Sociopolítica

Aquellas viejas banderas

La Guerra Civil es el acontecimiento más triste, cruel e infame de nuestra historia reciente. Cientos de miles de españoles murieron en dicha contienda. Otros tantos se vieron cautivos, resultaron heridos o fueron torturados durante aquellos larguísimos tres años. Como en cualquier guerra, hubo víctimas y verdugos por ambos bandos. Como en cualquier guerra, hubo héroes y canallas a diestro y siniestro -nunca mejor dicho-. Como en cualquier guerra, hubo vencedores y vencidos.

Las mayores atrocidades tuvieron lugar en el 36. Los nacionales perpetraron una auténtica masacre en Badajoz, en cuyo coso taurino asesinaron una noche de verano a más de dos mil personas. Los republicanos, en concreto los comunistas, liquidaron a un número similar de españoles en Paracuellos del Jarama durante el otoño.

El pastor protestante Atilano Coco había sido encarcelado en la Prisión Provincial de Salamanca a finales de julio. Tras varios meses de cautiverio fue fusilado sin juicio previo y sin saber de qué delito se le acusaba. De nada sirvieron las esmeradas gestiones que en favor de su causa había emprendido su buen amigo Miguel de Unamuno. Si no escucharon los sublevados al insigne escritor ni siquiera antes de su sonado enfrentamiento con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, menos aún lo iban a hacer después del hecho que puso fin a su rectorado.

El cura Sotero, párroco de la iglesia de El Carmen de Murcia, había sido fusilado en el mes de septiembre. Su cadáver desnudo fue arrastrado desde la cárcel hasta su parroquia, situada en el otro extremo de la ciudad. A lo largo del camino lo ultrajaron y mutilaron ferozmente. Y para regocijo de una turba endemoniada, aquel despojo de carne, vísceras y sangre en que quedó convertido el sacerdote fue colgado ante la fachada de su querido templo carmelitano.

El caso del aviador Chang Sellés -su nombre real era José Sellés Ogino- se puede exponer como certera y terrible metáfora de la mismísima España. Fue piloto durante la República y la Guerra, participando en batallas como la del Jarama. En el 37 los comunistas rusos lo acusaron sin pruebas de espionaje, lo que le costó su salida de las filas republicanas y ser torturado en una cheka de Valencia. Al concluir la contienda fue de nuevo objeto de torturas, esta vez a manos de las fuerzas represoras del franquismo. Primero fue víctima del odio comunista, como España. Después lo fue del odio fascista, como España. Pero finalmente sobrevivió a ambos, como España. Al igual que los bellísimos compases del célebre pasadoble, una historia como la suya es capaz de arrancar suspiros a los españoles de una u otra orilla.

Maldita sea aquella guerra fratricida y benditos los que se han esforzado y se esfuerzan para que  nunca más se repita. Y quienes todavía hoy sacan a pasear aquellas viejas banderas, ya sea la de la franja morada o la rojigualda con el escudo sobre el águila de San Juan,  demuestran no  ser otra cosa que unos completos ignorantes o unos perfectos canallas.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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