Ciencia

Sobre la Política o de mi vida en el movimiento estudiantil

Dedicado a Nathaly Bonilla Portillo amiga, compañera y colega del Pulgarcito del Centro de Nuestra América quien me enseño y enseña el valor de la amistad.

“Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.” Ernesto “Che” Guevara. Político, médico, pensador y escritor revolucionario argentino-cubano (1928-1967).

Esta sería la segunda reseña de mi vida que escribo y publico. En esta segunda reseña hago un recorrido por algunos aspectos importantes de mi vida en el movimiento estudiantil universitario (2000-2006) y en medio de ello hago algunas breves reflexiones de la política y la amistad, elementos fundamentales que formaron parte de ese recorrido.

Hace unos años atrás una persona, a quien inclusive un tiempo considere amigo y compañero, me dijo palabras más palabras menos: Samuel no dudes que yo te meta una daga por la espalda cuando lo tenga que hacer. Dichas palabras siempre las recuerdo por su descarnada crudeza. Quedé sorprendido, si esta persona se considera amiga, no imagino a los que se consideren mis enemigos o adversarios. Ayer como hoy he convivido y sufrido este tipo de actitudes y personas que en el fondo se manejan con intereses egoístas, malsanos, mezquinos e incorrectos, pero que se camuflan para solo aparentar ser amigos (as) o compañeros (as). Pero frente a esta situación igualmente conocí y sigo conociendo verdaderos (as) amigos (as) y compañeros (as) que en la teoría y la praxis me demostraron y demuestran su fidelidad, solidaridad, fraternidad, amor, respeto, aprecio y cariño más allá de las diferencias, distancias y fronteras geográficas.

En lo complejo y contradictorio de la existencia y de las relaciones humanas, en medio de un sistema político, económico, social y cultural que sustenta y promueve el lucro y la ganancia desmedida e irracional, la lucha de todos (as) contra todos (as) y con las carencias y limitaciones propias inherentes a los seres humanos, el valor de la amistad es como un tesoro muy valioso pero escaso y encontrarlo es una gran oportunidad. Mucho más difícil aún es encontrar y mantener una amistad dentro de la vida política, donde existen muchos intereses que a veces no son altruistas y nobles.

En la Universidad de Panamá donde durante 6 años participé en el movimiento estudiantil conocí a personas muy valiosas, honestas y trabajadoras, de firmes principios, convicciones y valores revolucionarios y progresistas, pero igualmente a otros (as) oportunistas que solo actuaban en función de las prebendas o canonjías que podían obtener con las autoridades de turno. Otros (as) fueron más lejos de los predios universitarios y se vendieron y entregaron a los partidos tradicionales a los cuales habíamos combatido (y en mi caso sigo combatiendo). Con pesar, dolor, frustración e indignación los vi haciendo campaña para candidatos (as) o me lo contaban los miembros de dichos partidos. Los más cínicos (as) y sinvergüenzas llevaban y llevan una doble militancia con algún partido tradicional y con el movimiento popular y social.

Pero, más allá de todo esto, con sus carencias y limitaciones, mucho de lo que aprendí fuera de las aulas, en los pasillos y en las calles, en los cierres de calles y en las marchas fue en el movimiento estudiantil, escuela política y de vida en que viví lo mejor y lo peor de lo humano. Durante esos años románticos e idealistas donde compartí y viví los rigores y dificultades de la militancia política, me consagré a la causa, la cual es leitmotiv de mi existencia: la construcción de una sociedad sin explotados ni explotadores donde exista la justicia social, la igualdad, la libertad, la solidaridad y la fraternidad. Otro Panamá y Mundo Posible. Me dediqué concienzudamente al estudio de la concepción de la comunidad y el mundo, de la ideología que asumí como guía teórica y práctica, el marxismo-leninismo-maoísmo. Me hice comunista. Aprendí a ser más humano, comprometido y dedicado no sólo con el estudio, sino con mis compañeros (as) y con la causa por la cual luchaba y lucho.

Como toda etapa en la vida sabía que tendría un fin. Creía y creo que la militancia en el movimiento estudiantil es una fase transitoria y no permanente. Ser militante tiene un correlato con el ser estudiante y viceversa. Hay que ser ejemplo en el aula de clases, en el pasillo, en la calle y en la comunidad. Ser un estudiante fracasado y un exitoso militante es una contradicción aberrante. Cuando me gradué en el 2006 de la Licenciatura, terminé una fase académica, pero igualmente política y de militancia. Soy contrario al anquilosamiento, al aferrarse y concentrar el poder y al mesianismo. No creo en los militantes, cuadros y dirigentes sempiternos. Hay que dar paso a nuevas generaciones para que orienten y guíen los procesos, las asociaciones y los centros de estudiantes. Mi partida fue con mi último acto político el apoyo a la candidatura a Rector del Dr. Roberto Arosemena Jaén, Profesor Catedrático de Filosofía, y a la nómina Paideia Axios: Filosofía Práctica para la Directiva de la Asociación de Estudiantes de Filosofía A.E.F en el 2006. Con ello cerré un capitulo de mi vida política donde aprendí desde tirar piedras, a hacer bombas molotov, a respirar y resistir el gas lacrimógeno, a esquivar perdigones y balas de goma, a repartir volantes y horarios, a pintar y pegar pancartas y afiches, a conspirar, a debatir, a hablar en público, a tantas cosas que sería harto y largo enumerar, pero en síntesis aprendí a ser humano y revolucionario.

Extraño mucho de esa vida, de ese compartir y vivir y cuando vuelvo sobre mis pasos y recorro aquellos pasillos y aulas ya algo cambiadas, vienen a mí las imágenes frescas, las conversaciones, discusiones y conspiraciones, los cierres de calle, las marchas, todo aquello que fue centro de mi vida. Inclusive conocí al gran amor de mi vida por la militancia estudiantil. En aquella noche del 2002 cuando repartía horarios del Che (bautizados por un compañero como el horario del Che pistolas, por la foto del compañero Guevara que salía disparando) ahí sentada la vi, visión inolvidable para mi.

Ese caminar individual y colectivo, con sus altas y bajas, moldeó en mi muchas cosas, me enseñó otras, pero descubrí igualmente la corrupción, el oportunismo, el clientelismo, el nepotismo, el trafico de influencias, la burocracia y otros males que como canceres carcomen la carne y el hueso del movimiento estudiantil y de la institución. No puedo dejar de ser crítico inclusive con el movimiento del cual fui parte. Vi con decepción como la mayoría del movimiento apoyaba candidaturas que no expresan ni sustentan los mejores, más nobles y dignos intereses y demandas de la institución y de los estamentos que la componen y en cambio representan la burocratización y anquilosamiento de la institución. Una contradicción completa de un movimiento estudiantil que se denomina de izquierdas, revolucionario y progresista apoyando candidaturas que representan el orden de las cosas y a la clase dominante.

En líneas generales, el balance personal fue positivo, aunque más en lo individual que en lo colectivo. En lo individual obtuve un gran aprendizaje, conocimientos y experiencias que sigo aplicando en mi vida y militancia política. En lo colectivo veo actualmente claros retrocesos en cuanto a la definición de muchos grupos estudiantiles en seguir apoyando candidaturas que expresan la politiquería, la anti-academia y la burocracia. Pienso que el movimiento estudiantil debe retomar el camino hacia la autonomía política, económica y organizativa, frente al poder de la Colina; fortalecer lo político, ideológico, educativo y organizativo; construir la unidad en la práctica y reconstituir el espacio gremial e institucional que represente y aglutine al estudiantado, la Unión de Estudiantes Universitarios U.E.U. A pesar de haber iniciado mis pinitos en la docencia universitaria, sigo colaborando y apoyando las iniciativas de los compañeros (as) estudiantes, sobre todo de Filosofía, especialidad de la cual soy egresado. Como egresado, docente, profesional y revolucionario, tengo un deber moral de apoyar respetando las decisiones propias que les competen a los que ahora son estudiantes en proyectos y actividades de carácter académico, científico y cultural.

Hace 11 años entré por primera vez en un aula universitaria. Fueron febriles y felices días, llenos de mucha excitación y expectativas. Inicié en los Estudios Generales, primer año en la Facultad de Humanidades. Después de explorar las posibilidades de especialización para el segundo año pensé ingresar a la carrera de Historia o de Geografía y luego de investigar llegué a Filosofía, Ética y Valores y me convertí en Amante de Sophia, inicio del camino de mi existencia en aquellas aulas y en aquellos pasillos donde conocí el valor de la Amistad, de la Política y del Amor, en los buenos y malos momentos. Empecé a soñar con asaltar el cielo y a llevar a la praxis la teoría aprendida. 11 años después, con más canas y años encima, sigue la lucha, continúa mi lucha, con el vivo y claro conocimiento y experiencia presente de los años de la militancia estudiantil universitaria, brújula y referente de mi militancia política actual.

Considero que en las elecciones a autoridades que se desarrollan en la actualidad, se debe dar la renovación académica, administrativa y política completa e integral. La Casa de Octavio Méndez Pereira, mi segunda casa, ayer como hoy, tiene declarados enemigos internos y externos que buscan su deterioro y aniquilamiento. Por lo tanto, debemos preservar y fortalecer la vida académica, científica, investigativa y cultural, la esencia misma de la institución. Retomar el lema de la institución: “Hacia la Luz” representado por el hombre ciego que con las manos en alto busca la luz del conocimiento. La Universidad no debe ser partido o estar bajo el monopolio y control de ningún grupo en particular, la Universidad debe ser universal, guardiana de la sabiduría, de la cultura y de la ciencia, debe estar al servicio y beneficio del país y de la comunidad, sobre todo, de aquellos (as) pobres y explotados (as). Espero que los afanes reeleccionistas y las maquinarias electorales no se impongan sobre los debates de ideas y los programas académicos. Aunque lamentablemente la experiencia y la historia reciente demuestran lo contrario, confío en la sensatez, madurez, inteligencia y capacidad de los (as) universitarios (as) en escoger a los mejores seres humanos en estas elecciones. Este sería un primer paso para el rescate del legado, obra y pensamiento del Maestro de la Juventud Panameña Octavio Méndez Pereira. Concluyo la reseña con estas palabras del Maestro Méndez Pereira: “La universidad debe ser no sólo una ciudad de edificios construidos de acuerdo con un moderno plan arquitectónico, sino más que todo, un núcleo revolucionario de cultura, con sentido nacional y sentido universal, con poder de atracción constante para el pueblo, fuente constante, también, de integración social y de germinaciones fructíferas en el porvenir.” Así sea.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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