Un asunto pendiente de interés mundial

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Un asunto pendiente de interés mundial

RETROCESOS ¿HASTA CUÁNDO?

Todos somos conscientes del retroceso continuo de los derechos sociales y las libertades democráticas en Occidente y su deriva hacia estados policíacos. Se nos dice que el terrorismo es culpable, o que la crisis obliga a tomar medidas drásticas, pero sabemos el doble grado de cinismo que tal idea encierra, sin olvidar que el atentar contra los derechos y libertades ciudadanas conseguidas con grandes sacrificios y derramamiento de sangre de los pueblos es un acto de terrorismo de Estado, un terrorismo de la peor especie y del más despreciable cinismo cuando se trata de estados que se auto-titulan democráticos.

Ante el atraco legal del mundo financiero a que estamos siendo sometidos en todos los países europeos con la complicidad de los gobiernos nos hacemos esta pregunta: ¿son evitables las causas que lo provocan? Por los políticos, no, evidentemente, pues son quienes gestionan el atraco, y a nosotros, la población civil, nos caen sus decretazos sin que tengamos nada que ver con esta crisis que es obra de los ricos, sus amos. Sin embargo, el movimiento 15-M ha dado más de una pista (para empezar) de las cosas que se pueden hacer. Basta leer sus reivindicaciones, y estas son tan realistas que no hay más que ver el eco mundial que han alcanzado hasta en los mismos epicentros del terror bancario. Pero esto es solo una llamada de atención a los gobernantes para decir: esto así no lo queremos. Esta no es la democracia que necesitamos tener.

El pueblo tiene derecho a estar en el Parlamento y decirles a los políticos cosas como estas: “Si hay que ahorrar gastos limiten los ingresos de los banqueros, rescaten el dinero público que se les prestó y reclamen intereses, inspeccionen los chanchullos bancarios, pongan límites y tasas a las transacciones financieras. Y en cuanto al mundo empresarial, en caso de despido en empresas solventes o por deslocalización, obliguen a las empresas a mantener a las familias y a pagar las hipotecas de sus trabajadores. Investiguen y desmantelen los paraísos fiscales con la ayuda de la Interpol, controlen los “agujeros negros fiscales”, no den ni un euro a la Iglesia y cóbrenle sus obligaciones fiscales Y pónganse de una vez de parte de los ciudadanos en vez de estar de parte de sus depredadores económicos”. Cosas como estas deberían ser dichas, pero ¿quién debe decirlas sino los portavoces del pueblo que sufre la injusticia? Pero estos no existen en el Parlamento.

Y cuando se reivindican en la calle los derechos atropellados, entonces se carga contra los mensajeros y se hacen oídos sordos a los manifestantes de la voluntad popular usurpada. Pero esa sordera la puede curar la democracia real que es la democracia participativa, la única capaz de llegar tan lejos. Desde luego mucho más que la democracia representativa que tenemos y que vemos hasta dónde ha llegado: hasta cruzar la raya roja.

CUANDO SE CRUZA LA RAYA ROJA

Ha cruzado la raya roja el proceso agresivo del capital financiero con su voracidad inaudita sobre el mundo globalizado por ellos, que con la complicidad de los antidemócratas y serviles gobiernos europeos se ha hecho cargo del poder real, y convertido en una fuerza opresiva que abre más y más la brecha entre clases sociales y entre países pobres y ricos.

Y a la vez que avanza la injusticia avanza el pensamiento conservador y retrógrado. Ahora mismo la gente normal es más conservadora que hace 30 años, y hasta vota conservador por miedo, por apatía y por ignorancia pero no es conservacionista, que sería lo normal, mientras las organizaciones políticas que se llaman conservadoras son simplemente destructoras y creadoras de terrorismo económico y terrorismo militar. Y este miedo de los gobernantes a las respuestas por las injusticias que provocan es por lo que siempre necesitan rodearse de alambradas, guardias y tanques. La democracia real, la democracia del pueblo, no los necesitaría. Ni a ellos, ni a sus partidos políticos ni a sus correas de transmisión sindical.

Aunque resulta evidente la necesidad de controlar a los políticos en todas partes, la colectividad no ha terminado aún de reaccionar ante el alud que está cayendo sobre nuestras cabezas, porque durante años ha sido desarmada moralmente , además de telehipnotizada, engatusada por el consumismo y desengañada por las muchas divisiones existentes en los movimientos alternativos y por la memoria de tantas revoluciones fracasadas, pero ante todo es preciso tomar conciencia de que, aunque fragmentados, los movimientos que se están dan una respuesta social y el mensaje de que es preciso revisar el sistema de funcionamiento democrático y por ello se apuesta en muchas partes por alternativas pacíficas, tranquilas, unitarias y coordinadas donde tengan cabida todos los elementos sociales, morales y espirituales liberadores de la humanidad. Contra este movimiento en germen tenemos toda la organización del Sistema con todo su poder de persuasión, disuasión y represión, nada menos. La criatura que nace lo tiene difícil, pero crecerá sin duda.

LA TAREA PENDIENTE


Es verdad que lo primero que se adquiere cuando no se come o te desalojan de tu vivienda es conciencia social y odio, pero eso no es buena combinación. Es preciso apostar porque los pueblos tengan conciencia solidaria y cooperativa y por que ejerzan su derecho a opinar y decidir su destino libremente, sí, pero la Historia nos ha mostrado con demasiados ejemplos que no basta la conciencia social si no hay conciencia espiritual que conduce a la unidad… Ahora bien: no esperemos que la primera nos la sirvan los políticos, ni la última las Iglesias.

Si no es posible perfeccionar hoy una democracia moribunda, sí que lo es perfeccionar la conciencia personal para que de nuestro trabajo en nosotros mismos liberándonos de egocentrismo y de indiferencia y haciendo surgir en nosotros sentimientos altruistas y actitudes bondadosas surja fácilmente la unidad de acción, la cooperación, la libertad de conciencia, la paz y el respeto personal .Una democracia fuerte será una democracia con ciudadanos de conciencia libre y fuerte y no un estado policiaco llamado democrático como se nos quiere hacer creer. Una democracia fuerte es una democracia en la que los pueblos hablan y deciden desde la conciencia altruista del bien común. Tal objetivo solo es posible desde una revolución espiritual personal llevada a cabo por mayorías que hoy duermen. Para buscar un nexo de partida entre las muchas propuestas espirituales podríamos elegir la famosa Regla de Oro: Lo que quieras que te hagan a ti hazlo tú primero a otros. O en forma negativa: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.

Hay demasiadas cosas en juego en este Planeta cada vez más enfermo ecológica y socialmente que exige como nunca la participación colectiva. Tal vez estamos a las puertas de una de nuestras últimas oportunidades para influir positivamente en los cambios del Planeta y en los cambios de la historia de la humanidad. Pero somos libres para elegir: si queremos, seamos pasivos y miremos para otro lado. Eso evitará, eso así, que veamos el alud que se nos viene encima por el lado contrario, porque el precio de la pasividad es el desastre seguro.

 

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