La amargura de las listas electorales (20-N)

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Cuando se avecina un más que posible cambio de Gobierno, no existe nada tan horrible para un político como los períodos preelectorales durante los cuales se está cuestionando su futuro: cargo, sueldo, atribuciones, coche, despacho, secretarias, asesores..y toda la parafernalia. El no figurar en una lista electoral y bien situado, es como pasar del respetuoso don José al amistoso Pepe en plan colega. Por ejemplo, imagínense al bachiller y actual ministro de Fomento, don José Blanco, en caso de no ser incluido, Dios no lo quiera, se convertiría en un cero a la izquierda, nunca mejor dicho. Presuntamente carece de oficio, carrera universitaria, preparación y conocimientos para trabajar en la empresa privada . Hasta la fecha y que se sepa, siempre se ha dedicado a la política como profesión en la que pretende permanecer hasta su jubilación.

Ciertos políticos, con tal de continuar pegados al poder y lo que ello conlleva, son capaces de vender el alma al diablo o a quien sea. Saber moverse adecuadamente en el mundo de las amistades, favores, confidencias, delaciones y chantajes es primordial. Su propia inseguridad personal y el tener que reconocer interiormente sus grandes limitaciones, provoca que muchos de ellos vivan inseguros y angustiados permanentemente. No hay nada más amargo que la propia desconfianza, que en ciertos momentos, como los actuales, les impide hasta conciliar el sueño por la tensión en la que viven y se ven sometidos.

Ante tal tesitura, en la mente de estos ciudadanos dedicados a la “rex pública”, flota la mala conciencia de estar ocupando un puesto que no les corresponde, sintiéndose verdaderos “trepas” con descarada tendencia a rodearse de asesores y pelotas de confianza. Saben perfectamente que impostando la voz y vistiendo trajes a medida no es suficiente y engañan a muy pocos. Considerar que soltando cuatro idioteces o presuntas ingeniosidades y aprendiendo a mover las manos ya es suficiente, es un tremendo error. La sociedad demanda políticos serios, honestos, preparados y nada más.

Todos aquellos políticos inmersos en el modelo anteriormente descrito, saben, o deberían saberlo que tienen los días contados y gravado en sus frentes el 20-N en que deberán decir adiós a ocho años dorados. A partir de esa maldita fecha y peor elegida, finalizará el tratamiento de sr. diputado, senador, director general..e incluso ministro, para militar en el mundo de los “ex”. Se culparán unos a otros y todos a sus jefes a los que responsabilizaran de todos sus desastres personales. Se convertirán en “odiadores profesionales” (muchos ya lo son) y añoradores de glorias pasadas, conseguidas en muchos casos arteramente y tras haber ejercido largo tiempo de cobista y elogiador de sus superiores.

Tal como reza la evangélica frase de “la mies es mucha, mas los operarios son pocos”, es todo lo contrario de lo que ocurre en la política y más cuando se milita en la “oposición”, donde los carguitos escasean y se otorgan con cuentagotas. Las listas electorales adquieren carácter tenebroso, Nadie está conforme con la decisión cuando no es él el nominado. Algunos, aunque no lo reconozcan por que en público se confiesan ateos, solo esperan que se produzca un milagro con cargo incluido. Desde el 22-M ya hay unos cuantos miles que saben y están padeciendo lo que significa el haber perdido unas elecciones autonómicas y municipales, entre otras cosas por haber sido condenados al olvido y a la indiferencia para siempre….¡¡Tiempo al tiempo!!

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