¿Qué revolución precisamos?

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                 (Primera parte de dos)

Uno de los axiomas indiscutidos del marxismo afirma que el deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Pero… ¿de qué revolución hablamos? Porque mucho después de Marx, en el siglo XXI y tras tanta sangre de los pueblos derramada sin éxito estamos obligados a preguntarnos  qué es una verdadera  revolución y por qué han ido fracasando todas. ¿Acaso es igual el modelo de revolución defendido por los soviets de Kronstand que el modelo leninista que los masacró a las órdenes de Trotski como jefe militar de Lenin?… ¿Es igual el modelo estalinista que se alzó sobre el leninista- y mandó a asesinar a Trotski -que el modelo antiburócrata de Rosa Luxemburgo,  el Consejismo de  A. Pannecoek o el modelo de las comunas libertarias de Aragón, en  España?  ¿Y qué me dicen de la limitada experiencia Yugoslava de autogestión obrera con un gobierno proruso y estalinista como el de Tito?…Y por referirnos a los tiempos actuales, ¿dónde inscribir al modelo castrista, sino como un rescoldo mortecino de las llamas más autoritarias? O ¿Cómo calificar, en el lado Oriental del mundo la llamada Revolución islámica, tan diferente según el país al que nos refiramos, pero donde el pueblo sigue contando poco, y menos el pueblo femenino?

Muchas preguntas sobre diversos modelos, sí, pero ¿cuáles son los resultados, que es lo que nos interesa para saber si son acertados?

Por no hablar de lo que ha degenerado Rusia hasta parecerse a un neozarismo capitalista y mafioso, o China, con su paso  del estalinismo más clásico aún presente en Corea del Norte, al capitalismo pragmático semiprivado/ semiestatal con que intenta configurarse el modelo chino de nuevo capitalismo. Todo ello bajo la cobertura oficial y cínica de país comunista con su correspondiente partido  hegemónico y único posible. Esto debe dar envidia al fragmentado (aunque cada vez más igual)  poder político del capitalismo occidental. Y para no hacer demasiado largo el recuento, díganme en qué se parecen a cualquiera de ellos los planteamientos comunitarios cristianos revolucionarios del primer comunismo de los seguidores de Jesús, pronto sofocado por la toma del poder de dirigentes que hicieron aparecer la institución Iglesia jerárquica para acabar con aquel proceso, unirse a Constantino y empezar a llenar las arcas los de lo alto de la pirámide.

Por tanto, ¿cuál es el modelo? ¿Existe alguna probabilidad de acercarnos a un modelo justo, bondadoso, fraternal y libre?  En este caso estaríamos hablando de un cambio basado en alguna concepción espiritual del mundo al que sin duda habrá que referirse más adelante.

UNA SOPA  DE CONCEPTOS ADULTERADOS

Hemos de admitir que  la humanidad ha fracasado hasta hoy mismo en sus intentos de liberarse de la opresión de clases dominantes con uno u otro nombre civil o religioso –incluso bajo el adjetivo “revolucionario”. Y a la clase más  oprimida, la que depende de un salario o un patrono cualquiera, le ha sido impedido dirigir su propio proceso liberador tanto por el capitalismo como por pretendidas vanguardias  llamadas revolucionarias actuando en su nombre, supuestamente por su bien  pero haciendo incuestionable su poder dominante cuando obtienen la victoria con su ayuda / su sangre.

De modo que a la hora de plantearse el tema de la  revolución, uno puede sentirse revolucionario pero  muy desconcertado sobre en qué consiste y qué es lo que no se ha hecho todavía para que salga bien ninguno de los intentos.

Y aún aumenta más el desconcierto cuando se encuentra en la práctica de los partidos que se dicen comunistas en los países europeos de hoy su lastre ideológico autoritario y contradictorio entre teoría y práctica, su falta de democracia interna real, los muchos personalismos, las muchas camarillas y grupos y  la falta de unidad entre tantos de esos grupos que se autoproclaman revolucionarios, donde algunos viven cómodamente instalados dentro del Sistema haciendo el papel de pepitos grillos, pero dentro de jaulas parlamentarias cuidadosamente diseñadas para que no perturben el sueño de sus señorías. Y casi todos los que no están dentro bien quisieran entrar con la pobre excusa de revolucionar el mundo a golpe de votaciones.

En estas falsas democracias “ a la occidental” –que no se denuncian como falsas  cuando se aspira a ser diputado “de izquierdas”- , los que fueron votados y  están “dentro”, se hallan  muy lejos de  la idea de potenciar la democracia participativa desde la base y menos aún a revisar qué elementos teóricos deberían ser revisados, qué nuevos conocimientos incorporados, qué conviene desterrar del pasado y cómo afrontar unidos todos los movimientos que se consideran al menos anticapitalistas – al menos de boquilla- la progresiva anulación del individuo y de los derechos y libertades sociales  conseguidos por los pueblos tras siglos de lucha. Y es preciso acercarse con humildad  al estudio desde los avances  de una ciencia que nada tiene que ver con la imagen del universo de la que partieron Marx, Engels Bakunin, Kropotkin o Lenin. Porque si ellos construyeron sus teorías a partir de los conocimientos científicos del mundo en su época, esos conocimientos han sido ampliamente rebasados por la ciencia de hoy. Y no digamos nada de los cambios en las clases sociales. Lo que perdura, sin embargo es la injusticia y la opresión de “los de arriba” – cuanto más arriba, más ricos y con más poder – y “los de abajo, cuanto más abajo más pobres y con menos influencia sobre los de arriba, a menos que exista una rebelión general. Pero de darse alguna vez, caemos en las mismas cuestiones de antes. ¿Hacia dónde, con qué presupuestos y quiénes tienen que ser los protagonistas principales?

Todo movimiento que quiere ser duradero ha de partir de un conocimiento lo más exacto posible de las leyes que rigen el universo material y espiritual, y eso fue lo que intentaron Marx y Engels en su época hablando del materialismo. Pero  hoy el materialismo está siendo puesto en cuestión por los físicos. Hoy la cuestión es la energía, su origen y su comportamiento en el Universo y en nuestro cerebro. Sin embargo los seguidores de aquel  materialismo ya obsoleto se preocupan más por los problemas sociales sin llegar al fondo y la acción puntual controlada por sus intereses partidistas y de pesebre que de  la elaboración de un pensamiento alternativo y moderno acorde con las nuevas tendencias científicas y espirituales – tan alejadas de las criticadas por los teóricos del comunismo- capaces de desenmascarar las mentiras de la ciencia y de la religión al servicio del capitalismo, y permitiendo que en este terreno gane también la batalla como hasta ahora.

Del mismo modo se dan por buenas las teorías del materialismo dialéctico basadas en una concepción de la filosofía completamente ajena a las consecuencias  que para el  pensamiento moderno supone la convergencia de la Física cuántica, la teoría de la relatividad y las experiencias transpersonal en psicología., así como las experiencias místicas. Todo eso forma un nuevo “paquete” de conocimientos que el pensamiento contemporáneo anticapitalista no ha abierto todavía, ya que de hacerlo tendría que revisar los presupuestos teóricos de dos siglos de teoría socialista.

En estas condiciones, los partidos defensores de formar parte de los moribundos Parlamentos carecen de planteamientos teóricos unitarios y convincentes y de suficientes apoyos  sociales, debido a tantos desengaños de que han sido objeto por seguir a líderes de nombres revolucionarios, pero solo de nombre. Por su actitud  de suave y acomodaticia  oposición, son hoy  abandonados con toda razón   por la inmensa mayoría, y entre ella, precisamente, el electorado obrero más concienciado. Así que  vegetan sin apenas auditorio los diputados del ala “roja” en los Parlamentos. Y aunque lo tuvieran, la estructura misma del sistema parlamentario oligocrático en que ha derivado el parlamentarismo burgués tradicional, en manos de las multinacionales que lo manejan  como  a marionetas, de poco serviría intentar introducir en ellos por un partido radicalmente antisistema una ideología revolucionaria por muy  avanzada que fuese, pues los supuestos representados, los pueblos, los trabajadores del tipo que sea, los jubilados y amas de casa, los sectores profesionales, los estudiantes, los despedidos, los que buscan su primer empleo, los inmigrantes, los que acabaron las prestaciones sociales, ”los de abajo” no están presentes nunca  como fuerzas decisorias en los partidos que se dicen del pueblo, ni en los Parlamentos que se dicen democráticos. ¿Dónde está su voz? Deberían tomarla ellos mismos, desde luego, pero eso precisa mucha fuerza, mucha convicción, mucha esperanza en la propia  capacidad, mucho altruismo…Y mucha claridad de ideas para poderse organizar de un modo duradero para constituirse en alternativa social. Claridad, convicción, fuerza y altruismo social que parecer tener el llamado Movimiento de Indignados a nivel mundial. Pero tampoco cuenta con el apoyo de las masas, a medio camino entre el hipnotismo, el desencanto y la desesperanza.

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