Las otras caras de lo que llamamos “realidad”

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REALIDAD, ESPIRITUALIDAD Y CIENCIA

Dos  de las más fuertes contradicciones de la ciencia clásica es la de negar el alma mientras por otro lado afirma la existencia del espíritu humano; la de negar a Dios como Creador  y Causa del Universo para  poner en su lugar algo a lo que  llaman “Azar” o “Casualidad”. Niegan, pues,  la Causalidad  Universal y ponen en su lugar la Casualidad, el Azar,  como origen del orden universal  lo que es totalmente anticientífico y un disparate. Estamos de acuerdo que nadie puede demostrar científicamente si Dios existe -tampoco todo lo contrario- y  por tanto tenemos que partir de otras bases para saber sobre la realidad.

  1. 1.      ¿QUÉ  ES LO REAL?

¿Sólo lo demostrable por el método científico, o la realidad escapa al método que pretende expresarla? Muchos  afirman lo primero.

¿Es  cierto, como  se dice muy a menudo, que sólo lo material es real porque a diferencia de lo que se llama “espiritual” puede ser medido  y reproducido a voluntad cuantas veces se desee? Casi los mismos que afirman lo primero afirmarán lo segundo.

¿Será la materia algo distinto de lo que aparenta ser?

En cualquiera de los casos, se supone que para acceder al conocimiento científico, tan interesado por el mundo material, es imprescindible el uso de la razón. Usemos  ,pues, la razón y veamos hasta dónde nos lleva.

2. CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LÍMITES DE LA CIENCIA.

 

El otro supuesto conocimiento, el espiritual,- que suele enfrentarse a la razón,- no tiene validez o no ofrece credibilidad a muchos al no poder ser sometido al método científico, así que se le suele desterrar  al submundo de la “creencia”, conjunto de elementos en los que no se tiene por qué creer racionalmente. La creencia es, pues, irracional, por su naturaleza escurridiza a la razón científica, y considerada  por esta como forma menor del conocimiento.

Cuando Heinsenberg descubrió su famoso Principio de Indeterminación puso al descubierto la influencia del investigador y de sus instrumentos de medición sobre aquello que pretende ser observado y medido. Esto introduce serias dudas acerca de la validez en la  valoración objetiva de los fenómenos que se estudian. Convierte en relativo lo que aspira a ser exacto, que es la pretensión de la Ciencia. Aquí se derrumba otro de los mitos sobre la ciencia por los que esta se consideraba superior al conocimiento espiritual.

Por otro lado, las investigaciones llevadas a cabo por la propia ciencia sobre el mundo de los sentidos y su capacidad de percibir la realidad por los animales y personas confirman la idea de las numerosas formas y niveles de percepción entre animales de distintas especies y de estos con el hombre, así como de los hombres entre sí, lo que impide establecer un principio universal de percepción y convierte a la realidad en escurridiza. Esto vuelve a poner en cuestión la validez real de los datos que se obtienen por unos y otros- seres que perciben diferente, tanto como los propios  investigadores – a la hora de hacerse una imagen mental de la realidad exterior y poder incorporarla a su vida.

Lo dicho nos sitúa un poco en el terreno de lo que pretende este trabajo.

  1. 3.      LA INTUICIÓN, CONOCIMIENTO NO DISCURSIVO

La teoría de la relatividad de  Einstein surge por una intuición poética de tipo espiritual que él mismo confiesa, no nace del discurso ni de la experimentación de ningún tipo, sino de una “creencia” al decir de un científico ortodoxo. Mas esa teoría, nacida de tan poco fiable fuente ha transformado la ciencia y gran parte del mundo moderno hasta el punto de que ni se han agotado las posibilidades de investigación abiertas por ella ni hemos sido  capaces como humanidad de alcanzar a incorporar a  nuestros hábitos mentales la filosofía que se deduce de la aplicación de la teoría de la relatividad o, posteriormente, de la física cuántica, tan relacionadas entre sí

Cuando Mozart compone a los cuatro años lo hace por el mismo sistema que Einstein: la intuición. Igual sucede con la obra de  cualquier artista que, en resumidas cuentas, intenta expresar estados de conciencia más allá de la mente, buscando, por ejemplo, la armonía.

Ahora bien: tanto la relatividad como la armonía existían previamente. Sólo se necesitaba que alguien las descubriese y expresase.

Lo mismo puede decirse de otros grandes inventos e ideas en muy diversos campos, nacidas de intuiciones, de súbitos encuentros con una realidad subyacente a la realidad material y al mundo de la mente intelectual y los sentidos.

 

  1. 4.      INFLUENCIA DE LO INVISIBLE SOBRE LO MATERIAL.
                                                

Sin embargo, a pesar de que esos impulsos son catalogados por la ciencia como irracionales, y nacidos de misteriosos ámbitos en los que no es preciso creer, por no ser del dominio de la ciencia, los científicos y muchos de los seguidores del materialismo más estricto no dudan en recoger esas “iluminaciones” y aprovecharlas para comprender la realidad y sacar provecho de ello. Ahí tenemos actuando a una parte de la realidad –la que se alcanza desde la mente lógica – intentado aplicar – a través del trabajo científico-lo que proviene del lado invisible de la realidad: la realidad metafísica catalogada como irracional, pero declarada útil. El resultado de este encuentro evidencia que entre ambas no hay oposición, sino concordancia, y que ambas se necesitan en este mundo terrenal para poder expresarse.

El hecho, pues, de que una parte de la realidad no haya sido descubierta no quiere decir que no exista, y esto es aplicable a cualquier reflexión sobre Dios o los mundos del “Más Allá”, los cuales muchos científicos, intelectuales y filósofos se atreven a negar categóricamente contraviniendo las leyes de la lógica de la que se consideran paladines.

La intuición de un místico para alcanzar estados de conciencia superiores a los ordinarios,  así como los aprendizajes que recibe un meditador a través de su experiencia interior no dejan de ser al menos tan válidos como las experiencias de Einstein o de Mozart, por seguir con esos ejemplos contrapuestos en apariencia.

Consideramos entonces que existen realidades no materiales pero que a veces se manifiestan y a veces no.  Las emociones, por ejemplo, pertenecerían a este campo, así como las sensaciones, pensamientos o ideas. Y como todas estas fuerzas son de frecuencia energética más elevada que la materia la pueden modificar. Por ejemplo, sanando o enfermando nuestros cuerpos materiales.

 

La influencia de estas realidades no materiales sobre la propia materia son de tal grado y naturaleza que son capaces de transformarla, haciendo visibles al mundo exterior, por medio de objetos concretos, los contenidos de esas realidades interiores llamadas pensamientos, sensaciones, sentimientos o ideas, que son manifestaciones, en cada caso, del alma individual, de nuestro proveedor inmediato de energía corporal Así cualquier cosa que podamos observar a nuestro alrededor es la manifestación de uno de esas realidades interiores, convertida en objeto material: un poema, un edificio, un objeto cualquiera. Todo cuanto este mundo contiene está hecho a imagen y semejanza de nuestros pensamientos y contenidos de conciencia, que tienen una secreta conexión –por la ley de atracción de lo semejante- con emociones y pensamientos de otros, estén en este mundo o no. En este último caso se habla de influencias, posesiones, etc. que son posibles por esa razón, ya que ninguna energía se pierde y cada una busca conectarse con energías afines, lo cual es aceptado por la ciencia clásica y con más razón por la física contemporánea, cada vez más próxima al pensamiento espiritual y místico de todos los tiempos.

Creo sinceramente que existe un déficit de atención en estos terrenos en el movimiento social y político alternativo, que se ha quedado anclado en las ideas sobre la naturaleza expuestas por personalidades científicas de hace dos siglos que desconocían lo que la ciencia sabe ahora sobre esos temas. Me refiero a gentes como Descartes, Newton, Darwin, Marx, y tantos otros. Es preciso revisar paradigmas científicos ya anticuados para promover cambios de conciencia desde la conciencia social a la conciencia espiritual universal; desde el intelecto al corazón; desde la razón a la intuición. Estas son herramientas para el verdadero cambio si se aplican convenientemente según las leyes espirituales divinas. Y eso es cosa de cada uno, no de una religión ni de un partido político. Porque hasta que cada uno no haga ese cambio estamos condenados a repetir los mismos errores y sufrimientos.

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