De por qué los “indignados” no tienen razón

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¿Es la clase dirigente el principal problema al que nos enfrentamos en la actualidad? ¿Son ellos, los políticos, los banqueros, los magnates de la comunicación y los grandes empresarios los que llevados por su sed de poder y dinero han provocado esta crisis? Si le preguntan a uno de los “indignados” que hace unos días se manifestaba en la Puerta del Sol seguramente les dirá que sí. Sin embargo, si me preguntan a mí, les diré rotundamente que no.

El problema de España es un tema clásico en la literatura española desde hace probablemente siglos, pero es un tema de primer orden desde que los noventayochistas, sumidos en el pesimismo del desastre del 98, comenzaron a lamentarse por la decadencia de España. Una España a la deriva, una España sumida en el pesimismo, sin rumbo, sin futuro. España como un problema (el problema) que han tratado decenas de autores, desde Maetzu a Azorín, pasando evidentemente por José Ortega y Gasset.

Ortega y Gasset en un fotografía tomada por la prensa en los años 20.

En su libro La España Invertebrada, recopilación reestructurada de sus artículos publicados sobre el problema de España, Ortega dice algo claro y meridiano con respecto al problema de España: el problema de España no está en su clase dirigente, está en su ciudadanía… o mejor dicho, la clase dirigente es el mal menor del gran problema de España.
Esta argumentación de Ortega, con la que estoy absolutamente de acuerdo, merece alguna explicación al respecto. Conociendo la concepción de Ortega sobre el hombre-masa, es decir, el individuo que de forma casi inerte se dedica a vivir de forma pasiva en la sociedad, Ortega reclama la necesidad de que se acepte la existencia de una clase dirigente intelectualmente preparada para determinar el futuro de la nación. Sólo así España podrá superar su eterno problema.

¿Se merece el pueblo español la clase dirigente que tiene y que, según los “indignados”, es la responsable de todos los problemas que nos atañen? Indudablemente sí. Los españoles han (hemos) elegido democráticamente y por amplia mayoría a los actuales dirigentes políticos, aunque sea más que evidente su lejanía a la clase intelectualmente superlativa de la que hablaba Ortega.
Sin embargo, el hombre-masa actual (y los indignados por indignarse no son menos hombre-masa, más bien al contrario) no acepta su responsabilidad en la elección de la actual casta política, ni en su intento de fulminar a las clases dirigentes intelectualmente preparadas. “No nos representan”. Os equivocáis, sí os representan. Los habéis elegido y son el espejo meridiano del sentir y pensar de la mayoría de los españoles.

El problema de España del que Ortega hablaba en los años 30 y 40 no se ha resuelto ni bajo el amparo republicano, ni monárquico ni totalitarista. Y no se ha resuelto porque la idiosincrasia del español, del hombre-masa ibérico, no se ha modificado en un sentido positivo, más bien al contrario. El hombre-masa actual persiste en la procrastinación de pensamiento y de acción y sigue negando la superioridad de algunos de sus conciudadanos para asumir las responsabilidades de gobierno y hacer progresar a España.

Cuando ha habido dirigentes que han tratado de ser ultraístas, es decir, que han tratado de llevar a España más allá, se han convocado movilizaciones muy numerosas y se ha tratado de destruir a la clase dirigente del momento. Sin embargo, cuando los menos preparados han sido alzados por el populismo y la demagogia a los altares del poder, la inmensa mayoría de los hombres-masa españoles han callado y han permanecido en silencio. ¿No será que lo que molesta a los “indignados” es que se cambie la clase dirigente de un grupo de hombres-masa nada preparados intelectualmente por otro grupo teóricamente algo más preparado? ¿Quién no les representa? ¿El futuro e hipotético gobierno aristócrata (entendido como el gobierno de los mejores) o el cuasi pasado gobierno de hombres-masa? ¿O ninguno de los dos? O mejor dicho, ¿Con cuál se sienten más identificados?

Creo que la respuesta es clara. El problema de España ha sido, es y parece que seguirá siendo su ciudadanía impregnada de hombres-masa que se opone frontal y agresivamente a la supremacía de los intelectualmente preparados. No, señores indignados, el problema no es que la clase política no les represente, sino que la ciudadanía española no ha evolucionado en el último siglo. Parece mentira que décadas después de la “indignación Orteguiana” sus ideas estén más vigentes que nunca.

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