Sociopolítica

La perversión de la tolerancia

 En las sociedades capitalistas occidentales que presumen todavía   de Estados de Derecho, aquel que se atreviese a calificarlos de enemigos de la tolerancia resultaría sospechoso, lo mismo que quien no se confiesa demócrata según los cánones oficiales, o critica a una autoridad que se autodefine por encima del bien y del mal y se blinda con leyes dogmas y tradiciones para imponer su parecer.

Los culpables de no ser tolerantes con el orden de cosas en que se asientan nuestras sociedades son arrojados a distintas formas de periferia según convenga: Las sociales,las laborales, y las que sean necesarias. Algunos hasta son llamados al juez, encerrados entre muros o muertos a tiros por encargo de algún poder que se dice defensor de la tolerancia, la libertad, y,por supuesto, la paz y todo lo que haga conjunto con todo eso. Así que si uno no es tolerante como el catecismo correspondiente prescribe, debe tener cuidado, porque los guardianes de la sociedad y quienes les apoyan- entre ellos los millones de votantes durmientes conformistas y conformados– les echarán encima sus reflectores y comenzará la persecución.

A los que defienden la tolerancia, la paz y la libertad en nuestras sociedades y las representan públicamente ¿qué podemos decirles? Europa y EEUU presumen de ser los padres de la democracia tolerante y civilizadora de la modernidad. Se exponen algunos de los hechos y cifras que muestran sus hazañas y cuán cerca se hallan entre sí los demócratas, los fascistas, los liberales, los eclesiásticos y otros civilizadores de manual con sus catecismos correspondientes.

 La tolerancia occidental en cifras (aún sin contar los muertos en las guerras coloniales)

Más de un millón de cristianos cátaros (la mitad del Languedoc) asesinados en la Francia medieval por la Iglesia y sus aliados civiles; un número indeterminado entre 50.000 y cien mil víctimas de la Inquisición solo en España; alrededor de 3 millones de muertos en las Cruzadas; 600.000 en la Guerra de Secesión USA;1 millón en la Guerra civil española del 36 y alrededor de 150.000 muertos y desaparecidos; 70 millones más en las dos guerras mundiales europeas, de los que 250.000 correspondieron tan solo a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki; alrededor de 3 millones murieron en la Guerra del Vietnam, de los que 60.000 eran norteamericanos. Y De ahí en adelante, vayan haciendo la suma: las víctimas de la invasión rusa de Afganistán; el suma y sigue de las invasiones de Iraq y -nuevamente -Afganistán por los EEUU y aliados occidentales, a los que habría que añadir las catástrofes familiares y humanitarias de los supervivientes en todos los casos,los efectos de las destrucciones de tierras de cultivo y de la economía en general, así como la destrucción del patrimonio cultural y artístico, las persecuciones políticas, cárceles, acoso policíaco incluso a familiares de disidentes,, deportaciones y un largo y tenebroso etcétera.

Nada que objetar sobre la tolerancia, la paz y el amor al prójimo de nuestras civilizadas naciones euro-norteamericanas y cristianas de boquilla. .¡Nuestras sociedades occidentales son bien tolerantes! Resulta ejemplar la mansa actitud con que se acepta en ellas en nuestros días la creciente pobreza, la creciente insolidaridad,el paro creciente, los desequilibrios regionales mundiales, los emocionales y de salud en alza, el control creciente sobre cada persona,el aumento de los delitos y las cárceles que en ellas y por ellas se originan, y la escasa respuesta civil al envío de soldados a las guerras.¡Nuestras sociedades occidentales no cesan de prodigar su tolerancia por todos lados!¿Cómo van a permitir sus representantes y sus votantes que alguien dé muestras de intolerancia o rechazo hacia estas sociedades ejemplares y los dogmas y catecismos de libertad que promueven?

¿Cómo encajar por los estrados y altos sillones la existencia de gentes de pertinaz rebeldía que ponen el grito en el cielo cuando contempla la Historia, cuando ve cómo se convierte al Planeta en un gigantesco basurero en aire, agua y tierra bajo la amenaza de las espadas de Damocles que esgrimen estas civilizadas y tolerantes democracias con sus tolerantes y civilizadas leyes?

Occidente, bajo la bandera de la tolerancia y la libertad produce o es cómplice de más horrores que los que puedan provocar todos los ayatolás y el resto de dictadores del mundo juntos y reunidos bajo las banderas del fanatismo y la intransigencia. Estos nunca igualarán a Occidente, donde el frente neoliberal, el frente fascista y el frente vaticanista juntos y por separado se bastan y sobran para acabar con todo, tolerancia y libertad incluídas. Naturalmente, en su nombre.

Pero las sociedades no son entelequias, sino conjuntos de personas concretas. Y como si de un intercambio de buenas voluntades se tratase,a la tolerancia desenfrenada de los regentes sociales, los más de ciudadanos respondemos con una indulgencia ilimitada. Les concedemos el indulto general cualquiera que sea el crimen que cometan, y educamos a nuestros hijos con la misma filosofía: la filosofía de la disculpa, la del mirar para otro lado, la de la irresponsabilidad, la de “que lo arreglen ellos”. Con excepciones alarmantes, naturalmente, cuando se trata de inmigrantes, pobres, y de otro color de piel.

Que nadie ponga en duda nuestra madurez cívica, nuestra buena disposición a aceptar los dictados de nuestros civilizadores. Al fin parece empezar a recogerse el fruto de la concienzuda labor histórica de los equipos de socializadores de la miseria; de los miserables directores de la socialización, de los expertos en marketing de esto y lo otro y de todos esos descafeinados mayordomos del castillo del Drácula de turno, que en lugar de café para todos nos ofrecen códigos de barras -a menudo con estrellas- para todos o aviones cargados de bombas para defender la tolerancia cristiana de occidente -faltaría más-contra el fanatismo de ciertos líderes intolerantes con mucho petróleo, eso sí.

 Buscando un fundamento para ser tolerantes

¿En dónde buscar el fundamento de la verdadera tolerancia? Se podría afirmar que en el amor, y ello bastaría para muchos; se podría afirmar desde la concepción espiritual de la vida, y eso bastaría para muchos; mientras otros afirmarían que uno es -átomo por átomo- parte del Universo; parte de la naturaleza; parte de todo cuanto existe y parte de todos los otros. El Hombre como parte del Hombre y del Universo eso llevaría sin duda a la certeza de la continuidad y la unidad esencial entre todos los seres humanos como parte de la vida universal y a comprender que de la armonía y la bondad de cada uno de nosotros depende la armonía y la bondad del conjunto humano.

Pero estas fuentes de tolerancia que nacen de principios superiores a los del catecismo democrático o del catecismo católico, protestante u ortodoxo, se ve que tiene poco que ver con la práctica impositiva de nuestros socializadores de catecismo, que buscan para sus fines pervertir y homologar individualidades hasta convertirlas en individualismo y conducirlas al fin a la cuadratura del círculo :las sociedades individualistas y ,a la vez, gregarias que padecemos. Con este fundamento es sencillo conseguir dominar (“ata, separa, domina”, máxima satánica de la intolerancia) y lograr la sumisión de la mayoría de esos ciudadanos que se consideran a sí mismos tolerantes.

Para los insumisos e intolerantes que buscan el bien de todos y reniegan de cualquier forma de dominio, entre reconocer la realidad de nuestras sociedades y luchar por transformarlas no debería existir más que esa voluntad fundada en la ética. Ninguna otra: ni de poder , ni de reconocimiento, ni de encumbramiento por encima de nadie. Una voluntad ética y altruista, sí. Pero ¿quién puede ejercerla? ¿cuántos han realizado su propia revolución ética hasta el punto de convertir su voluntad en un poder regenerador capaz de sustituir los caducos principios de nuestras sociedades por otros donde sea posible verdaderamente la paz, la igualdad, la libertad, la unidad, la fraternidad y la justicia, valores transformadores tantos siglos defendidos y añorados por los mejores de entre nosotros? La falsa tolerancia, la falsa igualdad, las falsas libertades, el individualismo insolidario, la injusticia social, aparecen enfrente como valores alienantes y obstáculos para el progreso de los pueblos del mundo.

Occidente ha realizado una portentosa transformación tecnológica, sí,pero su talón de Aquiles ha sido el olvidar lo fundamental: poner sus logros al servicio de la humanidad y nuestro Planeta y especialmente al servicio de los más pobres entre nosotros. En lugar de eso, y mientras se les permite morir de hambre y enfermedades curables, nuestro civilizado Occidente, modelo de tolerancia mundial, promueve guerras locales para vender armas a los contendientes,permitir que se arruinen y se endeuden luego con préstamos para la reconstrucción que pesarán como losas para el desarrollo del país devastado. Eso facilita el colocar gobiernos locales dictatoriales títeres, imponer criterios políticos y comerciales, corromper funcionarios y de paso arrasar con todas las riquezas naturales de cada país así manipulado. No hay que mirar muy atrás para ver.Basta con la prensa diaria.

Es claro que se precisa una óptica distinta a las que la Historia nos tiene acostumbrados: desde la voluntad ética convertida en poder regenerador individual para poder ser socializado. Mas ¿de qué clase de individuos hablamos? Evidentemente, de los que no confunden tolerancia con sumisión.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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