Sociopolítica

Joven parado: ¿cura, soldado o exiliado laboral?

El catolicismo español siempre nos sorprende, y no precisamente por su cristianismo, a pesar de considerarse poseedor del monopolio de la verdad cristiana. Si con el gobierno anterior los obispos (algo insólito en el mundo) salían con pancartas a favor de los derechos de la infancia, poco después nos enteramos de los miles de abusos sexuales a monaguillos en Norteamérica, Irlanda, Alemania y otros países europeos.

Y ahora que mucha gente creía que la católica España estaba a punto de librarse de toda sospecha comenzamos a enterarnos de numerosos casos de niños robados en clínicas bajo la tutela de la Iglesia, y hoy es detenida una monja que desde los años cuarenta a los ochenta estuvo haciendo el repugnante –y lucrativo- negocio de vender hijos recién nacidos de madres humildes- y sin consentimiento de las mismas- a familias que podían pagarlos. Además existe el dato curioso de que esta monja fue nombrada hija adoptiva de Valencia y que la Justicia valenciana, a instancias de su gobierno, se negó todo el tiempo que pudo a investigar las denuncias contra tan buena hija de la ciudad hasta hoy, que la fiscalía de Madrid la ha denunciado al juez y ha sido detenida. ¿Será este el principio del hilo de una enorme madeja del que habría que seguir tirando hasta poner al descubierto otra de las redes de corrupción moral y legal, otra de las caras trágicas de la memoria histórica? ¿O pasará como con esa misma Ley? La solución mañana, pero no nos hagamos muchas ilusiones sobre cuántos médicos, secretarios judiciales y gentes de iglesia de esta católica España van a salir tirando del hilo de la verdad.

Pero hoy es noticia la Iglesia por otra razón: busca personal para contrato definitivo, y parece ser la única empresa que lo hace en todo el país, donde o no se contrata, o se contrata por poco tiempo, o no se cobra a tiempo, o se cobra mal, o va a la calle cualquiera porque dice esto mismo o porque no le cae simpático al jefe.

Pero en el caso de la Iglesia, se trata de dar un servicio al obispo y este al arzobispo, que a su vez al cardenal y por último al Papa. Pero ¿a quién sirven todos ellos finalmente? Cada cual que se responda a la vista de los resultados de la Institución católica, pues por sus frutos los conocemos.

Y ya hace rato que los conocemos.

NOS COGIÓ DE SORPRESA

Lo que no podíamos prever es que íbamos a volver a los años sesenta y que otra vez muchos jóvenes se verían obligados a emigrar, y precisamente los mejor preparados… Lo que no podíamos prever era que un joven con menos preparación y tal vez pacifista se viera sin trabajo, o a su familia en la miseria y se planteara por ello el conflicto de si dejar a un lado su pacifismo y enrolarse en los uniformados  o en los curas.

Espero que no escoja la opción trágica.

Parece muy grave  el caso del joven que ante el reclamo de un trabajo seguro que le ofrece la Iglesia, “se meta a cura”, sin vocación. ¡Qué gran  responsabilidad para sí y para sus mentores y pagadores, que no saben cómo sortear el bache de descrédito que les supone tanta violación de monaguillos, tanto apoyar a gobiernos fascistas y políticos conservadores; tanto callar ante tanto crimen contra los pobres del mundo y ante tantas guerras que promueven los ricos, y tanto nadar en la riqueza principesca del Vaticano indiferentes los jerarcas católicos a la pobreza de los más de mil millones de sus hermanos. Y muchas cosas más. Y esta Iglesia usurpadora del nombre de Cristo le ofrece a los jóvenes un trabajo (aunque ya habíamos quedado que trabajo es producir riqueza) y dicen que una vida llena de aventuras. ¿La de perder su alma?

LA HISTORIA SE REPITE PERO CAMBIAN LOS DECORADOS

Ya no hay tercios de Flandes, pero hay Afganistán y los que están en puertas. Ya no hay que cristianizar infieles a la fuerza ni a los indígenas ni a los rojos. Y a pesar de que España se define oficialmente como país católico, aquí los que dicen serlo bautizan a sus hijos, los llevan a la primera comunión, les apadrinan en sus bodas, y entre todos estos periodos de tiempo se asiste a algún entierro y se participa en alguna procesión. Y eso es todo. Eso será catolicismo pero no cristianismo; eso será cosa de algunos pero no de bastantes como para justificar una casilla en la Declaración de la Renta. Pero como este catolicismo de los españoles es masivamente de escaparate para la Iglesia y para los gobiernos del país que la sirven -da igual cómo se llamen- y de asistencia en horas punta de sus vidas y de sus muertes, las parroquias se usan poco, se vacían de gentes y dicen los obispos que faltan curas. Sospechosa contradicción, pero a la hora de pedir ayuda al gobierno manejando números de personal laboral ¿qué mejor ocasión histórica que esta, de crisis económica profunda que trae la sombra de la Edad Media, en que la juventud sin trabajo y sin futuro es presa fácil para convertirse en carne de cañón al servicio de su rey o en cura sin vocación al servicio de las fuerzas oscuras?

LA SOMBRA DE LA EDAD MEDIA

También ahora el ejército pide voluntarios con trabajo seguro.

¿Pero es que en España no se habían superado ya estas etapas históricas? ¿No se suprimió el servicio militar obligatorio ante la cantidad de jóvenes que lo rechazaban? ¿No ha ido decayendo la Iglesia ante la cantidad de gente que abría los ojos y pasaba de los curas? Motivos había para ambas posturas. El servicio militar es un conjunto de actividades contrarias a toda idea de bondad, de individuos y máquinas entrenados para matar y dirigidas por una organización piramidal y autoritaria como ninguna,- a excepción de la Iglesia- donde el que más galones o estrellas suma tiene poder sobre los que no tienen nada o poco de eso mismo, y donde se obedecen ciegamente órdenes indiscutibles bajo severos castigos. Lo más parecido a la esclavitud, vamos. Y para un soldado, el código de leyes militares está por encima de las leyes de Dios, por eso mata si se le ordena. Sin embargo, los españoles ya habíamos probado mucho rancho obligatorio en la era de Franco y con la democracia dijimos que preferíamos comer a la carta y vestir de normal.

Pero eso, como los derechos sociales y laborales también parece retroceder en la máquina del tiempo y vamos camino de la Edad Media o algo semejante.

De momento los señores son los mismos: los ricos, la Iglesia y las milicias que les sirven.

Seremos capaces de controlar alguna vez la máquina del tiempo, que no es otra que la que marca la hora de nuestras vidas?

 

 

 

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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