quién sabe a quién más, a cuenta que “se invierte en las obras más colosales de esos países”; ni que sus plebeyos lo consideren el sol, alrededor del cual giran y les da la vida que no tendrían por su propio esfuerzo y trabajo por ser unos ineptos, ni que otros bendigan el día de su nacimiento y algunos más defendiendo a capa y espada lo indefendible, la estupidez; ni que esté enfermo de verdad o por estrategia del G2 cubano en pos de las próximas elecciones o este desintoxicándose de los barbitúricos y re intoxicándose de más idealismo filosófico comunista con “el gran Fidel de la gran Cuba ese que melodramáticamente “casi fue médico y el cuasi paciente” o que, al final de todo, esté loco de bola.

No. Lo peor, lo más cobarde, la verdadera traición a la patria es la persistente siembra del odio, propiciando al racismo, obligando al divisionismo de clases sociales.

El quebrantar la ley impunemente en contra de quienes los adversan, aplicándole una ley sesgada, corrupta, malévola, insidiosa, agazapada en la mediocridad de los jueces.

El apagar los derechos que deberíamos gozar, por el sólo hecho de ser personas, sin distinción social, económica, política, jurídica o ideológica, y no tenerlos por ser chavistas.

Esa apología al odio, ese placer de propagar amenazando la guerra a su propio pueblo y países vecinos, ese esconder la mano tirando la piedra al unísono de los grupos y países terroristas; ese usurpar la posición de “gobernantes” para pisotear y explotar al hombre por el ideal, será lo que tarde o temprano los llevara tras las rejas.

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