Cooperación a la baja

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Alrededor de 900 millones de euros menos destinará el gobierno español a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), según las estimaciones de las ONG de este país. La cifra quedaría lejos del 0,7% del PIB que reclaman las organizaciones de la sociedad civil desde hace ya casi 20 años. Y el de los presupuestos de 2012, no es el único recorte que ha sufrido la AOD. “Desde 2010, cuando empezaron los recortes, la reducción para la AOD ha sido de un 40%”, explican desde Intermón Oxfam.

Parece lógico que una época de grave crisis, como la actual, y cuando se producen recortes en todos los ámbitos y carteras: salarios de funcionarios, sanidad, educación, investigación… la cooperación internacional se resienta. Sin embargo, la cooperación al desarrollo es un valor que necesita de inversiones constantes porque lo que está en juego es la vida de millones de personas. Es cierto que la situación de España, de los países europeos y de los ricos, en general, no pasa por sus mejores momentos. Pero si es así en estos países de riquezas, el sufrimiento de los pueblos de los países que antes de la crisis no tenían nada aumenta por mil.

“Es injusto que sean precisamente las personas más vulnerables quienes más tengan que pagar esta crisis; los fondos destinados a cooperación son los que mayores recortes han sufrido (sólo superados por los realizados en infraestructuras)”, explican desde la Coordinadora de ONG de Desarrollo (Congde), que agrupa a más de 400 organizaciones españolas.

Las organizaciones de la sociedad civil no creen que sea una buena estrategia disminuir las ayudas en estos momentos en los que se estaban viendo los primeros avances en la lucha contra la pobreza. Los efectos de la disminución de la ayuda internacional se harán notar pronto y se habrá tirado a la basura años de duro trabajo de profesionales, organizaciones y gobiernos de todo el mundo. Países de Latinoamérica, Asia y África han conseguido, gracias al trabajo de cooperación, mejoras en los niveles de educación y acceso a la salud. Por ejemplo, desde el año 2000, cuando se firman los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el número de niños sin escolarizar se ha reducido en 33 millones. Así, de 100 millones niños sin escuela, hoy son 67.

Las sociedades, en general, son solidarias. Sólo hace falta mirar las respuestas a los grandes desastres naturales, como el tsunami, o las emergencias internacionales, como la del Cuerno de África. En España, el 74% de la población apoya que se siga destinando dinero de los presupuestos generales a la cooperación internacional e, incluso, más de la mitad quiere que España destine 0,7% del PIB a esta actividad. Además, más de dos millones de españoles ayudan con su tiempo o su dinero a organizaciones de cooperación al desarrollo. Sin embargo, estos “deseos” de los ciudadanos no se ven respaldados, como ocurre en otras ocasiones, por las decisiones de sus gobiernos.

La estrategia del “sálvese quien pueda” no parece ser la mejor. La crisis no puede acabar con años de trabajo y esfuerzo, pero tampoco con un planeta en el que sigan aumentando la pobreza y la desigualdad. Aunque sea con una mirada egoísta, es mejor ayudar a arreglar el jardín del vecino que vivir con la suciedad y la miseria justo al lado. Así, lo han entendido países, como Francia, Alemania, Reino Unido o Portugal que han mantenido o aumentando el presupuesto destinado al desarrollo.

La cooperación al desarrollo es una herramienta indispensable para superar la pobreza y la desigualdad. No es una elección para gastar lo que sobra. Es una obligación, es cuestión de justicia.

Ana Muñoz Álvarez

Periodista

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