Identifican genes responsables de la pigmentación en ovejas

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Un trabajo de científicos australianos en colaboración con la Universidad de León puede ayudar a seleccionar ovino de raza merina con lana más blanca. En Australia, la inmensa cabaña de ovejas que pasta por ese vasto territorio tiene una misión productiva concreta: la producción de lana. Entre los ganaderos, las ovejas negras justifican su fama. La presencia de motas oscuras en la lana del ganado ovino de raza merina causa un efecto disuasorio en los ganaderos, ya que el animal que tiene estas características es considerado como improductivo.

Su objetivo es obtener la lana más blanca posible, y para ello, un grupo de investigadores de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (Csiro, el equivalente al CSIC en Australia) estudia el posible origen genético de esta característica corporal. Investigadores de la Universidad de León han colaborado con ellos recientemente, en un trabajo publicado este mes en la relevante publicación en línea PLoS One.

La doctoranda Elsa García Gámez realizó entre mayo y octubre de 2010 una estancia en el centro especializado en la industria ganadera que tiene el Csiro en Brisbane, a partir de una beca de investigación del Ministerio de Educación. Los científicos de este organismo australiano emplean una técnica genómica denominada sets de datos genómicos, “que permite el estudio de los polimorfismos distribuidos por todo el genoma”, explica a DiCYT la investigadora, del Departamento de Producción Animal de la Universidad de León. García Gámez quería adquirir los conocimientos suficientes para emplear esta técnica en estudios en España en oveja churra.

El trabajo científico realizado en Australia estaba encaminado a determinar si eixistía una predisposición genética en la aparición de descendencia con manchas negras en la lana. El fenómeno que estudian es el piebaldismo, un desorden en la pigmentación del animal. “Se considera a los animales que portan estas características como enfermos, aunque literalmente no lo sean, ya que producen una contaminación en la obtención de lana blanca”. La raza ovina productora de lana estudiada es una vieja conocida para los científicos españoles: la merina, de origen ibérico y extendida por Australia.

A partir de esta tecnología de sets de datos, los científicos estudiaron tanto los polimorfismos a nivel genómico como los datos de la expresión de los genes. De esta manera, los científicos determinaron que “no hay un gen exclusivo quien está implicado en el control de la pigmentación de la piel, sino que son un conjunto de genes”. Los resultados han sido presentados en PLoS One y su la primera autora en esta fuente de acceso abierto es precisamente Elsa García Gámez. Ahora, los científicos australianos buscarán y seleccionarán los marcadores genéticos para profundizar en el conocimiento de esta característica en la piel de las ovejas, que permita en un futuro mejorar la selección de los animales. El trabajo contó con muestras de 24 ovejas y carneros manchados y 78 blancos puros.

En oveja churra

Por parte de García Gámez, el trabajo de investigación ha continuado a su regreso a León. En el caso de las investigaciones que realiza en la Universidad de León, se pretende mejorar la producción láctea tanto en calidad como en cantidad, en oveja churra. Esta investigación se realiza en el marco de un acuerdo con la asociación de ganaderos de ganado ovino de raza churra (Anche). En este caso, “también se intenta buscar un gen o una mutación que explique por qué determinadas ovejas producen más leche, o producen determinadas proteínas”.

El objetivo final de la investigación es que se pueda realizar una selección más tecnificada de los ejemplares de una cabaña ovina de raza churra productora de leche. En la actualidad, la selección se realiza al modo de ensayo-error, por hijos de las ovejas más productivas. Para encontrar estas diferencias genéticas, García Gámez, cuya tesis doctoral está dirigida por el profesor Juan José Arranz, emplea los sets de datos genómicos. Para la interpretación de los datos a nivel estadístico, colaboran los técnicos del Centro de Supercomputación de Castilla y León, ubicado en el edificio CRAI-TIC del campus de Vegazana.

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