La reforma

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La R.A.E. tiene cuatro definiciones para esta palabra que está en boca de todos, últimamente. Escojo la segunda que dice: Aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo”.  Se entiende que: PARA TODOS.

Inmediatamente, me pregunto: ¿Innovación y mejora en algo? Sí, pero para algunos. Solo algunas cuestiones porque esta supuesta reforma  tiene mucha tela que cortar.

¿Es una innovación o mejora en algo una reducción en el despido improcedente de 45 a 33 días? Sí. Es una mejora para el empresario.

¿Es una innovación o mejora en algo el despido por causas económicas sin necesidad de pérdidas ya que solo es suficiente una disminución persistente en ingresos durante tres trimestres consecutivos? Síi. Es una mejora para el empresario puesto que puede tranquilamente ocultar ingresos dando paso a más economía sumergida teniendo el camino allanado para despedir.

¿Es una innovación o mejora en algo modificar el salario y por extensión las condiciones de trabajo bajo un criterio unilateral? Sí. Es una mejora porque ese criterio es el del empresario.

¿Es una innovación o mejora en algo despedir al trabajador por estar nueve días de baja, incluso justificadas? Sí, claro porque eso de ponerse enfermo es una tontería. Total.

No voy a seguir preguntando pues con las muestras me basta y sobra. En mi opinión, si ya el empresario tenía la sartén por el mango como por ejemplo, dejar de pagar dos meses consecutivos al que le está sacando las castañas del fuego (trabajador), ahora, con esta normativa, va a tener el aceite y el mechero para dejar bien fritos a sus esclavos. Me ahorro ya de entrada el término trabajador porque hasta eso, se ha perdido.

Y como esto no es ni innovación ni mejora (digo yo) para el más débil, ni para el que más curra (el que tiene que llegar puntual, el que tiene que implicarse con el proyecto empresarial como si fuera propio, el que tiene que trabajar más horas, sea sábado, domingo, días de fiesta, etc) ¿a qué se puede recurrir para como mínimo, opinar?

Pues, a otro derecho que también, y por lo oído, lo quieren eliminar: una huelga. Oiga pues sí. ¿Tampoco se puede parar un día, como un viernes santo cualquiera, para simplemente decirle al gobierno que no estoy de acuerdo? ¿No puedo? Entonces ¿cuándo voy a poder expresarme? Ahhhh…que tampoco puedo. O sea, que me está diciendo que calladito estoy mejor. Claro, es que ya voy entendiendo el término de innovar y mejorar algo.

Pues mira por donde, yo sí que voy a parar tan sólo por solidaridad, sobre todo, con quienes están trabajando por cuenta ajena. Y porque antes de ser mi propio jefe, fui empleado durante treinta años. Y voy a parar porque estas medidas me parecen totalmente injustas, porque son inhumanas y pertenecientes a épocas supuestamente superadas, beneficiando únicamente al que, de acuerdo, pone el capital pero no es el que produce, no es el que saca el trabajo diario, no es el que suda, no es el que genera beneficio, no es el que se sacrifica el fin de semana, ni el que se lleva trabajo a casa y, por supuesto, ni el que más cobra. Y ahora menos. Todo eso, salvando honrosas excepciones.

En cuanto a los que imponen por decreto ley y por mayoría absoluta estas medidas, pues era de esperar. Dicen que en ese lado está la “pasta”. A los de este otro, nos toca decir la famosa frase: A llorar al valle y a esperar que caigan las migajas. Lo malo es que, como siempre, pagan justos por pecadores.

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