El último error de ZP

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La incoherencia entre el discurso político del “zapaterismo” temprano y los hechos primaverales de sus  políticas neoliberales,  han sembrado el caldo de cultivo propicio, para que en  la desconfianza ideológica de las filas socialistas se aposente la idea nefasta del latigazo  irreversible de sus intereses de clase.
El último error de ZP, como así se conoce en los foros sociológicos y políticos de este país a la designación “equivocada” de Rubalcaba, tras los últimos sondeos demoscópicos del presente, sienta las bases autocríticas de la izquierda para reflexionar sobre las consecuencias nefastas de las infidelidades ideológicas del partido, en sus “aventuras y coqueteos” con las directrices conservadoras de la señora Merkel.

La dimisión histórica del candidato socialista Joaquín Almunia, tras la bofetada del electorado progresista  al continuismo desgastado del “felipismo decadente“; no ha servido de nada a las élites rojas del presente para asimilar el mensaje histórico y corregir los errores de su pasado. El carisma de un líder, en pedagogía de la filosofía griega,  lleva implícito las manchas imborrables de sus mentores. La extrapolación de la teoría clásica al ejemplo del día a día, nos demuestra que por muy bien que lo esté haciendo Alfredo, siempre llevará consigo las  magulladuras y contusiones de los tropiezos de Zapatero.

Los pronósticos acertados del aquel artículo  titulado ”quinielas mediáticas” que rescatamos hoy de la hemeroteca humilde de este blog, nos sirven para glosar, a tiempo pasado, los puntos “a priori” del antes con la base empírica del “después”, o dicho de otro modo, la eficacia diacrónica de las decisiones.
La elección “equivocada” de Alfredo en detrimento de la alternativa “incierta” de Chacón,  se explica, entre otras, mediante los siguientes espejismos:
– Ventaja del ministro del interior frente a la ministra de defensa en las encuestas internas de partido.
– Similitudes de experiencias ministeriales entre Alfredo y Mariano.
– Mayores dotes comunicativas del ”cabeza de cartel socialista”  frente a la parquedad de Chacón.
–  Desconfianza entre el miedo a lo desconocido y la garantía de lo conocido.

En contra, los riesgos de la decisión y la inclinación por Alfredo, ofrecían las probables realidades:
– Probabilidad de ser percibido como la “segunda parte de ZP” por los “desencantados” del partido.
– Falta de credibilidad entre sus promesas electorales y sus hechos ministeriales.
– Descuido en el planteamiento falaz del enfrentamiento entre líderes. La probable victoria del PP no tiene como causa Rajoy. Cualquier candidato pasivo de la derecha con la misma estrategia de silencio y ambigüedad  hubiese generado los mismos pronósticos positivos que la pasividad de Mariano.
– Similar escenario en Ferraz al ocurrido en su día con Almunia.

Hoy más que ayer, los riesgos históricos de aquella decisión han demostrado la mayor. Ahora con los comicios pisándonos los talones y con la derecha creyéndose ganadora por el mérito de la “nada”,  es momento de creer que el voto en España, es un voto de fe. En ausencia de programa y concreción azul es cuando la desesperación existencial eclipsa la toma de decisión y  emergen las creencias como sustitutivas de la razón. El “marianismo” a las puertas del 20-n nacerá bajo la legitimación incrédula de la intuición. Esperemos que el tiempo nos devuelva la razón.

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