Llega en silencio

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La Insuficiencia Renal Crónica, IRC, es una enfermedad con múltiples causas que dan como resultado una disminución irreversible del número y función de neuronas, unidades funcionales del riñón, y que tiene como resultado clínico alteraciones en el equilibrio de electrolitos y urea en sangre y si no se trata adecuadamente acorta la esperanza de vida, y conduce a otras anomalías asociadas, como la hipertensión intratable, alteraciones mentales o problemas de inmunidad que pueden llevar a la muerte de quien la padece.

En México existen 100 000 pacientes diagnosticados con IRC. Con 60 000 muertes directas tienen a la IRC como causa principal todos los años. En USA 250 000 de muertes directas tiene como causa la IRC, más de 360 000 pacientes necesitan hemodiálisis, tratar al paciente con un riñón artificial.

En el mundo, el 38,8 % de la población mayor de 20 años es hipertensa y el 10 % padece de diabetes; además es la causa del 35% de todos los casos nuevos cada año. En Estados Unidos 50 millones de personas padecen de hipertensión arterial. El 66 % menores de 65 años padece de IRC, 27% menores de 44 años y 6 000 son niños.

Las principales causas son la hipertensión arterial y la diabetes mellitas. Muchos estudios plantean una sinergia entre estas dos enfermedades para destruir la nefrona, la base funcional del riñón. Aunque no son las únicas que pueden llevar a un paciente a padecer esta enfermedad.

Un 15 % no lo saben y el principal problema de la hipertensión y de la diabetes es que son enfermedades que no duelen. Sólo cuando aparecen las complicaciones son evidentes, y para entonces llevan años haciendo daño. El resto de causas de IRC suelen ser patologías agudas muy aparatosas, que conducen a la IRC tras una fase de Insuficiencia renal aguda.

En cualquier país del mundo los riñones artificiales no permiten una asistencia personalizada para cada paciente con IRC y esto ha aumentado con la actual crisis económica, los fabricantes de estos equipos médicos están ganando fortunas con esta enfermedad. Además de que el tratamiento dialítico es de los más caros en la medicina actual.

Indirectamente, la obesidad como causante de diabetes e hipertensión influye sobremanera, el aumento mundial del consumo de comida basura, el sedentarismo de los adultos que pasan más horas frente a la TV que practicando deporte. Lo mismo sucede con los niños: los videojuegos y los ordenadores consumen todo el tiempo libre de los niños de hoy.

La obesidad y el sedentarismo no solo favorecen padecer enfermedades como la hipertensión arterial y la diabetes mellitas.

Dado que las principales causas de la IRC son relativamente prevenibles, es posible disminuir el número de enfermos si se evita la obesidad (que produce HTA y diabetes mellitas tipo II), se realiza ejercicio físico regular, reducimos la ingesta de sal y acercamos nuestra dieta a la ‘mediterránea’: pescado azul ocasional, carne escasa, poca grasa, aceites vegetales, legumbres… Los controles de tensión y glucemia se recomiendan en los exámenes rutinarios. Los restos de albúmina en sangre indican daño renal establecido; suelen buscarse sólo en los pacientes que ya presentan HTA y diabetes, no en toda la población.

La IRC es un proceso de larga evolución. La función renal se degrada en distintas fases. Sólo en la última se utiliza la diálisis, y el trasplante renal como solución definitiva.

Por ello es tan útil la cultura de lo donación de órganos, en la que países como España están a la cabeza en el mundo; con porcentajes muy altos de transplante de órganos a pacientes necesitados.

Los pacientes con IRC terminal son corredores de fondo. Cada vez que van a diálisis saben que se reducen las posibilidades de ser un buen candidato a recibir un riñón de donante, puesto que las enfermedades de base que provocaron la IRC siguen dañando otros órganos (corazón, vasos sanguíneos). Su vida se restringe a un radio de unos kilómetros alrededor de la máquina de hemodiálisis, y condicionan la vida del resto de sus allegados. El trasplante es su única esperanza, y la visita cada dos o tres días al centro de hemodiálisis se encarga de no permitirles que lo olviden. Si tuviese que poner algún mensaje en el envoltorio de un menú Happy meal, al estilo de las cajetillas de tabaco, seguramente pondría un enfermo de diálisis enseñando sus brazos llenos de fístulas arteriovenosas (los ‘bultos’ en los que se pinchan los catéteres) y un mensaje del tipo “la comida basura puede producir obesidad y abocarlo a una diálisis”.

Pero es una enfermedad que es posible tratar si se detecta a tiempo.

Raúl Armando Pavón

Médico

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