El día de todos los muertos no es mi día

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El día de todos los muertos no es mi día

Ningún día tan universal en la cultura occidental como el 1 de Noviembre de cada año para pensar en los muertos y hacernos preguntas en torno al tema de la muerte, y eso que cada segundo mueren miles de personas en el mundo que se suman a los miles de millones que ya lo hicieron a lo largo de los siglos., pero ya se sabe que hay un día para todo en estos tiempos.

Para los que estamos provisionalmente en “el lado de Acá”, la muerte ha sido siempre – y lo seguirá siendo-  motivo de toda clase de reflexiones y especulaciones sobre” el lado de Allá”. ¿Qué no se habrá dicho ya sobre la muerte? ¡Cuántas fantasías literarias, películas, tradiciones, rituales, ceremonias y demás! Y el caso es que ¿cuál de ellas nos aclara algo real sobre el significado del morir y lo que sucede luego? ¿Cuál de ellas puede tomarse en serio, por más que el tema lo sea en extremo? Por ejemplo, ¿qué es esto del día de “Todos los Santos” que inventó la Iglesia para el 1 de Noviembre, cuando Santo, para un creyente de espíritu libre solo es Dios? ¿Y qué fantasmada en todo el amplio sentido de la palabra es esta de Halloween? Cierto que el núcleo del asunto es el tema de la muerte, pero por favor, un poco de seriedad. Respetemos los sentimientos de las personas que recuerdan en estos días a sus seres queridos y acuden a los cementerios a dejar flores sobre sus tumbas, pero fuera de eso intentemos aproximarnos un poco al tema con la ayuda de la Ciencia avanzada, de la parasicología y de la espiritualidad cristiana libre de dogmas eclesiásticos.

La vida es una energía universal y eterna en la que estamos inmersos.

La Ciencia avanzada coincide con el cristianismo originario en algo esencial: la vida es energía, y ninguna energía se pierde, pues la energía es eterna. Hay algo más: la energía eterna es espiritual, ya que no material, y la materia no es más que energía de baja vibración que por tanto se condensa. Piénsese en la diferencia entre un rayo de luz que es energía condensada y un mineral que también es energía condensada, o entre un pensamiento humano y el cerebro. Todas son manifestaciones de Una única energía en mayor o menor grado de condensación o frecuencia vibratoria de sus componentes atómicos. La energía universal es Una corriente de vida y creación a la quellamamos Dios, Alá, el Ser, y de otras maneras. En todo caso se trata de Una energía universal, consciente y creadora a cuya imagen y semejanza fuimos creados nosotros mismos como seres puros, sin necesidad de tener cuerpo físico ni un planeta material. Pero un día nos rebelamos contra nuestro Creador, y ahí comenzó a bajar nuestra frecuencia vibratoria y a condensarse nuestra energía hasta llegar a tener cuerpos de materia densa y vernos obligados a habitar planetas densos como La Tierra, el más denso de todo el sistema solar según parece.

Si como seres humanos no somos sino una energía – ánima o alma, llámela cada uno como quiera-,que sostiene un cuerpo físico , es evidente que este tiene fecha de caducidad como toda sustancia material y en algún momento debe regresar a su origen, es decir, descomponerse en los elementos que lo forman: agua y minerales. ¿Qué es entonces de esta clase de energía que nos define capaz de sentir, pensar, imaginar y soñar a la que llamamos alma o como cada uno desee? Si como energía que es no puede perderse, sino transformarse al objeto de evolucionar, ¿a dónde se dirige un llamado muerto cuando su parte esencial, su energía vida pensante y sintiente abandona el cuerpo? Si pensamos científicamente llegaremos a la conclusión de que se dirigirá a lugares de energía semejante en frecuencia vibratoria, puesto que existe una ley –también manifestada   por el cristianismo originario- que es la Ley de Semejanza: “Lo semejante atrae a lo semejante”. No es preciso morirse uno para darse cuenta de que esto ocurre diariamente en la vida social, y hasta existe esa sentencia popular del “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Recibimos lo que emitimos.

¿A dónde y con quiénes andaremos en el Más Allá? Claro está que con semejantes, y en planetas no materiales, sino intermedios, y de energía a fin a la nuestra, ya que de lo contrario nos sentiríamos rechazados en el Cosmos y viviríamos sufrimientos indecibles. Esta idea contraria a toda ley científica – y para un creyente libre, contraria a la bondad y misericordia de Dios como creador de toda Vida,- es una idea perversa que la Iglesia bautizó con el nombre de Infierno. No existe, pero hay qué ver qué grandes servicios presta a los señores del clero, y cuántas herencias reciben de moribundos culpables que quieren asegurarse su parcela celestial.

Si nuestro origen como seres de energía es puro, la parábola del Hijo Pródigo refleja perfectamente nuestra condición y la solución a nuestras miserias, pero ¿cuántas personas en una sola existencia llegan a purificar su alma al punto de estar en condiciones de regresar a su punto de partida? Entre el Cielo como morada suprema de bondad real y el infierno inventado como lugar de castigo de la maldad, existen necesariamente muchos planetas intermedios de residencia espiritual,planetas   de energía que recibieron nuestras emisiones mientras vivimos aquí y a donde cada uno se siente llamado. ¿Por qué? Porque somos emisores de esa misma clase de energía: cada pensamiento, cada sentimiento, cada palabra y cada una de nuestras acciones son energía. De continuo emitimos con una determinada frecuencia vibratoria y esta va al correspondiente planeta  del Cosmos. Allí se acumulan los tesoros o las baratijas de nuestra existencia en el mundo material: el “debe” o el “haber” de nuestra contabilidad como almas. Y allí nos sentimos llamados de un modo natural. Desde luego no estamos presentes en los cementerios para oler las flores frescas que nos llevan de recuerdo. Y si lo estamos al principio porque no terminamos de entender que estamos muertos ( y ahí mi referencia a la parasicología que narramuchas experiencias de este tipo) antes o después tomamos conciencia de no tener cuerpo físico, sino otro de materia más sutil –llamada materia astral- que envuelve al corazón puro del alma, y que al fin y al cabo es el cuerpo con el que nos sentimos en nuestros sueños cuando circulamos precisamente por esos mundos.

¿Se acaba todo ahí? ¿Muere nuestro cuerpo y nuestra energía-alma se queda para siempre en esos planetas sin poder llegar a ser pura y acceder a planetas superiores, incluso ante la presencia de Dios? Eso sería negar que la energía pueda transformarse, evolucionar a lo más sutil, algo que sucede así y ha sido demostrado por la ciencia y si uno es creyente, negar este hecho supone negar la bondad y misericordia infinita de Dios. Nadie va al Infierno, pero tampoco se puede ingresar en el Reino de los Cielos sin haberse esforzado en ponerse del lado de Dios esforzándose en cumplir Sus leyes. Por otro lado, si no se Le quiere aquí, no se le va querer tampoco en el Mas Allá, pues los muertos no se hacen buenos por el hecho de morir.

¿Qué es eso de la Reencarnación? (que no es ocupar el cuerpo de otro ni de un animal).

Hablemos si les parece de la reencarnación, creencia milenaria y enseñanza de Jesús de Nazaret intencionadamente ocultada por las Iglesias. Esta es materia de más de un artículo, pero al menos se puede adelantar que no es otra cosa que el regalo de volver a nacer con un nuevo cuerpo físico para seguir evolucionando. Un regalo de Dios y una oportunidad para eliminar todas aquellas causas cuyos efectos producen sufrimientos y enfermedades en cada existencia debido a que se oponen a las leyes de la naturaleza y a las leyes divinas. En la medida que en cada existencia perdonemos, pidamos perdón y no repitamos la manera de pensar, sentir y actuar contraria al prójimo y a Dios, aumentará nuestra frecuencia vibratoria, seremos más sutiles, intuitivos, bondadosos, y tras la muerte física tendremos la opción de ir a planetas más evolucionado, afines a nuestro nuevo estado de conciencia.

¿Por qué la Iglesia silencia el tema de la reencarnación, con el apoyo del Estado?

Algunos creyentes se preguntan por qué la iglesia no admite la reencarnación. Es porque están mucho más interesadas en hacer negocio con el miedo a la muerte, que mantiene a la grey asustada y sumisa a sus mandatos. Quien cree en la reencarnación pierde mucho miedo a morir, es mucho más libre interiormente, y esto es algo que tampoco le hace gracia a los Estados, que por las mismas razones que las Iglesias desean tener a sus ciudadanos atemorizados por unas cosas y otras, sometidos de continuo al bombardeo del miedo. Como del infierno del Más Allá ya se ocupan sus correligionarios del clero, estos procuran que no falte nunca alguno    en el más acá. No sé dónde leí cómo funciona su trabajo de equipo: “Mantenlos tontos, que yo los mantendré asustados y dominados”, dice el poder civil al religioso.

Afortunadamente para todos, igual para ateos que para creyentes herejes y excomulgados, la muerte no existe más que a nivel físico y recuperable y esto del Día de todos los santos no es más que una pantomima más del viejo y pagano culto a los muertos convertido en lacrimosa fiesta religiosa o en un estúpido día de fantasmas de yanquilandia.

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