La inconsistencia de la h-excelencia (I)

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Ernst Ising nació en 1900 en Colonia (Alemania). Después de estudiar física y matemáticas en la Universidad de Gotinga, realizó su tesis doctoral en Física bajo la dirección de Wilhem Lenz en la Universidad de Hamburgo. Era 1924. Llegó a publicar un extracto de su tesis en la revista Zeitschrift für Physik en 1925. Ejerció de profesor en diferentes lugares antes de que el nazismo se cruzase en su camino. Siendo judío, los azares del destino, y la 2ª Guerra Mundial de por medio, lo llevaron a EEUU en 1947. Siguió ejerciendo de profesor en la Universidad de Bradley, en Peoria, Illinois. Allí murió en 1998. Aparte de la publicación de 1925 antes citada, nada más volvió a publicar. Es decir, en los tiempos actuales, en su curriculum sólo habría un artículo (algunos dirían que nisiquiera eso). Basta decir en este punto que el índice h de un curriculum es menor o igual que el número de publicaciones de dicho curriculum. Así, en los tiempos actuales, el curriculum de Ising tendría a lo sumo h=1. Es curioso el destino, un triste curriculum investigador con h=1 pero, sin embargo, después de casi un siglo, el nombre de Ising aparece en todos o casi todos los libros de física estadística. Es decir, su artículo o su nombre es altamente citado. Su aportación, sugerida por Lenz, es un modelito muy simple para explicar ciertos aspectos del magnetismo de la materia. En la literatura correspondiente se le llama el modelo de Ising. En resumen, una sola publicación que es una aportación a su campo, no hay otro secreto para figurar en el cartel de la ciencia… Viene esto a cuento por la inflación valorativa con la que se intenta vender hoy en día este índice h. Baste para ello tomar listas de curricula con índices h suficientemente elevados, digamos h=20 ó h=30 ó h=40, por ejemplo. Esas listas son más bien largas. No hace falta ser muy avispado para predecir que gran parte de los nombres asociados a esos curricula seguramente nunca los veremos escritos en ningún libro de su especialidad de aquí a 20 ó 30 ó 40 años. Entonces, la sencilla y lícita pregunta que cualquiera podría hacerse a esta altura del partido es la siguiente: ¿qué cuento nos quieren vender con este índice h?. Evidentemente, nadie va a negar que detrás de un índice h elevado hay una gran cantidad de trabajo, aunque esta afirmación tiene también algún otro pequeño matiz que bien valdría la pena poner en evidencia en otro momento.

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