De reinos y repúblicas… y sus gobernantes

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  En principio me es indiferente si en mi país el jefe del Estado es uno de sangre real o lo es de sangre plebeya; lo que no entiendo es el que éste sea una figura decorativa, puesto que no entenderé eso de… “reina pero no gobierna”; entiendo mucho mejor y lo desearía primero (“dentro de que nada sea perfecto”) el sistema norteamericano o francés; donde se elige a un individuo (luego éste elegirá a sus secretarios), que es el que va a gobernar y por encima de éste, no hay otro que “le haga sombra”… salvo y es claro, las camarillas que precisamente en la sombra, los arropan para que lleguen al sillón principal. Pero aún así, llegados a éste, manda y se hace responsables de lo que mande.

 

Lo del “paternalismo”; sea por la personalidad de “una testa coronada o de una vara dictatorial”; no lo admite mi inteligencia, puesto que el que gobierna lo que tiene es que gobernar; primero enseñando a sus gobernados (“que no súbditos”) para que se sepan valer por sí mismos y en todos los campos legales que un Estado bien conformado, debe tener disponibles… y luego, que cada individuo se las busque como pueda y con arreglo a su inteligencia, esfuerzo y trabajo desarrollados; lo que le debe ser más que suficiente para vivir y progresar… No soy partidario de subvenciones y ayudas, salvo casos muy extremos; préstamos sí, pero con las máximas posibilidades de que estos serán devueltos en el tiempo previsto, sin que yo diga que hay que tener siempre garantías materiales… “una idea y proyectos viables y bien comprobados merecen recibir esos préstamos”, pero ni un céntimo a fondo perdido… “el que quiera peces que se moje el culo”.

 

Por descontado que de puestos hereditarios, “nada de nada”; si el ciudadano “ha de mojarse el culo para obtener peces”; el mandatario (cualquiera de ellos y en persona, nunca en listas) debe ser elegido por quienes lo van a soportar luego; pudiendo ser reelegido una o dos veces (nunca más) y luego que vuelva a sus quehaceres, sin ninguna paga vitalicia, salvo que llegado a su edad de jubilación, la reciba… “pero por la profesión que tuviese antes de entrar en política”… puesto que como bien dijo Confucio hace dos milenios y medio… “quién no sepa gobernar su casa o hacienda, que no entre a gobernar hombres”. Más claro imposible.

 

Me inspira cuanto antecede, un escrito de un miembro de la familia de los Borbones y que fuera pretendiente al trono de España y el que le escribe a su filial pariente, cuanto sigue:

 

            “Si la Nación es pobre, vivan pobremente el rey y sus ministros”: “Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. Si el rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir ministerios, y reducir provincias, y disminuir empleos, y moralizar la administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, gobiernos y pueblos. Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramose por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del reino”. (Carlos VII a su hermano S.A.R. Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este. 1869).

 

Reconozco los buenos consejos y las buenas intenciones del tal Borbón, pero ello habría que aplicarlo con contundencia, con el mando que da el poder y sin contemplaciones, buscando favorecer el todo y no la parte; que es lo que entonces y como ahora, llevó a España a la ruina; pero pensar en que estos inútiles actuales, obrarán de tal forma y manera… “es tener más fe que Jeremías”… Y como no es el caso de llorar como aquel individuo del que nos habla la Biblia… procuremos trabajar presionando, para que los que han de gobernar gobiernen… y lo hagan con justicia y para todos los españoles… ello llevará tiempo, puesto que aún seguimos cayendo “en el abismo de la decadencia”… esperemos que pronto se empiece a asentar “lo que quede” y de esas cenizas, resurja de nuevo “la Nueva España”… destruida una vez más.

 

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