A los mecenas del viaje papal

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Muy brevemente para dirigirme a los mecenas que, según dicen, sufragaron los gastos del viaje papal, esto es como lo que podría ser el sexto misterio del Santo Rosario en el apartado de “Misterios Gloriosos”, bajo el enunciado de “Los que pagaron la visita del Papa”, aquí nadie aclara nada sobre este tema, pero yo, “intuyendo” algo, me dirijo a esos empresarios y a las administraciones tanto autonómica, Comunidad de Madrid, como Estado Español, que dieron su dinero para cubrir el costo de la visita de Benedicto XVI, quiero dirigirme a ellos, repito, para hacerles saber, a lo mejor no se han enterado, que hay una niña llamada Aitana en un pueblo de España llamado Tarazona, que sufre una grave enfermedad del corazón y que para solucionar su dolencia tienen que intervenirla quirúrgicamente en los Estados Unidos. El costo de esta operación es de 250.000 euros, cantidad muy por debajo de lo que costó la visita del Papa, y para reunir esa cantidad personas de buena voluntad y mejor corazón y conciencia se han empeñado en la labor de recoger 1.250 toneladas de tapones de plástico que una empresa de reciclado les pagaría a 200 euros la tonelada. Una labor gigantesca que seguro que se va a llevar a buen término, pues esto está en manos de buena gente que está más por la solidaridad y por el bienestar de las personas que por correr con los gastos de una visita que solo reporta beneficios a los pobres de espíritu, ya que los fuertes no precisan de ninguna visita papal para tener fe en Dios y ser fuertes y limpios de espíritu y por tanto no les hace falta mostrar esa fe aplaudiendo y vitoreando a ninguna figura eclesiástica.

A esos mecenas y a esas administraciones me dirijo para que sean tan magnánimos, dadivosos y solidarios como lo fueron con el Papa y contribuyan con sus donativos a salvar una vida que es más valiosa que la de agasajar a un visitante que por cierto no tuvo la suficiente dosis de caridad como para recomendar que ese dinero se gastara en los necesitados, en los pobres y en los enfermos. El gesto les puede resultar mucho más barato que agasajar al Papa y los resultados serían, sin duda alguna, más positivos. Eso sería seguir el camino de Dios, lo otro es andar por el camino de la idolatría y del culto a los iconos que no son más que obras de la imaginería.

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