Sin otra arma que la verdad

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Sin otra arma que la verdadLas sucesivas guerras que se han ido desatando a medida que fue creciendo la alarma por el fin inevitable del petróleo en pocas décadas, han puesto al mundo en una situación insostenible militar, económica y socialmente. Cuentan en esto con la ayuda de este juego sucio de las finanzas que juegan al póker con lo nuestro: bienestar, salarios, libertades y derechos sociales y laborales dolorosamente conquistados.
Nosotros, los pueblos, tenemos que pagar los miles de millones que cuestan estas guerras de ricos para ricos y los miles de jugadas de los perdedores de la banca mundial en forma de restricciones impensables hace tan solo cinco años. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué somos sumisos? Esta es la gran cuestión, la cuestión palpitante. Si, como tantos pensamos, la verdad es un arma de libertad masiva, y no existe tal es porque algo la enturbia, y a ello vamos.
Nos hicieron creer que la Iglesia es cristiana, y resulta que no lo es. Nos hicieron creer que la democracia es la voz del pueblo, y resulta que es mentira. Nos hicieron creer en revoluciones que se hicieron en nombre del pueblo y acabaron oprimiéndolo. Nos dejaron sin nuestros argumentos favoritos para hacer frente a este tsunami. ¿Son estas las razones profundas por la que no estamos todos en la calle?, ¿Es el efecto paralizador de las mentiras y desengaños?
Sin intentar agotar las respuestas, sí quiero incidir en dos aspectos: el condicionamiento mental de las gentes, y la falta de criterios alternativos para oponerse al empuje de esta canalla, como calificaría D. Quijote a tantas ilustrísimas y señorías.

Comenzaremos por el papel de la Iglesia Católica, maestra y pionera en esa labor de colonización de la mente y del alma. Durante siglos utilizó diversas formas de represión, censura ideológica y persecución directa, que con la creación de la Inquisición fue llevada a cabo sistemáticamente contra todo tipo de disidencia de sus principios, mientras colaboró y sigue colaborando abiertamente en apoyo de todo tipo de gobiernos, y cuanto más autoritarios más fuertes son sus apoyos.
Por su parte, los Estados siempre vieron en la represión de las Iglesias un aliado excelente para eliminar a enemigos peligrosos (por tener conciencia propia y despierta) con la justificación moral y la bendición papal. A la iglesia le molesta ese mismo tipo de gentes, como prueba, entre otros crímenes históricos y silencios culpables, el millón de muertos que arroja el saldo de las hogueras inquisitoriales en Europa. Todo ello no fue suficiente, a lo que se ve, para los que a pesar de todo siguen las doctrinas del Vaticano; pero también es un hecho, que preocupa -y mucho- a los príncipes purpurados, que las iglesias se vacían por momentos. Por eso cada vez más tienen que salir los papas fuera de sus dorados muros para intentar detener la desbandada de los más jóvenes. El Estado precisa del catolicismo, pero repudia al verdadero cristianismo, y se adhiere al catolicismo oficial, al sociológico, o al catolicismo estadístico, para justificar las enormes sumas que, en contra de la voluntad de millones, se le adjudican a la Iglesia para seguir manteniendo su fastuosidad pagana y poder seguir justificando o callando las maldades de los césares de este mundo. En la España de la crisis, nos ha supuesto 10.000 millones de euros mantener a la Iglesia católica el último año, aunque sólo el 16 por ciento de los que se dicen creyentes católicos son practicantes. Pero eso no importa para el idilio interesado entre Estado español y Estado Vaticano. Como se dice, el rollo va por el lado que hemos dicho, y eso nos cuesta cerrar ambulatorios, ajustar sueldos, congelar pensiones, despedir trabajadores de aquí y allá, no contratar nuevos trabajadores públicos, y otros recortes del Estado. Diez mil millones son muchos, y eso que no se cuentan aquí otras ventajas de la Iglesia, como las ventajas fiscales, cuyo monto desconocemos. Y no es que estemos hablando de una Institución bondadosa que merezca tantos miramientos.

Las Mafiocracias, los Nuevos Bárbaros, los Neo inquisidores de rostro político bicéfalo necesitan precisamente esta Iglesia y todas las que se llaman “cristianas”- subvencionadas para domar a la grey y al ciudadano simultáneamente. Participan de la creencia de que un sentimiento bien arraigado en la conciencia dura más que una idea que llega a la mente. No es que reniegan de esta, sino que la utilizan a fondo junto con toda clase de imágenes que actúan directamente sobre las emociones, con lo que una idea podría convertirse en un momento dado en idea-fuerza para la acción que convenga a los Clubs dominantes. De ahí su importancia. Ejemplo: el sentimiento patriótico, o el sentimiento que produce participar de una tradición inculcada por generaciones, o la religión paganizada, o el sentimiento nacionalista. Todo ello es cuidadosamente sometido a un proceso de introyección en las conciencias por medio de la educación y los medios. Esa introyección en la conciencia, una vez lograda, se activa cuando conviene. Y a menudo se activa para que no desaparezca la huella en las neuronas.
Ahora nos queda pendiente otra gran pregunta: ¿cómo salir del laberinto sin usar la violencia?
Sistemas filosóficos, sistemas económicos, formas de gobierno, tipos de Estado, concepciones y formas culturales, todo aquello que pertenece al espacio de la mente cartesiana ha sido ensayado, experimentado. Pero todo ha fracasado finalmente como elemento liberador por haberse edificado sobre los pilares de arena de la mente intelectual y de la conciencia negativa. El resultado final es el mundo que tenemos hoy: un mundo fundamentado en la violencia, la guerra, la injusticia, la explotación de unos hombres por otros, las desigualdades sociales lacerantes, la progresiva escasez y adulteración de recursos naturales y la manipulación del Planeta entero por personajes que dan la cara, pero son marionetas de otros que nunca aparecen en los medios, gentes ricas tan espiritualmente muertas como todos sus servidores y todos sus imitadores coronados, togados, uniformados con ropas civiles, religiosas o militares. El propósito de todos ellos es el mismo: mantenerse en el poder por la violencia. Para ellos disponen de arsenales inauditos capaces de destruir varias veces el Planeta en minutos. ¿Cuál debería ser el nuestro, el de la gente pacífica y de espíritu libre? No tenemos más argumentos que el amor y la solidaridad. No tenemos más armas que la verdad. Nuestras manos no matan: se estrechan con las de otros para manifestar amistad, se elevan a lo alto para manifestar no violencia o dar la bienvenida, se mueven para aplaudir lo bueno, se juntan con las de otros para construir algo. Pero nunca azotan el rostro de nadie; nunca hieren, nunca se tiñen de sangre de un hermano. Creo que este es el mejor método para empezar a quitarnos de encima toda la basura que se pretende inyectar en nuestras mentes y en nuestros corazones.

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